Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén

Mar, 23 Mar 21 Lectio Divina - Año B

Estamos frente a un texto de la segunda parte del evangelio según san Marcos. Es pertinente recordar que del capítulo 8 en adelante se tiene una clave de lectura que busca responder a la pregunta: ¿Quién es el discípulo? Con la mirada puesta en esta pregunta es bueno acercarse al pasaje que acompaña este domingo, entendiendo que todos somos discípulos de Jesús y por ello debemos reconocer las actitudes de un auténtico discípulo. En este capítulo se muestra un aumento considerable de la presión generada por los que quería darle muerte a Jesús. Su entrada a Jerusalén se presenta con gran júbilo por parte del pueblo y con gran sobriedad por parte de quien aclaman como rey, Jesús. La escena inicia mostrando el dinamismo que caracteriza a Jesús en el evangelio de Marcos: éste se encontraba de camino hacia Jerusalén. Muestra inmediatamente que su actitud no es la pasividad, sino que los que quieran seguirle deben sumarse a su peregrinar.

La entrada a Jerusalén está marcada por el anuncio mesiánico. Pero es un Mesías que se presenta de un modo particular. No es un rey que llega acompañado de majestuosidad, sino que se acerca a su pueblo en un burro, lo que le permite a gran parte de la comunidad el poder acercarse, tanto así que se siente como parte del pueblo. El detalle que presenta al inicio, en donde Jesús manda a dos de sus discípulos para pedir prestado el burro con el cual piensa subir a Jerusalén, muestra evidentemente la sencillez que caracteriza este nuevo reinado que viene a establecerse; y al mismo tiempo denota un reino de justicia, al justificar que devolverá el asno una vez que deje de necesitarlo. El pueblo judío tenía claro que el Mesías vendría a traer un reino de justicia y de paz, aspectos que distinguen el papel mesiánico de Jesús en esta escena, por el cual el pueblo lo reconoce como el verdadero Mesías al notar con esta imagen a un rey que se acerca a Jerusalén montado en un burro, cuestión que les recordó la profecía de Zacarías 9, 9.

El cumplimiento de la profecía en la figura de Jesús ayudó a que el pueblo lo aclamara como el verdadero Mesías que se acerca para tomar posesión de su trono. Justamente los versículos 9 y 10 de este pasaje, muestran la aclamación del pueblo: “Hosanna. Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino de nuestro padre David que llega. Hosanna en las alturas”. Esta expresión en los labios del pueblo deja claro la visión mesiánica que ellos esperaban. El reinado de David es aclamado en este pasaje, pero Jesús no establece un reino físico, sino que su reinado viene a establecerse, no con las prerrogativas humanas, sino con los planes y proyectos de Dios. La concepción errada y la insuficiente capacidad para entender las palabras de Jesús, vuelven a salir a flote en este pasaje.

De esta manera, Jesús se presenta como Rey, viene a establecer un reinado un tanto particular, que no pasa a ser comprendido por los suyos y que en líneas generales vemos como en este pasaje está brindando las herramientas para distinguir que la Justicia y la paz serán dos aspectos que ya se muestran en este nuevo Reino.

Contemplación: Ya hemos revisado algunos elementos formales presentes en el texto que corresponde para este domingo. Ahora hay que hacer una lectura que ayude a centrar la mirada en el Cristo crucificado y desde allí poder contemplar la vida misma. Se debe iniciar esta contemplación con la invitación que se hace en todo el evangelio de San Marcos, a ser verdaderos discípulos de Jesús, quien se encuentra de camino y va invitando a todos los que se presentan a su paso a formar parte de este discipulado, el cual está determinado en la cruz, desenlace que presenta el evangelio de Marcos a todos los discípulos; es decir, no es otra cosa, sino que cada quien tome la cruz que ha recibido la acepte por amor y siga los pasos como un verdadero discípulo de Jesús, quien nunca rechazó la cruz, sino que la asumió y continuó su camino hasta la crucifixión.
Unido a esto, hay que hacer un esfuerzo por alcanzar la contemplación de Jesús como verdadero Mesías, presente en detalles muy sencillos pero que componen toda esta dinámica de cómo Dios habla a los hombres y, del mismo modo, el cómo los hombres deben responderle a Dios. En este sentido, la contemplación debe llevarnos a centrar la mirada en quién es Jesús para mí, cómo puedo reconocer que Él es el Mesías de mi vida, como puedo centrar todos mis propósitos en la búsqueda del Reino que Él viene a establecer. Esta es la misión que como discípulos de Jesús tenemos: reconocer nuestra cruz y centrar la mirada en el reino de Dios.

Luego de esto, una lectura litúrgica de este pasaje nos ayuda a disponer nuestro espíritu a la celebración del Misterio Redentor: Cristo con su pasión, muerte y resurrección. Como miembros de la Iglesia, año tras año celebramos este misterio y estamos llamados a hacer una constante revisión de vida para ir identificando qué cosas hay en cada uno, que pudiesen separarnos del mensaje del Reino de Dios. Puede ser que esta celebración y la escucha de este pasaje evangélico no sea nada novedoso, pero por nuestra constante revisión de vida, el mensaje del evangelio siempre tendrá elementos nuevos que nos ayudaran a profundizar en su palabra, de modo que podríamos preguntarnos: ¿cómo me estoy preparando para la celebración del misterio redentor de Cristo, siendo que Él se presenta como Rey y me invita a mí a ser parte de su Reino?

Propósito: 
Ante la celebración de la Semana Mayor, hagamos revisión de las obras de misericordia espiritual, teniendo como clave que son estas obras, las que me dan indicios de un auténtico discipulado inmerso en un reino de justicia y paz que viene a establecer Jesús.