II Domingo de Pascua

II Domingo de Pascua

Mon, 13 Apr 20 Lectio Divina - Year A

Los textos litúrgicos de este día, segundo domingo de Pascua, son concernientes a la institución del Sacramento de Reconciliación, Sacramento de la Divina Misericordia, de manera que van perfectamente con la petición de nuestro Señor “a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados” Jn 20,23.  Dios es Misericordioso y nos ama a todos...
 En ningún tiempo como el de Pascua tenemos motivos para expresar esta alegría agradecida, porque  «este es el día en que actuó el Señor, y es que el Señor es nuestra alegría y nuestro gozo». Cristo nos ha abierto las puertas de la nueva vida, la auténtica vida, la que el Espíritu Santo va dándonos por pura gracia y que llena los corazones de esperanza y abre los ojos a la Paz.

Podríamos dividir el texto en tres partes diferentes:
La primera, Jesús se hace presente a sus discípulos y los envía a la misión (Jn 20,19-23); a continuación, se manifiesta a Tomás que no estaba presente en el momento anterior (20,24-29); por último, un epílogo acerca la vida de Jesús (20,30s).

El primer día de la semana, ya anochecido, estando las puertas atrancadas, por miedo, Jesús se hace presente entre sus discípulos. La situación que se nos muestra, no deja de ser dramática. El día primero, el día del Señor, el día más importante para la tradición cristiana; los discípulos (no se refiere únicamente a los doce sino a todos aquellos que siguen a Jesús) se encuentran con las puertas cerradas, atrapados por el miedo. Un miedo que les paraliza, les amedrenta, les intimida. Aún no han tenido la experiencia de Jesús resucitado. Jesús está vivo, pero ellos no han experimentado esta nueva vida de Jesús.
La institución judía les está persiguiendo, les busca porque son seguidores de un hombre que se ha autoproclamado Mesías. En este momento se manifiesta Jesús, tal y como lo había prometido (Jn 16,18ss), en medio de sus discípulos, en medio de la comunidad cristiana. El miedo le atenazaba, y ante este miedo Jesús les trae la paz. Les muestra las manos y el costado. Les muestra que aquel que había muerto en la cruz, ahora está vivo. Ante una situación de muerte, Jesús les comunica la vida. Jesús ha vencido a la muerte. Aunque las señales de la crucifixión, que son signos del amor de Dios, permanecen. Él ha vencido a la muerte. La victoria es de la vida.

Nuevamente, les repite el saludo de paz, como queriendo hacerles ver a sus discípulos que la paz permanecerá con ellos. Y con esa paz, les envía a la misión. A partir de este momento, ellos deben dar testimonio de lo que han visto y oído, también de la resurrección. Desde ahora ellos deben realizar las mismas obras que ha realizado Jesús y se producirán los mismos frutos que se produjeron cuando era Jesús quien actuaba. Además, no estarán solos. Sopló sobre ellos y les dijo: “recibid el Espíritu Santo” (20,22).
El Espíritu les capacita para llevar a cabo la misión. Son enviados a dejar libre a los demás del pecado, a dejar libre a toda persona de aquello que les impide la realización plena, a liberarlos de las injusticias que rodean a todo ser humano. Habrá quienes rechacen esta liberación; los que la acepten quedarán agregados a la nueva comunidad de Jesús, los que rechacen esta liberación quedarán fuera de ella. Cada uno de nosotros somos libres para aceptar o rechazar el amor de Dios. Por eso, la Iglesia tiene la potestad de poder liberar o atar. Si no queremos aceptar el amor de Dios dentro de la comunidad que él ha instituido, ha formado y ha instruido, ¿cómo queremos recibir la libertad de los hijos de Dios? ¿cómo queremos recibir la liberación que nos trae la Iglesia por medio de sus sacramentos? La comunidad cristiana, con Jesús en medio de ella, es quien tiene el poder de liberar.

En un segundo momento, nos encontramos con que Tomás no estaba presente, no se encontraba en la comunidad, cuando Jesús se manifestó. Tomás es uno de los Doce, pero por la circunstancia que fuera, se había alejado de la comunidad. Para Tomás todo había concluido en la cruz. No se ha encontrado con Jesús después de la resurrección. No ha recibido el Espíritu Santo, ni ha recibido, tampoco, la misión. Continúa viviendo en una cultura de muerte y un contexto pasado, continúa viviendo en el antiguo judaísmo. Los discípulos, con gran alegría, le comunican la experiencia que han tenido de Jesús resucitado. Pero, Tomás no acepta el testimonio de la comunidad, de sus propios hermanos, de aquellos que junto a él han vivido con el Maestro. Sin embargo, no se queda en esto. No sólo duda, sino que además pide una señal extraordinaria y personal.

Ahora, Tomás se encuentra en la comunidad y, nuevamente, Jesús se hace presente en medio de ella. Les vuelve a saludar con el saludo de paz. Tomando la iniciativa, Jesús en un acto de amor total, le muestra las señales de la pasión y le permite, incluso tocarlas. La reacción de Tomás no se hace esperar y es tan radical como su incredulidad: “Señor mío y Dios mío” (20,28). Tomás acoge el amor de Jesús y le da su total adhesión. Pero, dichosos serán los que crean sin haber tenido la experiencia de la manifestación gloriosa de Jesús.

El texto concluye dirigiéndose a los lectores del mismo. Muchas otras acciones llevó a cabo Jesús, otras muchas señales realizó Jesús, y no están escritas en el texto evangélico. Lo experimentado por los discípulos, lo vivido junto a Jesús, la experiencia, al lado del Maestro, es mucho más amplia que lo relatado en el evangelio. Lo que el autor ha escrito es para fomentar la fe en Jesús que es el Mesías, para que se adhiera a la comunidad cristiana, comience a vivir las actitudes vitales de Jesús y tenga vida. Creyendo en Jesús poseeremos la vida eterna.

 Meditación

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Qué significado tiene para ti la resurrección de Jesús? ¿Qué importancia tiene en tu vida?
  • Tú también has recibido el Espíritu Santo y has sido enviado a la misión ¿eres consciente de ello? ¿cómo la estás llevando a cabo?
  • ¿Es posible que existan cristianos que no creen en la resurrección de Jesús? ¿El cristiano puede vivir como tal simplemente asumiendo la enseñanza de Jesús y dando testimonio de su vida terrena?
  • Creer en Jesús y en su Resurrección, haber recibido el Espíritu Santo, asumir la misión que él nos ha encomendado, no nos libra de la duda, ¿cuáles son mis dudas de fe, mis dudas acerca de Jesús, mis dudas acerca de la Iglesia? ¿Cómo las afronto? ¿Trato de resolverlas? ¿De qué modo?
  • ¿Cómo acojo el testimonio de la Escritura? ¿Me acerco con frecuencia a escuchar la Palabra? ¿Intento hacerla vida y transmitirla a otros?

 VIDA – ORACIÓN
Gracias Señor por tu Palabra Salvadora.

Gracias por venir a nuestra vida, a quedarte con nosotros.
Nuestra Historia sin Ti, está vacía. Quédate con nosotros.
Necesitamos tu Paz, haznos conscientes de la paz que nos ofreces.
Que seamos siempre portadores de tu Paz, Señor.
Que el Espíritu Santo haga de nosotros su morada, y que reflejemos sus dones al mundo.
Te pido perdón por todas las veces que soy con Tomás: si no veo no creo…
Dame, Señor, la gracia de escuchar tus Palabras: Felices los que creen sin ver.
Que entienda que sólo creyendo en Ti tendré vida y encontraré lo que busca mi corazón.
Amén