XVII Domingo del Tiempo Ordinario

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Sat, 18 Jul 20 Lectio Divina - Year A

En este texto de Mateo 13, 44-52  que la iglesia nos ofrece para este Domingo XVII del tiempo ordinario. Nos presenta tres parábolas sobre Reino de los Cielos. En la primera, encontramos la del tesoro escondido (V.44) en la que nos muestra que la persona se encuentra con un tesoro sin estar buscándolo; se encuentra lo inesperado y reconoce su gran valor, y por su alegría es capaz de despojarse de todo lo que tiene con tal de comprar aquel campo que esconde el tesoro.

La segunda parábola del comerciante de perlas (v. 45-46) es la de aquel que siempre anda buscando las más finas perlas pero cuando se encuentra con una de gran valor, sabe y reconoce que es única, por eso va, vende, se despoja de todas las otras para comprar la perla más fina.
En estas dos parábolas el evangelista nos dice que los que se encontraron con el tesoro y la perla cada uno tomó una actitud de total desprendimiento de lo que tenían para obtener algo mejor como la perla y el campo con el tesoro.
 En estas dos parábolas, nos enseña, la alegría producida por tan maravilloso descubrimiento de encontrar a Cristo en nuestras vida, a tal grado de dejar atrás nuestro anterior estilo de vida y tener un cambio de actitud y renovado estilo de verlas y vivirla, al encontrar a Jesús y el Reino de Dios (tesoro y perla), renunciamos sin pensarlo y sin demora ni condiciones a nuestra antiguo estilo de vida, y adoptamos este nuevo estilo de vida en Cristo, donde anteriormente para nosotros el seguirle era  sacrificio, dolor y tristeza, pero ahora es alegría, gozo y amor, y nuestra visión en Cristo es completamente diferente, comenzando a preocuparnos por dar un testimonio de vida digno que transmita a los hermanos el valor tan precioso que nos acompaña como lo es el tesoro y la perla es decir, Cristo y el Reino de Dios en nuestras vidas.
La tercera parábola es  la de la red de peces y su explicación (V. 47-50); el evangelista nos dice que el pescador al echar la red al mar solo espera a que la red vaya atrapando toda clase de peces ya que la red no distingue entre los peces buenos o malos simplemente va atrapando; en cuanto se llena el pescador lo saca y lo lleva a la orilla y entonces comienza el trabajo de la separación, tirando lo dañoso y guardando lo bueno; luego nos da la explicación de lo que sucederá en los últimos tiempos.
Aquí en esta parábola nos traslada al desenlace, que es la separación para siempre los destinos
En la última parte nos presenta un diálogo entre Jesús y probablemente con sus discípulos (V. 51-52) y en este diálogo podríamos decir que el evangelista nos presenta una cuarta parábola pero como se pone en práctica lo aprendido acerca del Reino de los cielos cuando compara a un escriba con un padre de familia que saca del arca lo nuevo y lo antiguo, es decir, que va completando lo nuevo con lo antiguo y lo antiguo con lo nuevo; No rechaza ni uno ni otro sino que se vale de los dos para entender y dar a conocer el Reino de los cielos.
En la búsqueda del tesoro se puede uno engañar, porque es fácil dejarse llevar por lo que reluce, confiar en lo que no es fiable ni tiene consistencia: “No se hagan tesoros en la tierra donde la polilla y la herrumbre los echan a perder, y donde los ladrones rompen los muros y los roban. Acumulen tesoros en el cielo, donde ni las polillas ni la herrumbre los echan a perder, ni hay ladrones para romper los muros y robar” (Mt 6,19-21).

En la vida hay que comprometerse con algo que nos llene, nuestra vida es una inversión que tenemos que realizar, no existe otra alternativa. Es necesario escoger un tesoro sobre el cual poner todo nuestro empeño, y es justamente de este tesoro del que nos ha hablado la liturgia de hoy

 * Para interiorizar el mensaje, repetiremos:
“Enséñanos a contar nuestros días y alcanzaremos la sabiduría del corazón”.