III Domingo del Tiempo Ordinario

III Domingo del Tiempo Ordinario

Mon, 21 Jan 19 Lectio Divina - Year C

Hace poco hemos dado inicio al tiempo ordinario, hoy celebramos la tercera semana del mismo. Y es importante que podamos darnos cuenta que “ordinario” puede ser una palabra que se malentienda. Al leer el Evangelio en clave de fe y de discipulado en este tiempo, debemos tener en cuenta que lo importante es que esta Palabra nos enseña el camino a seguir para vivir de un modo extraordinario en el ordinario de nuestras vidas, a semejanza del modelo que encontramos en la vida pública, ordinaria (del día a día) de nuestro Señor Jesús.

Esta semana, el Evangelio es tomado de dos capítulos de San Lucas. Primero está el prólogo, donde aprendemos sobre la intención de nuestro autor, san Lucas, de escribir un relato ordenado de la vida de Jesús. Informa a sus lectores que ha «investigado todo con cuidado» sobre la vida de Jesús, y tiene acceso a testigos oculares que le brindan una visión única de los acontecimientos en la vida del Señor, que no fueron incluidos en los Evangelios según Mateo y Marcos, que son anteriores a Lucas.

Las lecturas ahora llevan al lector a Nazaret, un pueblo situado en lo alto de una colina que domina el valle de Jezreel. Este pueblo es el hogar de la infancia de Jesús, que había vivido en Nazaret durante al menos veinte años, junto con María, su madre, y José, su padre adoptivo, y habría sido bien conocido en la aldea. Jesús ha estado lejos por un tiempo, pero ahora regresa a Nazaret y asiste a la sinagoga local, como era su costumbre semanal. El funcionario de la sinagoga lo reconoce y lo invita a leer y comentar un pasaje de su elección del profeta Isaías. Esta invitación a leer y comentar es un honor, y revela que Jesús es muy apreciado entre los aldeanos.

La escena está preparada para que se desarrolle un drama. La profecía de Isaías llena un gran rollo. ¡La copia del libro de Isaías que se descubrió entre los rollos guardados por la comunidad esenia, que vivía a lo largo de las orillas del mar Muerto, mide once metros! Toda la Biblia, en el tiempo de Jesús, fue escrita en pergaminos similares que eran guardados con reverencia en el tabernáculo de la sinagoga. Cuando el asistente presenta el rollo de Isaías a Jesús, el Señor honra el texto sagrado al pararse para leer.

La gente espera mientras Jesús se toma el tiempo necesario para desenrollar el rollo hasta casi el final, para encontrar la parte que quiere leer. Cuando termina de leer, enrolla con cuidado once metros de pergamino, antes de devolvérselo al asistente. Luego se sienta. Los maestros en el Medio Oriente se sientan cuando enseñan. Los estudiantes se paran lo más cerca posible del maestro. Se inclinan para asegurarse de que escucharán cada palabra de lo que Jesús tiene que decir. Los ojos de todos en la sinagoga están fijos en él. ¿Por qué? ¿Qué ha hecho para provocar esta intensidad entre quienes lo conocen tan bien? ¡Tendremos que esperar hasta la próxima semana para descubrir el resto de la historia.

La escena es de gran importancia para conocer a Jesús y entender bien su misión. Según el relato de Lucas, en esta aldea casi desconocida por todos, va a hacer Jesús su presentación como Profeta de Dios y va a exponer su programa aplicándose a sí mismo un texto del profeta Isaías.

Después de leer el texto, Jesús lo comenta con una sola frase: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír". Según Lucas, la gente "tenía los ojos clavados en él". La atención de todos pasa del texto leído a la persona de Jesús. ¿Qué es lo que nosotros podemos descubrir hoy si fijamos nuestros ojos en él?

Jesús actúa movido por el Espíritu de Dios. La vida entera de Jesús está impulsada, conducida y orientada por el aliento, la fuerza y el amor de Dios. Creer en la divinidad de Jesús no es confesar teóricamente una fórmula dogmática elaborada por los concilios. Es ir descubriendo de manera concreta en sus palabras y sus gestos, en su ternura y en su fuego, el Misterio último de la vida que los creyentes llamamos "Dios".

Jesús es Profeta de Dios. No ha sido ungido con aceite de oliva como se ungía a los reyes para transmitirles el poder de gobierno o a los sumos sacerdotes para investirlos de poder sacro. Ha sido "ungido" por el Espíritu de Dios. No viene a gobernar ni a regir. Es profeta de Dios dedicado a liberar la vida. Solo le podremos seguir si aprendemos a vivir con su espíritu profético.

Jesús es Buena Noticia para los pobres. Su actuación es Buena Noticia para la clase social más marginada y desvalida: los más necesitados de oír algo bueno; los humillados y olvidados por todos. Nos empezamos parecer a Jesús cuando nuestra vida, nuestra actuación y amor solidario puede ser captado por los pobres como algo bueno.

Jesús transcurre su día por día liberando. Dedicado a liberar al ser humano de toda clase de esclavitudes, opresiones. La gente lo descubre como liberador de sufrimientos, opresiones y abusos; los ciegos lo ven como luz que libera del sinsentido y la desesperanza; los pecadores lo reciben como gracia y perdón. Seguimos a Jesús cuando nos va liberando de todo lo que nos esclaviza, empequeñece o deshumaniza. Entonces creemos en él como Salvador que nos encamina hacia la Vida  definitiva.

También nosotros, dejémonos encontrar por él y sin oponer resistencia acojamos la liberación que nos trae.