II Domingo de Cuaresma

II Domingo de Cuaresma

Sun, 01 Mar 20 Lectio Divina - Year A

Este segundo Domingo de Cuaresma, se nos invita a meditar en el momento culminante de la revelación de Jesús en la transfiguración. Jesús acompañado de tres apóstoles sube al monte y se transfigura delante de ellos; en este pasaje podemos ver una anticipación de lo que ocurrirá el día de la Pascua.
Este texto bíblico, rico en palabras, gestos, lugar, personajes, lo afrontaré mediante tres verbos, que agilizan nuestra meditación: Salir(subir), Ver, Levantar, dando chispas para la reflexión personal.

Salir
Vemos en la primera lectura el icono clásico de la llamada vocacional y de las implicaciones del «Salir de nuestra tierra». Abraham sale de su casa, de su tierra y apuesta sin lugar a dudas a un Dios que le hace una promesa, deja su seguridad, su familia y su lugar de origen. Un hombre que no es un adolescente, sino un anciano que sabe lo que es construir una vida, lo que es hacer frente al mundo y a sus dificultades, sin embargo y sin tantos cálculos, Abraham apuesta por ese Dios de la promesa.
La cuaresma la podemos observar como el tiempo de la salida de nosotros mismos, de caminar por el sendero de la plenitud, sin atajos como nuestros primeros padres. La cuaresma es el tiempo de salir de mí a contemplar la belleza de Dios. El camino cuaresmal es un ir hacia Dios, mas que hacer sacrificios.

Ver
Con este verbo quiero expresar la percepción humana de los apóstoles, que vieron y escucharon la experiencia de la  teofanía  en el Tabor, es decir, Juan, Santiago y Pedro participan con toda su persona. La palabra que usa Mateo para expresar la transfiguración de Jesús, es el termino griego «metamorfosis» ¿Qué habrá cambiado en el Tabor? No es solo la apariencia de Jesús que cambia de una forma que los evangelistas no logran expresar, es también la forma de mirar y de ver a Jesús, es decir, la mirada de los apóstoles cambia. ¿Por qué? Porque ha cambiado su corazón. La transfiguración hace que también el corazón de los apóstoles sufra una «metamorfosis»,  o con otra expresión, una conversión.  Misma que preparara a los apóstoles a la misión que después cada uno estará llamado a dar testimonio del maestro: Santiago un testimonio martirial; Juan a un testimonio escrito al redactar el cuarto evangelio; Pedro un testimonio pastoral, al ser el líder de la Iglesia primitiva.
Los apóstoles que representan a los otros, contemplan la belleza al ver a Jesús transfigurado y son capaces, por esta belleza, de darse cuenta de quien es verdaderamente el maestro. Moisés y Elías confirman a nombre del Antiguo Testamento que esta imagen de Jesús es real. La teofanía que viven y contemplan los apóstoles es similar a tantas otras que aparecen en la Biblia, por ejemplo en el Horeb.

Levantarse
Jesús después de la teofanía que han vivido los tres apóstoles les dice «levántense, no teman». Siento a Jesús diciendo: basta de estar replegado en ti mismo, álzate! No tengas miedo!
Cuando salimos de nosotros mismos podemos ver la belleza de Dios y no tenemos miedo, entonces podemos bajar del monte y vivir en el valle. Cada día podemos hacer experiencia diaria del “Tabor”, en nuestro interior, en nuestro espacio íntimo.

Me gustaría invitarte a hacer memoria de esa experiencia que has vivido del Señor, en pocas palabras tu «Tabor cotidiano».
Pensando en mi «Tabor cotidiano» ¿Qué oración realizo cada día?
¿Cuándo he vivido en mi vida un intenso momento espiritual?
¿Cuáles son sus frutos?
¿Cómo ha cambiado mi vida?
¿En qué aspecto de  mi vida la luz de Jesús puede dar luz a mi vida?
¿Cómo puedo valorar el tiempo que dedico a Dios?
¿Ese Tabor, lo busco a la luz de la cruz y resurrección de Jesús?

Doy gracias a Dios cada día por el don de su Palabra, que me alimenta y que me permite alimentar a otros. Agradezco también la oportunidad que El mismo me da para compartir con ustedes, queridas hermanas Hijas de la Iglesia; les pido una oración por mi y por el grupo de personas que cada día reciben mis reflexiones “la Palabra del Día”