V Domingo de Pascua

V Domingo de Pascua

Tue, 14 May 19 Lectio Divina - Year C

Avanza el tiempo de Pascua, el más importante para los cristianos. Las luces de la resurrección no esconden la realidad que se sigue desarrollando en nuestro adentro, en el mundo que nos rodea. Las noticias de estos últimos días ponen delante de nosotros episodios de violencia, nuevos casos de corrupción, más crisis económica, historias de sufrimiento con rostros y nombres concretos. En medio de todo esto, ¿qué es lo importante? ¿Qué merece la pena y es eterno? Corremos el riesgo de desanimarnos y vivir sin pasión, de dejarnos llevar por la prisa, lo superficial, las alarmas sociales y los gritos interesados de los medios de comunicación. Jesús Resucitado sigue superando esas barreras para hacerse visible en nuestra vida, en la Iglesia -que es el nuevo cenáculo- , para hacernos propuestas de sentido y esperanza. Él vuelve a recordarnos cuál es el proyecto que ofrece a quienes desean seguirle: vivir amando, entregando la vida, transformando esta sociedad desde abajo, desde lo más hondo que es el amor. Estos principios siguen siendo una oferta de felicidad para los hombres de cualquier época.

Contexto
En el capítulo 13,31 comienza el discurso de despedida de Jesús, el tema es el origen y destino de Jesús se distinguen dos partes.  Una vez que ha tratado en la primera parte el rechazo de los judíos a su persona, ahora en esta segunda parte hablará de aquellos que sí lo recibieron, son quienes han creído en su nombre y les ha dado el poder de convertirse en hijos de Dios; se destaca cómo se van a relacionar los discípulos con el Padre y con Jesús durante su ausencia física y la nueva presencia de Jesús a partir de su “hora” (13,31).

“Os doy un mandamiento nuevo" (13,34) conf. (Mt.25,31-46) tiene la idea de despedida de Cristo, es el testamento, este precepto ya estaba presente en la ley mosaica es “Nuevo” por la perfección a la cual Cristo lo lleva y porque constituye el signo distintivo de los tiempos nuevos inaugurados y renovados a través de la muerte y resurrección de Jesús.

Vivir el mandamiento nuevo del amor hace posible la presencia de Jesús en su ausencia: amándose como Jesús los amó; los discípulos descubren su nueva presencia, la llevan en sí y la muestran y transmiten a otros (13,34-35).   San Juan tiene su atención puesta en la comunidad cristiana. Cuando falte Jesús, en su comunidad se tendrán que querer como amigos porque así los ha querido Jesús: vosotros sois mis amigos; ya no os llamo siervos, a vosotros os he llamado amigos (Jn 15,14). La comunidad de Jesús será una comunidad de amistad.

Este texto está ubicado durante la última cena, pero Juan omite prácticamente todos los acontecimientos narrados por los evangelios sinópticos con respecto a la institución de la Eucaristía. El evangelista presenta a Cristo como Salvador victorioso, triunfador del pecado y de la muerte; es decir comienza el drama de la pasión, un drama triunfal, en los que ya se pueden percibir los frutos de la victoria asegurada para siempre gracias a la resurrección y glorificación de Jesús.

MEDITACIÓN
El mandamiento del amor no es imposición de una ley exterior, sino gratuidad del amor de Dios que nos ha precedido por medio de Cristo, de esta benevolencia de Dios recibida brota el amor cristiano a Dios y a las demás personas, respuesta de los que han nacido de Dios y lo conocen porque Dios es Amor, dice San Juan (1jn4,7s).  Amar como” El nos ha amado”.  Lo que hay que esperar de un creyente en Jesús de Nazaret es, sobre todo, que viva, testimonie y practique el mandamiento de amor.  

La experiencia de sentirse amado primero es lo que hace que los discípulos se amen “yo los he amado primero” 1jn 4,19”.  Jesús amó a los suyos hasta el final (Jn 13,1) él es la fuerza para amar a los demás, él se entregó con amor y con sacrificio, así también nosotros.  Creer o tener fe en Dios solo es posible y visible en el amor al prójimo, esta es la señal por la que conocerán que son discípulos míos. 

Por voluntad expresa de Jesús nuestra identificación con El es el amor. En los albores del cristianismo la primera comunidad de Jerusalén que era un testimonio de amor y de unión.  Los creyentes eran bien vistos de todo el pueblo porque “todos pensaban y sentían lo mismo teniendo una sola alma y un solo corazón” (Hech. 4,32ss.  Según Jesús debemos diferenciarnos de los demás en que amamos a los hermanos sirviéndoles, perdonándolos, dedicándoles nuestra atención y nuestro tiempo, comprendiéndolos en sus penas y alegrías.  Por eso el cristianismo es una Palabra viva que es Persona, hecha amor, Cristo Jesús el Hijo de Dios Padre. 

El amor verdadero viene de Dios y hace que volvamos a la unidad en Dios, el amor que se inspira en Cristo respeta el misterio del otro y le ayuda a ser lo que Dios quiso que fuera pasando por la muerte y resurrección. El amor de Cristo es la causa de la caridad cristiana.  De ahí la importancia de la caridad fraterna como un signo de la verdadera Iglesia, que espera a Cristo. 

Dios ama a los demás y cree en lo bueno que hay en ellos.  El amor no solamente trata bien, sino que además hace bueno, despierta a la vida la bondad, el amor transforma la realidad, la moldea, da mayor realce al bien que hay en ella; cumplir los mandamientos significa relacionarse con uno mismo, con la vida, con el propio tiempo, con la creación y con los demás tal como corresponde a Dios. 

El amor a Dios se manifiesta en el trato perfecto de lo que es su reflejo, de su creación y sobretodo de su más alta creación, la persona humana.  El amor no solo cambia el sentido, sino transforma. Si descubrimos en el otro un deseo del bien, también surgirá en nosotros pensamientos positivos.  Entonces amar significa que tomemos en serio su ansia de bien, que atraigamos hacia él el bien cada vez más, el amor auténtico no condiciona a los demás, los acepta como son. Una de las grandes cualidades del amor es la gratuidad.

En la segunda lectura de la liturgia de este domingo (Ap. 21, 1-5) se hace una descripción simbólica de la Nueva Jerusalén es decir del estado final y glorioso de la comunidad de los redimidos de aquellos que han experimentado el amor del Señor, lo han vivido y difundido.

“No habrá ya muerte ni luto, llanto ni dolor, violencia ni guerra, ni explotación, porque el primer mundo ha pasado” (Ap21,1-5).  Este esplendoroso adelanto del final esperado tiene su contrapunto realista en la primera lectura (Hech14,21ss) donde se constata el laborioso crecimiento de la Iglesia de Cristo en sus comienzos al ritmo penoso de la misión.  Pablo y Bernabé, de nuevo en Antioquía, además hacen un balance positivo de su primera misión en tierras de Asia Menor hasta Antioquía de Pisidia. 

Los apóstoles “iban animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que “hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios” (V22).  En cada iglesia designaban presbíteros, oraban y ayunaban y los encomendaban al Señor en quien habían creído” (V23).  Viviendo la fraternidad en estado de misión seremos un signo del amor a Dios y del amor de Dios.  Ante el mundo, el aval de autenticidad de nuestro cristianismo no es otro que el amor solidario, abierto y misionero de quienes decimos seguir a Cristo. 

CONTEMPLACIÓN
Escuchemos a Jesús que nos dice Hijitos míos voy a estar poco tiempo con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo…El estilo de amar de Jesús es inconfundible. Sólo se interesa en hacer el bien, acoger, regalar lo mejor que él tiene, ofrecer amistad, ayudar a vivir. Lo recordarán así años más tarde en las primeras comunidades cristianas: «Pasó toda su vida haciendo el bien». 

Madre María Oliva Bonaldo, nos ayuda a conocer la raíz del amor: “Estamos llamados a vivir en el amor. No es un estado de vida cualquiera, sino de amor.  La estabilidad en el Amor que es el clima de la Santidad, es la Santidad.  Vivir el Amor para nosotros sería imposible si con el Bautismo el mismo amor no hubiera estado infuso en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha sido dado.  La vocación a la santidad es la llamada interior a amar el Amor y a todos por amor del Amor. Madre María Oliva Bonaldo, Sapienza del Cuore                                                                   

 ORACIÓN
Agradezcamos a Jesús el amor que nos tiene que entregó su propia vida por   nosotros.Con el amor la soledad se puebla de ángeles, el silencio es diálogo con el Verbo de Dios y con el Espíritu Santo en la escucha de la Palabra de Dios. Quisiera amar como tú me amas y amar todo con tu mismo amor, dame tu corazón, tu vida es la vida de Jesús, nuestra Paz infinita, nuestra Pascua eres Tú. Poesía Madre María Oliva                                                                              

En nuestra oración miremos al Crucificado para aprender el amor humilde, que salva y da vida, para renunciar cada día a lo que nos separa de El y así poder cantar con todos nuestros hermanos ¡ALELUYA!  HA RESUCITADO EL SEÑOR.

ACCIÓN
“En esto reconocerán que sois mis discípulos: si os amáis unos a otros”.
Conociendo este compromiso con el Señor, cómo estamos respondiendo a su infinito amor y cómo es nuestro amor al prójimo.
El Señor es Clemente y Misericordioso Sal.144. El Señor ama más la misericordia que el sacrificio.
Lo que le distingue al seguidor de Jesús no es cualquier «amor», sino precisamente ese estilo de amar que consiste en saber acercarse a quienes nos pueden necesitar.