Las antífonas O

Las antífonas O

Jue, 16 Dic 21 Formación litúrgica

Del 17 al 23 de diciembre vivimos los días inmediatamente anteriores a la Navidad: la Iglesia los celebra con particular e intensa expectación y pone en los labios de los fieles una invocación que es casi un grito, pidiendo al Señor que acelere su venida.
Son las llamadas antífonas "O", porque todas comienzan con esta exclamación. La liturgia del rito romano tiene siete, una para cada una de las siete "fiestas mayores" y todas ellas están dirigidas a Jesucristo.
Encontramos esta invocación tanto en la celebración eucarística, como verso aleluyático antes de la proclamación del Evangelio, como en la Liturgia de las Horas, en la celebración de las Vísperas, como antífona del Magnificat.
Se trata de una serie de invocaciones mesiánicas que imploran al prometido en el Antiguo Testamento como Salvador; de hecho, los textos se hacen eco de las grandes profecías mesiánicas. Cada antífona concluye con la petición suplicante: ¡Ven! Un grito que la Iglesia eleva a su Señor ya como la última palabra del libro del Apocalipsis: ¡Ven, maranatha!
Percibamos el aliento de esta Voz y caminemos en el Espíritu de la Iglesia que es nuestra Madre y Compañera en la búsqueda amorosa del Rostro de Jesús; de ella y en ella percibimos el susurro tierno y fuerte del Señor. Al aliento de las Antífonas unamos el nuestro, escuchando atentamente sus pasos que se acercan...
No conocemos al autor de estas antífonas, pero por la belleza y sencillez de los textos intuimos que conoce el secreto íntimo del asombro, que le gusta la fragancia de las palabras, la esencia de la alabanza y el asombro. Cada uno de nosotros, contemplando el Misterio de la Navidad con el corazón lleno de asombro, podría escribir sus propias antífonas de alegría, como hacen los niños mientras admiran el belén. ¡Ohhh!

I - 17 de diciembre Oh Sabiduría, que sale de la boca del Altísimo, se extiende hasta los confines de la tierra y dispone de todo con dulzura y fuerza: ven, enséñanos el camino de la sabiduría.
 Oh Sabiduría, niña esperada en los afanes de este tiempo que transcurre entre la vida y la muerte. Nosotros aquí, navegantes de la esperanza, esperamos verte emerger.
¡Oh, sabiduría! Siete columnas de cedro fragante; Templo que da sentido a nuestro deseo de lo Eterno. ¡Ven! Eres tú quien satisface nuestra búsqueda de un Tú en el que podamos encontrarnos.

II - 18 de diciembre Oh Señor, jefe de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en el fuego de la zarza y en el monte Sinaí le diste la ley: Ven y líbranos con brazo poderoso.
En la noche del tiempo que fue, desde el seno del Padre, el Verbo tomó fuego, un destello de luz para desentrañar las tramas de las tinieblas... Un sonido... polen de amor preñado...
¡Ven y libéranos del engaño que nos embarga para buscarte donde no estás!

III - 19 de diciembre Oh retoño de Jesé, que te levantas como señal para los pueblos: Los reyes de la tierra callan ante ti, y las naciones te invocan: ven y líbranos, no tardes.
Oh, primicias de toda raíz, joven cepa; Los poderosos son mudos, no tienen aliento En las trampas de su orgullo. Las fronteras os llaman, terrones de humanidad con ojos suplicantes...
¡Vengan a liberarnos, no se demoren!

IV - 20 de diciembre Oh llave de David, cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir: ven, libera al hombre cautivo que yace en las tinieblas y en la sombra de la muerte. Abres el anhelo de paz, la sed de infinito, las cumbres de los sueños que nunca se han apagado... Nadie puede cerrar los caminos ocultos del corazón...
Ven, libera al hombre de las rejas del mal, de la sombra de la sospecha.

V - 21 de diciembre Oh estrella naciente, esplendor de luz eterna, sol de justicia: ven, ilumina a los que yacen en las tinieblas y en la sombra de la muerte.
¿Cuánto tiempo debe buscarte mi alma? ¡Cuánto tiempo hay que esperar para el Esperado! En mis noches te he buscado, he rodeado la ciudad; en las plazas he caminado, ciervo solitario, hambriento de ti que estás presente siempre más allá...
Ven, Estrella que se levanta en mi ermita, ven a iluminar a los que duermen en esta oscuridad de luces cegadoras de sonidos y palabras... ¡Ven, Palabra Amorosa!

VI - 22 de diciembre Oh Rey de los Gentiles, esperado por todas las naciones, piedra angular que une a los pueblos en uno solo: Ven, y salva al hombre que formaste de la tierra.
Señor único de la historia, da solidez a esta frágil humanidad. Eres el alfarero paciente que insufla pasión a la arcilla... Siete pilares de alabastro precioso eres...
¡Ven, y salva al hombre que la tierra ha moldeado!

VII - 23 de diciembre Oh Emmanuel, nuestro Rey y Legislador, esperanza y salvación de los pueblos: ven y sálvanos, Señor Dios nuestro. Oh Emmanuel, Soplo del Padre, aliento primordial, brisa que envuelve y cubre... Ven y sálvanos, rompe nuestros cercos de miedo...
Ven, y libéranos como una fragancia, bailando el silencio...
Cuando salga el sol, veréis al Rey el Rey de reyes: Como el novio que sale de la cámara nupcial, viene del Padre.
De dónde vienes, Rey de reyes, intérprete de la flauta... mojado por el rocío... ¡Tienes el rostro de la maravilla! pero ¿eres realmente el Hijo que da sentido a mi aliento suspendido? ¿Eres el Esposo que sale del jardín de los aromas? ¿Eres el apasionado que sale de la cámara nupcial? Esperando... en este corto sábado de tiempo. ¡Siete pilares entre la tierra y lo inmenso eres, salterio sin sol, canto que alimenta el Retorno de ti!