XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 20 Sep 21 Lectio Divina - Año B

Este domingo continuamos la lectura del Evangelio de San Marcos, en su noveno capítulo. Todo comienza con la intervención de Juan, que en nombre de los discípulos le acerca a Jesús una experiencia ocurrida al observar a una persona expulsar demonios en su nombre. Visiblemente Juan expresa todo esto a Jesús en un tono escandalizado. Los discípulos intentan impedir que una persona expulse demonios en nombre de Jesús, siendo el argumento de Juan “no es de los nuestros”. Esta frase nos acerca el sentido de pertenencia de los discípulos a esta comunidad que conformaban entorno a su maestro Jesús. Por lo tanto todo aquel que no pertenecía a esta comunidad, era visto a los ojos de estos como extraños, e inhabilitados a sanar o expulsar demonios; siendo de esta manera los poderes de obrar milagros, una exclusividad de los discípulos.
La respuesta de Jesús los toma por sorpresa: “No se lo impidan”. Jesús aprovecha la ocasión para enseñarles que el poder de Dios puede obrar cosas buenas y hasta prodigiosas incluso fuera de este círculo, y que se puede colaborar con la causa del Reino de diversas maneras. Esto es conocido también como “semillas del Verbo”, es decir ciertos rasgos y características propias del Evangelio también se encuentran por fuera de la comunidad eclesial. Todo lo que es bueno viene de Dios.
La escena es sorprendente. Los discípulos se acercan a Jesús con un problema. Esta vez, el portador del grupo no es Pedro, sino Juan, uno de los dos hermanos que andan buscando los primeros puestos. Ahora pretende que el grupo de discípulos tenga la exclusiva de Jesús y el monopolio de su acción liberadora. Vienen preocupados. Un exorcista no integrado en el grupo está echando demonios en nombre de Jesús.
Los discípulos no se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana; solo piensan en el prestigio de su propio grupo. Por eso, han tratado de cortar de raíz su actuación. Esta es su única razón: "No es de los nuestros". Los discípulos dan por supuesto que, para actuar en nombre de Jesús y con su fuerza curadora, es necesario ser miembro de su grupo. Nadie puede apelar a Jesús y trabajar por un mundo más humano, sin formar parte de la Iglesia. ¿Es realmente así? ¿Qué piensa Jesús? Sus primeras palabras son rotundas: "No se lo impidáis". El Nombre de Jesús y su fuerza humanizadora son más importantes que el pequeño grupo de sus discípulos. Es bueno que la salvación que trae Jesús se extienda más allá de la Iglesia establecida y ayude a las gentes a vivir de manera más humana. Nadie ha de verla como una competencia desleal.
Jesús rompe toda tentación sectaria en sus seguidores. No ha constituido su grupo para controlar su salvación mesiánica. No es rabino de una escuela cerrada sino Profeta de una salvación abierta a todos. Su Iglesia ha de apoyar su Nombre allí donde es invocado para hacer el bien.  No quiere Jesús que entre sus seguidores se hable de los que son nuestros y de los que no lo son, los de dentro y los de fuera, los que pueden actuar en su nombre y los que no pueden hacerlo. Su modo de ver las cosas es diferente: "El que no está contra nosotros está a favor nuestro". En la sociedad moderna hay muchos hombres y mujeres que trabajan por un mundo más justo y humano sin pertenecer a la Iglesia. Algunos ni son creyentes, pero están abriendo caminos al reino de Dios y su justicia. Son de los nuestros. Hemos de alegrarnos en vez de mirarlos con resentimiento. Hemos de apoyarlos en vez de descalificarlos. Es un error vivir en la Iglesia viendo en todas partes hostilidad y maldad, creyendo ingenuamente que solo nosotros somos portadores del Espíritu.