VI Domingo del Tiempo Ordinario

VI Domingo del Tiempo Ordinario

Mon, 10 Feb 20 Lectio Divina - Year A

En este VI Domingo del Tiempo Ordinario, teniendo como telón de fondo el texto de la primera lectura del Eclesiastés y el Evangelio correspondiente para este Domingo, reflexionemos sobre las normas que orientan nuestro comportamiento: "No penséis que he venido a abolir la ley, sino a dar cumplimiento" para darle ese “plus” que la hace superar como ley y aceptarla como opción interior. De hecho la justicia del fariseo se limita a observar solo artículos de ley. La justicia del cristiano no depende solamente de  observar simplemente la ley, sino del hecho que los últimos tiempos se cumplieron en Jesús y que Él, primero, vino a obedecer a la ley en comunión con el Padre.

Cristo establece un criterio nuevo de valoración moral: "la intención personal". De ahí que el más allá de la ley se cumple ” en el corazón”, que decide la actitud más sincera y más radical del hombre; y es allí donde hay que poner la atención y optar. Por eso es la exigencia superior de la ley “el más” con el que Cristo la lleva a su plenitud.

Después del enunciado temático: Jesús ha venido a dar cumplimiento y perfeccionamiento a la ley (v.17), en Rom. 3,31 encontramos: “Entonces ¿por la fe privamos a la ley de su valor? De ningún modo, más bien la consolidamos”.

Rom. 8,1-3: “En su obra realiza las profecías. Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu que da la vida en Cristo Jesús, te liberó de la ley del pecado y de la muerte, pues lo que era imposible a la ley reducida a la impotencia de la carne, Dios enviando a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne”.

Ahora bien, una norma será tanto más sólida, cuanto más vigoroso sea el valor que la justifica. No basta con “no matar”: no hay que encolerizarse (Mt. 5,22). No basta con “no cometer adulterio“, púes yo os digo: "Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en el corazón" (Mt.5, 27).

No basta con lavarse las manos antes de comer, hay que purificar el corazón (Mt. 7,1-23).
No basta con construir sepulcros a los profetas, no hay que callarlos matándolos (Mt. 23,29).
No basta con decir: “Señor, Señor”, hay que hacer la voluntad del Padre (Mt. 7,21).
No basta con decir palabras sin fin en la oración, hay que tener fe en la voluntad de Dios y cumplirla (Mt. 6,7).

La ley se impone desde el externo. Si Jesús se limitara a espiritualizar la ley únicamente, su perfección sería incompleta. Él apunta a la voluntad, al corazón. Si Jesús exige un más, la motivación está en el “pero Yo os digo”. Quien exige es Cristo, Él que primero da ejemplo. Jesús nos revela que no hay más que un espíritu: el amor. Una alianza nueva basada no en la letra de la ley, sino en la fuerza del espíritu, porque la letra mata, mientras que el espíritu da vida.

El amor a los enemigos, soportar el sufrimiento, la persecución, son posibles al cristiano, animado y fortalecido por el que va adelante: Jesús, él no obedece únicamente a la ley, sino que sigue las huellas del Maestro que lo precede y que para él se convierte en modelo, ley y fuerza suprema, interior, por el don del Espíritu.

Esta liturgia nos invita a dar un paso adelante en la fraternidad. No basta con no matar al hermano, hay que respetarlo. No sentirse superior a él. Se puede además, matar con palabras, un prejuicio duro, una actitud de desprecio. No se puede dar honor a Dios, si el hermano es deshonorado. La ley de Jesús es la novedad de un amor que no conoce confines. La Eucaristía es la más cierta y perfecta expresión de esta nueva ley. No hay Eucaristía si no hay un verdadero amor y entonces nuestra celebración se reduce a un legalismo exterior. Un indicador importante de la madurez ética de una persona es su capacidad para descubrir los valores. Por eso debemos ver los mandamientos y normas como una invitación a apropiarnos de los valores y a crecer interiormente. A medida que vamos avanzando por este fascinante sendero del descubrimiento de los valores, reconocemos que los mandamientos y las normas son una herramienta preciosa que nos ayudará a acertar en la toma de decisiones.

ORACIÓN
Oh Dios que revelas la plenitud de la ley en la nueva justicia fundada en el amor, permite que el pueblo cristiano reunido para ofrecer el sacrificio perfecto, sea coherente con las exigencias del Evangelio y así llegue a ser para cada ser humano, signo de reconciliación y de paz. Por Jesucristo nuestro Señor.