III Domingo del Tiempo Ordinario

III Domingo del Tiempo Ordinario

Mon, 18 Jan 21 Lectio Divina - Year B

Comienza este Domingo la Lectura semicontinua del Evangelio según San Marcos, proprio de año B. En Galilea proclama Jesús por primera vez los esencial de su mensaje: la llagada del Reino de Dios y la necesidad de convertirse; llama también a los primeros discípulos junto al lago de Genezaret. La palabra de Dios puede ser creída sin necesidad de signos prodigiosos, gracias al don de la fe, como ocurrió en Nínive con la invitación de Jonás invitando a la penitencia.

El reino de Dios ha sido inaugurado por Jesús. La Buena Noticia de que existe un Dios Padre dispuesto a acoger a todos se ha hecho presencia y encarnación en su persona. Y Jesús convoca a los primeros trabajadores por el Reino, porque el Reino se fragua en comunidad.. Es su mirada la que elige ("vio"), son sus palabras las que tienen autoridad ("Seguidme"), es Él quien señala la misión ("Pescadores de hombres"). A los llamados les toca decidir, apostar por una vida distinta referida a Él. El encontrado/a se siente llamado/a a un cambio de estructuras, comprende que es posible un mundo en el que vayan coincidiendo filiación y fraternidad. "Y lo siguieron" buscando por encima de la profesión el servicio al hijo/a de Dios, a la humanidad libre. Llama para proponer un proyecto de vida en que los otros, los necesitados, son los importantes.

Oración inicial
Señor, enséñame a escuchar tu Palabra, enséñame a buscar y a acoger tu presencia en los hechos de la vida. Que yo sepa crear espacios y momentos de silencio y esté así con gozo en tu compañía. Que todo calle dentro de mí para poder oír el eco de tu voz y de tu presencia. Y que tú seas en mí una luz que ilumina, un fuego que calienta y un viento que todo lo espabila.

Contexto
El texto constituye el inicio de la primera parte del evangelio de Marcos centrada en la revelación progresiva del mesianismo de Jesús. El fragmento está formado por un sumario de la predicación del evangelio por parte de Jesús (v. 14-15), y la llamada de los primeros discípulos (v. 16-20).
La predicación inicial de Jesús se centra en el anuncio de la buena noticia o “evangelio” de Dios que contiene cuatro núcleos: el cumplimiento del tiempo, el carácter inmediato del Reino de Dios, la llamada a la conversión, y la llamada a la fe o aceptación personal de esta buena noticia.
El cumplimiento del tiempo hay que entenderlo en una perspectiva cualitativa: ha llegado el momento de la actuación salvadora de Dios en la historia humana. El Reino de Dios se refiere a Dios mismo y a la salvación que nos trae por Jesucristo. La conversión y la fe son necesarias para acoger esta salvación en nuestra vida y vivirla en consecuencia a sus exigencias.
Simón y su hermano, Santiago y Juan son ejemplos de personas que, ante la invitación de Jesús, lo dejan todo, cambian de vida y se hacen discípulos suyos, acompañándolo en su caminar por las poblaciones de Galilea.

Estructura del texto
– Un primer aspecto que nos puede ayudar para la reflexión, es que Jesús comienza su predicación no en un momento cualquiera, sino “después que Juan fue arrestado”, por tanto, bajo el signo de la entrega y la persecución.

Ministerio de Jesús en Galilea
El lugar escogido para empezar no es el Templo, o la ciudad de Jerusalén, que eran los lugares sagrados en donde Dios habitaba. Jesús comienza en Galilea, que, como sabemos, es un lugar muy próximo a los paganos, que sería lo mismo que decir que inicia su ministerio en medio de los problemas reales del mundo, entre conflictos, problemas y contradicciones de la vida. La cuestión de Dios no se juega sólo en los lugares sagrados, sino en medio del mundo y de la vida concreta de cada persona.
Recordemos que al final del Evangelio de Marcos (Mc 16, 7), después de encontrar el sepulcro vacío, el ángel dirá a las mujeres: “id a Galilea y allí lo veréis”.

Jesús anuncia el Reino
Jesús comienza su predicación anunciando que el tiempo de espera ha terminado (recordemos que los Judíos esperaban que vendría un Mesías para liberar a su pueblo).
El Reino está cerca, es decir, que es posible un mundo nuevo, donde toda persona, también los marginados, los cojos, los enfermos, sean imagen de Dios, sean tratados como personas y como hijos/as de Dios.
Pero el pueblo esperaba un Mesías que vendría glorioso, en medio de ángeles, truenos, relámpagos y trompetas celestiales, y Jesús pide algo diferente. Dios y a ha enviado el Reino, ¡ya está aquí! Por lo tanto, no lo hemos de esperar en medio de hechos extraordinarios, sino que nos hemos de preparar para dejarlo entrar, con la propia conversión. Y convertirnos no es cambiar alguna cosa, sino cambiar radicalmente, tomar otro camino, cambiar las propias actitudes. ¡Hemos de creerlo!

Jesús llama a sus primeros Discípulos
Como vemos, Jesús no ha escogido a sacerdotes o fariseos, sino que ha escogido a unos humildes trabajadores para que colaboren en su misión. El texto es muy esquemático, pero llama la atención la belleza de la escena: el lago, las barcas, los pescadores con su padre...
Probablemente, la anexión de estos pescadores a Jesús debió ser progresiva y compleja, pero el texto quiere resaltar que lo dejaron todo para seguir a Jesús, incluso la barca y las redes que era lo que les aseguraba el alimento, lo que les aseguraba la vida.
Ante la noticia de la llegada y la cercanía de Dios, Jesús comienza a formar una comunidad, primero escoge a unos pescadores, después llamará a más gente. Ellos dejan su vida y se arriesgan a seguirlo sin saber dónde les llevará. Han aceptado su mensaje, han sentido palpitar en su interior el Reino de Dios y su amor, y deciden lanzarse a la aventura con Jesús.
El evangelio de hoy nos invita también a nosotros a revisar nuestras prioridades; cuando estemos convencidos de que el Reino de Dios está realmente cerca de nosotros, nos será fácil arriesgarlo todo por seguir a Jesús. ¿Cómo? Cada uno tiene su respuesta. Jesús no llama a todos a ser misioneros en países distantes; cada uno de nosotros tiene una misión fundamental, tanto si abandona su tierra como si se queda en ella. Lo que es común a todas las llamadas es la opción convencida por Jesús.

¿Qué le dices tú a Dios?
Da gracias por el testimonio de tantas personas comprometidas, según el estilo de Juan Bautista.
Reconoce que Él es para ti buena noticia que ensancha el corazón y te hace venir ganas de acogerla.
Toma conciencia de que estás viviendo el tiempo definitivo, situaciones irrepetibles.
Háblale de tus dificultades para afrontar la conversión, a pesar de que sabes que Él siempre está esperando.
Pídele que te afine el oído parar escuchar la llamada de Jesús a seguirlo. Que te abra los ojos para percibir su mirada sobre ti.

Acción de gracias
Da gracias a Dios por el conocimiento que te ha revelado en Jesucristo. Pide al Espíritu que te haga pasar de esta Escritura a la vida.