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XXI Domingo del Tiempo Ordinario

XXI Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 19 Ago 24 Amigos

El pasaje de hoy es la conclusión narrativa de todo el discurso del Pan de Vida que hace Jesús después de la multiplicación de los panes y de su revelación que “Él es el Pan de Vida bajado del cielo” Jn.6, 51. Muestra las reacciones opuestas de dos grupos, por un lado «muchos de los que habían seguido a Jesús», es decir un gran número de sus discípulos y por otro los doce. en la medida que Jesús avanza en su discurso y profundiza quién es El, comienzan las deserciones. En esta misma tentación caen los discípulos, dudando de la presencia de Jesús en el partir el pan. Ante las palabras de Jesús sobre “comer mi carne y beber mi sangre”, muchos murmuraban como el pueblo en el desierto (Jn 6,60) y tomaron la decisión de romper con Jesús y con la comunidad “se volvieron atrás y no fueron con él” (Jn 6,66).
 Ya van tres domingos que Jesús nos invita a estar con El brindándonos seguridad con su llamado: Yo soy el pan de la vida. El pan que Jesús da es superior al maná en el desierto porque es un Pan Vivo, es Jesús mismo que nos da la vida eterna, por tanto, es el “verdadero pan”. Como en todos sus discursos y parábolas Jesús maneja una pedagogía viva para cada uno de sus destinatarios. Demuestra que Él es el Pan de la Vida con su crucifixión y muerte, aunque no es entendido por decir que “quien come la carne del Hijo del hombre y bebe su sangre tiene vida eterna”. Jn. 6, 54.  Es el mismo Jesús en persona por tal puede dar vida.
Realmente es un lenguaje muy duro para los oyentes que Jesús dijera que “quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”, además conociendo que era “hijo de José”. Esto realmente termina en una gran crisis, el rechazo total a su persona y a su mensaje (6,66). Ya desde el Prólogo de San Juan se anuncia la posibilidad de recibir y rechazar la Palabra que es Jesús (1, 10-12).  Los contemporáneos de Jesús no pueden pasar de la comprensión del nivel humano al nivel sobrenatural, propio de la fe (6,62-63).  Solamente los doce permanecen junto a Jesús. La fe en Cristo Jesús, Hijo de Dios que Pedro profesa públicamente es algo que viene de Dios. “Señor a quien iremos tú tienes palabra de vida eterna” 6,69.  y nosotros reconocemos que tú eres el Santo de Dios!” Aún sin entender todo, Pedro acepta a Jesús como Mesías y cree en El. En nombre del grupo Profesa su fe en el Pan compartido y en la Palabra a pesar de todos sus límites. Para entrar en el círculo de Jesús hay que aceptar el don del Padre que nos llama a una vida espiritual y entrar en la vida de Jesús o sea creer en El. Pedro en nombre de los apóstoles declara que sí aceptan seguirlo. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida”.  Sólo con la ayuda del Espíritu Santo es posible entender todo el significado de lo que Jesús dijo (Jn 14,25-26; 16,12-13).
¿Esta pregunta de Jesús resuena hoy en nuestros corazones “También tú te quieres ir”? Es en la Palabra y en la Eucaristía donde encontramos la fuerza para seguirlo hasta donde sea, sí, es ahí el lugar concreto donde creemos en la muerte y resurrección de Cristo. Aquí nos unimos a Aquel que murió por nosotros y así somos una sola cosa con quien nos da la vida eterna. El Señor nos enseña desde nuestra humanidad, que sin comer ni beber no hay vida, es así que Él nos hace entender que si no comemos su cuerpo y bebemos su sangre no tenemos vida espiritual, vida eterna. Jesús se manifiesta con signos sencillos y humildes del pan. Benedicto VI nos dice que “haciendo del pan su cuerpo y del vino su sangre Jesús anticipa su muerte, la acepta y la transforma en amor”
El Papa Francisco nos dice al respecto que Jesús ofrece la clave para superar la dificultad: Primero, su origen divino. Él ha bajado del cielo y subirá «adonde estaba antes». Segundo: sus palabras se pueden comprender sólo a través de la acción del Espíritu Santo, «quien da vida». Es el Espíritu Santo el que nos hace comprender bien a Jesús. Tercero: la verdadera causa de la incomprensión de sus palabras es la falta de fe: «hay algunos de entre vosotros que no creen», dice Jesús.
Las tres lecturas son una afirmación de fe en el amor del Señor: La primera nos demuestra la teología del pueblo de Dios. Es recordar las maravillas que Dios ha hecho en su pueblo, creer en El, es cumplir su alianza, vivir en continua conversión, no hacer ídolos “nosotros serviremos al Señor porque Él es nuestro Dios”.
La segunda lectura Ef.5,21-32 invita a las parejas a ser creyentes por tanto evangelizadores. Es importante ser profetas en la propia familia y con la sociedad. Cuando los esposos se aman dan testimonio del misterio de amor que el Señor ha revelado al mundo con su muerte y resurrección. San Pablo quiere decir que el amor conyugal ha de ser como el amor de Cristo a su Iglesia es decir para cada uno de nosotros sin merecerlo. Cristo nos invita al crecimiento en la fe con la cual acogemos la Palabra de Dios que nos da Vida.
El Salmo 33: “Bendeciré al Señor en todo tiempo” quienes escuchan la Palabra del Señor con fe y humildad sienten la cercanía del Señor, viven felices haciendo su voluntad, porque han puesto toda su vida en la misericordia del Señor.
Terminamos pidiendo a María Santísima que interceda para que cada día dejemos que el Señor viva en nosotros. Que crezcamos en confianza total a Él bien sea en las alegrías, gozos y dificultades en nuestro caminar.  María Santísima no hubiera sido Madre de Dios si no hubiera creído en El (Lc 1,45;11,27-28). La maternidad divina fue consecuencia de su fe. Madre María Oliva Bonaldo reconoce en María la fuente de la Palabra con la profesión de fe de Pedro (Jn 6,69) es Cristo Palabra de Vida porque ella ha tenido esta Palabra en su seno Virginal