Santísima Trinidad

Santísima Trinidad

Wed, 26 May 21 Lectio Divina - Year B

Apenas hemos celebrado la venida del Espíritu Santo, e inmediatamente hemos reiniciado litúrgicamente, el Tiempo Ordinario,  que concluiremos el sábado anterior al I Domingo del Adviento.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: así empieza y termina la Santa Misa y el Oficio divino y se confieren los Sacramentos. Igualmente a los Salmos sigue el Gloria al Padre...; los himnos tradicionales acaban con la doxología y las oraciones con una conclusión en honor a las Tres Divinas Personas. 
El misterio de la Trinidad es la síntesis de nuestra fe cristiana y del Año litúrgico.

¿Qué dicen los textos?
Para adentrarnos un poco a la liturgia que nos propone la Iglesia para este domingo en el cual nos encontramos con la solemnidad de la Santísima Trinidad, con la que iniciamos el tiempo litúrgico ordinario, vamos mirando cada lectura con una pequeña mirada:
La primera lectura del Deuteronomio nos relata la grandeza de Dios, su fuerza, su poder, con el cual rescató a su pueblo de Egipto. El autor quiere mostrar todo lo que Él ha hecho desde los orígenes del hombre y quiere que quien medite y contemple esta lectura se estremezca al darse cuenta de la obra tan maravillosa que ha hecho Dios Padre por sus creaturas, que las ha amado desde siempre y ha estado ahí para cada una de ellas. 
El Salmo, nos muestra la alabanza de un pueblo hacia Dios que es grande y que todo lo ha hecho perfecto; y su verdad resplandece en todas sus acciones, ya que Él es el único que conoce cada corazón, porque Él lo creo, conoce todo, pues su amor vela en cada uno de nosotros, y de esta manera como el salmista podríamos decir: “Venga, Señor, tu Amor sobre nosotros, como en ti pusimos nuestra confianza”.
La segunda lectura, de Romanos, nos habla del Espíritu como nuestra guía, que nos impulsa a ser hijos y llamar a Dios Padre; y de esa misma manera ser herederos con Cristo, pues como lo dice la lectura, si hemos sufrido con El, también estaremos en la gloria con El.
El Evangelio de este domingo es tomado del último capítulo de Mateo y se encuentra en el contexto de la resurrección.

El texto bíblico comienza con la invitación del Maestro a sus discípulos, para que suban a Galilea, al monte que Él les había indicado para un encuentro y un envió. El monte es el lugar donde se conectan los corazones y los sentimientos más profundos con el Señor; es donde se da esa realidad de verse cara a cara sin apariencias, es la parte más propicia para recibir gracias y dar nuestras vidas al servicio.
En el evangelio de Mateo el término discípulo tiene una gran importancia. A lo largo del evangelio lo encontramos en varias oportunidades más que en los otros evangelios, pues ya existían discípulos de otros maestros, como los discípulos de Juan el Bautista o como Pablo que era discípulo de Gamaliel, pues ser discípulo es seguir al maestro, ahora estos discípulos de Cristo deben configurase al Maestro de maestros.
La misión encomendada por Jesús los hace salir de ellos mismos para que de esta manera den a conocer al Maestro y lleven a cabo la obra de dar a otros lo que ellos han recibido y de hacer más discípulos para seguir llevando con amor y entrega lo dado gratuitamente por Dios.  
El evangelio nos dice que todavía sus discípulos dudan, pero Jesús se acerca y les habla; de esta manera los envía no solo a predicar la Buena Nueva, sino a Bautizar, y no solo en su nombre, sino en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. “El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la "jerarquía de las verdades de fe" (DCG 43). "Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela a los hombres, los aparta del pecado y los reconcilia y une consigo" (DCG 47). (CIC 234)
El origen eterno del Espíritu se revela en su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los Apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre (cf. Jn 14,26; 15,26; 16,14). El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús (cf. Jn 7,39), revela en plenitud el misterio de la Santa Trinidad. (CIC 244).

Dios no es solo trinitario en su vida íntima, también lo es en sus relaciones con los hombres: Dios Padre nos creó a su imagen y semejanza;Dios Hijo nos redimió; Dios Espíritu nos santifica. Esto se realiza con la venida del Espíritu santo a nuestras almas (Kairós, ciclo B).
La Santísima Trinidad nos hace presente la verdadera comunión en donde, con diferencias, podemos formar un solo corazón y de donde se despliega e irradia el amor y la entrega a la misión, con total generosidad y entrega de la voluntad, como lo vivieron los apóstoles que en lo profundo de su ser resplandecía el fuego del amor de Cristo y el deseo de hacerlo conocer, hacerlo vivir en cada vida de aquellos a los que exponían la fe, con celo y como lo expresa San Pablo, en esta expresión:  “No vivo yo, es Cristo que vive en mi”. De igual manera digamos: “No vivo yo, es la Trinidad en sus tres Personas  distintas, con misiones diferentes, pero que son una sola esencia, que habita en mi”.
 Para finalizar ,Jesús hace una promesa, podríamos decirlo así: de quedarse con nosotros hasta el fin del mundo.

Reconstruyamos el texto para profundizarlo más:
¿Cómo empieza el evangelio? 
¿Cuál es la actitud de los discípulos?
¿Cuál es la actitud de Jesús?¿Cuáles son las primeras palabras que pronuncia Jesús?
¿Qué misión da el Maestro a sus discípulos?
¿En nombre de quien los envía a bautizar?
¿Cuál es la promesa que Jesús ofrece?
¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Reflexionemos sobre algunos aspectos respondiéndonos:
¿Cuál es mi disponibilidad para la misión que me ha encomendado el Señor, en mi opción personal?
¿Cuál es mi actitud cuando estoy en presencia del Señor, cuando estoy en el templo o en algún lugar sagrado?
¿Soy consciente a diario, en los momentos de gozo o de tristeza, que Él está con nosotros siempre, como nos lo dijo en el evangelio?

¿Qué le digo o decimos a Dios?
Hagamos esta oración como nuestra, pero si desde nuestro corazón brota otra oración, hagámosla, ya que es el Espíritu santo que la suscita como la forma más sensible de nuestro interior, como respuesta al gran don de su palabra y de su amor misericordioso.
«Dios mío, Trinidad que adoro, ayúdame a olvidarme enteramente de mí mismo para establecerme en ti, inmóvil y apacible como si mi alma estuviera ya en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de ti, mi inmutable, sino que cada minuto me lleve más lejos en la profundidad de tu Misterio. Pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada amada y el lugar de tu reposo. Que yo no te deje jamás solo en ella, sino que yo esté allí enteramente, totalmente despierta en mi fe, en adoración, entregada sin reservas a tu acción creadora» (Beata Isabel de la Trinidad, Oración)

¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?
Tomamos una de las frases que más nos llegó al corazón y, en silencio, contemplamos lo que quiere decir para nuestra vida.
“Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin de la historia”.

¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

En esta semana pienso en una acción concreta, reflexionando sobre mi acción misionera y sobre la unidad de la Santísima Trinidad.

  • Como contribuyo yo, a esa gran misión de hacer discípulos, de dar a conocer la fe en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu santo.
  • También interiorizar más sobre el misterio de amor de la Santísima Trinidad y como lo puedo hacer vida y acción en mi vida cotidiana.