III Domingo de Cuaresma

III Domingo de Cuaresma

Mon, 09 Mar 20 Lectio Divina - Year A

  1. Invocación al Espíritu Santo: Nos sosegamos, respiramos profundo y tratamos de dejar a un lado lo que nos preocupa, lo que hemos de hacer luego; enfoquemos la mente y el corazón en el gran regalo de la Palabra. Pedimos al Señor que renueve la presencia de su Espíritu a fin de que podamos aprovechar la semilla de conversión que entraña el mensaje del Evangelio

* Espíritu Santo, ilumina nuestro entendimiento, para que al leer o estudiar la Sagrada Escritura, sintamos la presencia de Dios Padre que se manifiesta a través de tu Palabra.*Abre nuestro corazón para darnos cuenta del querer de Dios y la manera de hacerlo realidad en nuestras acciones de cada día. Instrúyenos en tus sendas para que, teniendo en cuenta tu Palabra, seamos signos de tu presencia en el mundo. Amén.
(Autor Anónimo)

  1. Lectura. Leemos el texto. Es importante que en el grupo la persona designada para hacer esta lectura lo haga con fluidez, detenimiento y en un tono de voz moderado.
  2. Meditación. Cada quien personalmente lee el texto a la luz de la pregunta ¿Qué me dice el texto? Puede subrayar una frase específica, la que más llame la atención.

Reflexión
Llegamos al tercer domingo de cuaresma, pero con un cambio de Evangelista; ya no continuamos con Mateo sino que nos encontramos con Juan, cuyo escrito, según los estudiosos, data de finales del siglo I d.C. Pasajes ricos en simbología, con diversos elementos propios de la cultura judía, comunicando a  Jesús como Verbo encarnado que hace las obras del Padre a través de acontecimientos significativos, ilumina con su enseñanza y es el minuto de Dios en la hora del mundo. El pasaje de esta oportunidad se enmarca, al interno de la obra joánica en el libro de los signos y en resumen, sabiendo que su fruto como "Buena Nueva" no se agota en una predicación, nos muestra que Dios salva y transforma rompiendo paradigmas, respecto a los que hay que concienciar que, si bien son pedagógicos, llega un punto en el que son sujeto de cambio, de conversión, actitud esencial en este tiempo de cuaresma.

El Señor ha llegado a tierra de samaritanos con quienes por circunstancias históricas  él, como judío, no debe tratar; pero como Dios-hombre sí puede hablar. Mucho menos era "legal" hablar o enseñar con mujer alguna en aquel territorio y constituía el "acabose" si pedía algo. No obstante, venía cansado, era consciente de su limitación humana (fatiga) y, siendo imagen perfecta de aquel que hizo brotar agua de la Roca en la primera lectura (Ex 17, 3-7), en esa dinámica de abajamiento pide ayuda, iniciando así un diálogo que progresivamente va cobrando profundidad; pero no en teorías, sino en mociones que hacen también a la mujer "de cinco maridos", que no eran tales sino que más bien esa expresión aludía a su casamiento con la tradición del "pentateuco samaritano" (obra literaria que fungía como marco histórico-cultual y afianzaba las murallas étnicas), derribar los muros resultados por conflictos que a fin de cuentas respondían a criterios humanos y no a los valores esenciales establecidos por el "Señor del Horeb".
Jesús no llega con quejas por la jornada ardua ni con prejuicios por estar en Samaria, llega con humildad y con un sentido de gratitud previo que le hace ser afable con aquella alma y le ayuda a descubrir su sed real, la de Dios, generando entonces, a partir de una primera  respuesta  a la sencilla petición "dame de beber", el reconocimiento de su persona mesiánica, inicio este del manantial de vida eterna en su corazón.

No obstante, Jesús aclara la verdad: "la salvación viene de los judíos" (siendo fiel a la legitimidad histórica y no a enemistades accidentales que dieron paso a la división entre judíos y samaritanos) pero sin imponer y planteando lo esencial, es decir, "adoración en espíritu y verdad", sin encasillarse en "tradiciones humanas" (adoración en este o tal monte) que han de propiciar encuentro, unión, reconocimiento y enriquecimiento mutuo antes que separar.
Adorar en Espíritu y verdad significa entonces dejar fluir la nueva promesa (Espíritu Santo) que muchas veces nos invitan a traspasar "alcabalas" sociales, políticas, religiosas, etc; es " no endurecer el corazón" (salmo responsorial) para vivir la verdad del Dios del amor que salva en la cotidianidad, haciéndose el encontradizo en quien necesita de tu apoyo, en quien puede parecer un desobediente, en quien no se alinea con tu forma de pensar, etc.  Pero en cuyas almas también hay un manantial escondido que salta hasta la vida eterna y puede llegar a otros si somos humildes y simplemente "conversamos" con esa cordialidad que nos muestra el Señor.

Hay aun en mi barreras que me impiden encontrarme con los que son diferentes a mí, incluso religiosamente?
Soy humilde al encontrarme con alguien cuya forma de ser me incomoda?
Soy dócil al Espíritu cuando de encontrarme con "impíos" se trata?
Puedo decir que soy acogedor ante los "distintos" o me gana la "doctrina"?
Ofrezco mi testimonio cristiano con cordialidad o suelo "poner alcabalas", juzgar, condenar?
Soy capaz de reconocer mis limitaciones ante otros?
Soy "asertivo" en mis expresiones para con los demás?
Soy agradecido o la queja es constante en mí?

 *4.  Contemplación*  Que decimos al Señor a partir de este banquete de la Palabra?

 *5. Acción.   Esta semana me valdré de las preguntas orientadoras y las responderé con acciones al estilo de "Jesús y la samaritana".

 

Bondad del padre Luis García (Venezuela)