V Domingo de Pascua

V Domingo de Pascua

Mon, 04 May 20 Lectio Divina - Year A

Si el Domingo pasado, san Juan nos advertía que el mundo no nos conoce porque no conoce a Cristo, las lecturas de hoy nos ayudan a reconocer nuestro propio ser cristiano.
Más de una vez nos encontramos como fuera de juego en el campo de la vida cristiana. Parece que todo se ha desvanecido y nos hallamos extraños para nosotros mismos: la Palabra, los Sacramentos, la misma oración ya "no nos dicen nada".
Es reconfortante leer despacio y profundizar el evangelio de hoy. Nuestra vinculación con Cristo, real y gratuita,no depende de nuestros méritos: él mismo la presenta con una imagen plástica y tomada del mundo tangible de la vida vegetal: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos».

El anuncio de la traición de Judas ( Jn. 13,21) “ En verdad en verdad os digo que uno de vosotros me entregará”.
La partida de Jesús ( Jn. 13,33 ): “ Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre" y la negación de Pedro, turbó a los Apóstoles; Jesús quiere afianzarlos en la fe. Es la idea que predomina en Jn. 14 y que en esta primera parte desarrolla el sentido que tiene para el cristiano la despedida de Jesús.
Jesús va a prepararles un lugar y volverá( v.3). Toda la esperanza de la Iglesia se apoya en esta promesa: "El Señor mismo a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor y así estaremos siempre con el Señor” (1Tes. 4.16-17)
“Así que no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor. Él iluminará los secretos de las tinieblas y pondrá de manifiesto los designios de los corazones, entonces recibirá cada cual del Señor la alabanza que le corresponda” (1 Cor. 4,5 ). “ Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga” (11,26 )

El Espíritu y la Esposa dicen: “ ¡Ven¡ y el que lo oiga diga: ¡ven! … Y el que quiera reciba gratis agua de vida". (Apoc. 22,17 )
En su partida se demuestra “camino “ hacia el Padre: v.6  “Yo soy el camino” y lo es porque es   “la verdad “ en cuanto nos revela el Padre: v. 7,9 “Si me conocéis a Mí, conoceréis también a mi Padre, desde ahora lo conocéis y lo habéis visto… ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a Mí ha visto al Padre”.
Y es el “camino” que consiste en el conocimiento; esto es la comunión de amor con el Padre presente en el Hijo: v. 11 “Creedme, Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí".

Estructura del texto
14, 1-4 “ No se turbe vuestro corazón
… volveré y os tomaré conmigo para que donde estoy yo, estéis también vosotros”.
La vida en común exige la acogida del otro en todas sus dimensiones. Jesús responde con una exhortación: “No se turbe su corazón! En la casa de mi padre hay muchas moradas". La insistencia en tener palabras de ánimo que sirvieran de ayuda para superar las turbaciones y las divergencias, signo de que debían existir entre las comunidades queriendo ser la una más verdadera que la otra.
Jesús dice: "En la casa de mi Padre hay muchas mansiones". Lo que importa es que todos acepten a Jesús como revelación del Padre y que por amor suyo tengan actitudes de amor y servicio. El amor y el servicio son los elementos indispensables para que se conviertan y nos convirtamos en una Iglesia sólida de hermanos y hermanas.
Un llamado hoy tan necesario, cuando estamos viviendo la tragedia de esta Pandemia que tiene postrada la humanidad.

14, 5-7 La pregunta de Tomás. “ Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos conocer el camino?" Jesús responde: "Yo soy el camino, la verdad y la vida".
Tres palabras importantes. Sin camino, no se camina. Sin verdad, no se acierta. Sin Vida solo hay muerte. Jesús explica el sentido. Él mismo es el camino porque,  "nadie va al Padre sino por Mí", puesto que Él es la puerta por el que las ovejas entran y salen ( Jn. 10,9 ).
Jesús es la verdad porque mirándolo a Él, vemos la imagen del Padre: “Si me conocen a Mí, conocen también a mi Padre”.
Jesús es la vida porque caminando como Jesús ha caminado, estaremos unidos al Padre y tendremos la vida en nosotros.

14, 8-21 "Señor, muéstranos al Padre y nos basta". Jesús le responde:  “El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre". Felipe ha expresado un deseo que era el de muchas personas de la comunidad de Juan y continúa siendo el deseo de todos nosotros. No debemos pensar a Dios Alguien lejano, distante, desconocido.
Quien quiera saber cómo es y quién es Dios Padre, le basta mirar a Jesús, Él lo ha revelado en las palabras y gestos de su vida. Jesús revelaba un rostro nuevo de Dios que atraía al pueblo.
Cabe aquí preguntarnos: ¿Qué imagen tengo yo de Jesús?. De pronto como Pedro que no aceptaba un Jesús Siervo y sufriente?  Un  Jesús a mi medida..  que no me cause molestia? O un Jesús celeste, glorioso? Qué Jesús los demás verán en mí?

14,12 La promesa de Jesús
"En verdad en verdad os digo: el que crea en Mí, hará también las obras que Yo hago y hará mayores aún, porque Yo voy al Padre". Jesús afirma que su intimidad con el Padre, no es un privilegio solo de Él, sino que es posible para todos nosotros que creemos en Él.  A través de Él, podemos llegar a hacer las mismas cosas que Él hacia por el pueblo de su tiempo.
Él intercederá por nosotros. Todo lo que le pidamos, Él se lo pedirá al Padre y lo obtendrá, con tal que sea para el bien de los demás y propio.
Que el Señor en este Domingo nos conceda la gracia de vivir en intimidad con Él y con el Padre. Mirándolo a Él, veremos al Padre y seremos dichosos creyendo que con Él podremos resolver estos días aciagos por los que la humanidad está pasando. “Que no se turbe nuestro corazón”.  Pongamos y confiemos en Él, que Él intercederá por nosotros.