XXIV Domingo del tiempo Ordinario

XXIV Domingo del tiempo Ordinario

Fri, 14 Sep 18 Lectio Divina - Year B

Jesús en el  evangelio  de este Domingo nos hace una pregunta que   debemos  hacérnosla  con frecuencia ¿Quién dice la  gente  que soy yo?,  ¿Cómo respondemos  cuando Jesús nos hace esta  pregunta? Pensamos  entonces  en el tiempo que hemos  oído hablar de él  y como nuestro crecimiento personal  a  lo largo del tiempo  nos ha hecho cambiar  nuestra comprensión  y relación  con Jesús.
Pensamos  ¿quién fue  Jesús  para  nosotros  en nuestra  niñéz, o mejor  al inicio de  nuestro viaje,  porque el  evangelio  nos dice  que Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe;  caminado, iniciando un viaje en el cual él les daría  a   entender  el misterio de  su pasión, muerte  y resurrección, ¿Quién es él  ahora para nosotros?

Recordemos que  Jesús para «Unos,  era Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» Pero podremos  nosotros  contestar  con la  fe  que tenía  Pedro cuando  Jesús pregunta  a  sus discípulos Y vosotros, ¿quién decís que soy? Y el  lleno de fe  responde «Tú eres el Mesías

Esta  pregunta  más  que una respuesta, merece un convencimiento  profundo de  parte  nuestra de lo que somos , y vivimos,  somos  cristianos  y queremos  vivir como Jesús nos manda, que es lo más difícil, o somos  cristianos  viviendo una  vida  de confort,  sin tener en cuenta nuestro prójimo.

Como a Pedro, también  a nosotros el corazón  nos traiciona, y pensamos  en un Jesús  amigo, fiel, compañero  del   viaje de nuestra  vida,  el mejor  amigo, que  no nos traiciona, y no nos pone  pruebas en el camino. Pero al caminar  con Jesús,  él nos dice “quien  no tome su cruz y me  siga no es  digno de mí”

Es cómodo llamarnos cristianos y tener  una fe  sin obras, sin compromiso, estar tranquilos, pero ser cristianos  bautizados  es dar testimonio de lo que creemos, escuchamos y sentimos: Jesús es nuestra  Salvación. 
Queremos  vivir  bien, no complicarnos  la vida, pero Jesús nos recuerda que para entrar al cielo, hay que confesar que creemos en el nombre de Jesús, no solo de labios,  sino un “sí creo”,  que  nos  exige construir nuestra vida  con  fraternidad, viviendo el perdón sincero, y dando testimonio a nuestra fe.

Para la reflexión personal
a. ¿El Señor me ayuda?
b. ¿La fe se demuestra con obras?
c. ¿Qué lugar ocupo en tu vida?
d. ¿Que decimos cuando, en un ambiente frio u hostil, se nos interroga sobre  nuestra fe?

Oración final
Señor Jesús,  te pido que nos permitas renacer a una vida nueva en Dios,  sé que Tú puedes quitarnos de nuestro interior aquellas pesadas piedras que nos impiden vivir en el Amor y transmitirlo a los demás, infunde en lo más profundo de nuestro corazón tu Espíritu Santo y así proclamamos  que Tú eres la Resurrección