I Domingo de Cuaresma

I Domingo de Cuaresma

Dom, 03 Mar 19 Lectio Divina - Año C

En este primer Domingo de Cuaresma, el inicio del Evangelio nos pone en evidencia: la prueba, el desierto y el ayuno que nos conducen al tema central: "las tentaciones de Jesús". La narración lucana de las tentaciones va precedida por la genealogía de Jesús, que asciende hasta Adán: se presenta a Jesús como el nuevo comienzo de la humanidad. Como el primer hombre y como todo hombre, es sometido a la tentación.

Jesús está bajo el Espíritu Santo para ver qué cosa hace. En este caso se encuentra en el desierto para ser tentado y ser tentado por el diablo. Aquí encontramos el primer nombre de este personaje que en el pasaje se encuentra en los vv. 2,3 y 13: diablo.  De hecho, diablo es un término griego: diabolos, deriva de un verbo: diabolei que significa literalmente, actuar bajo, actuar en medio. Tiene un significado de división, que separa, un cisma, un alejamiento donde hay comunión. En este caso el plan del diablo es separar a Jesús del plan de Dios. Y es aquí que Jesús sintió más fuerte la sugerencia del espíritu malo para que se desviara se su misión.

En un momento de total lucidez, cuando Jesús se sentía espiritualmente fortalecido por su ayuno, el diablo tienta de persuadirlo que es imposible cumplir su misión.  Cuarenta días de soledad total y de ayuno; Jesús experimenta su fragilidad como criatura - tiene hambre. Los cuarenta días transcurridos en el desierto son una cifra simbólica: recuerdan los cuarenta años del Éxodo del pueblo de Israel (Dt 8,2) y aluden además a los cuarenta días de ayuno de Moisés en el Sinaí (Ex 34,18) y al camino de Elías al Horeb (1Re 19,8).

Estructura
La primera tentación: (vv. 3-4) "Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan." Jesús encontrándose en el desierto, siente hambre, Él que disponía de la fuerza del espíritu ¿no podía aprovechar de esta fuerza cuando su cuerpo desfallecía por el hambre? Jesús se niega a servirse a sí mismo y decide servir sólo a Dios. La respuesta de Jesús, utiliza el texto del Dt 8,3 "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Esta primera tentación gira en torno de los bienes materiales simbolizados por el pan. El diablo sabe cuán frágiles somos y nos tienta con la perspectiva de un progreso ilimitado, de un cada vez más abundante bienestar, hasta nunca saciarse. Frente a la sedienta búsqueda de los bienes materiales, algunas veces exageradamente, Jesús nos recuerda que "no sólo de pan vive el hombre", sino que, para alcanzar la vida plena, necesitamos también vivir conforme a las "palabras que salen de la boca de Dios".

La Segunda tentación: (vv. 6-8) "Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque me la han entregado a mí y yo se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya". La segunda tentación es la del poder, la vanidad, del endiosamiento de la propia persona. Jesús no trata de someter; sino de estar sometido a Dios con un amor exclusivo. Jesús no le reprocha al diablo, sino lo rechaza para no tentar a Dios. Jesús nos recuerda que "sólo a Dios debemos rendir culto". Nos invita a ponernos en actitud de humildad, de aceptarnos como somos, con nuestros límites, a recordarnos que la riqueza, prestigio, autoridad son "criaturas" de Dios. Quien las posee ha de utilizarlas con amor al servicio de los hermanos, al servicio de la comunidad.

La tercera tentación: (vv. 10-12) finalmente, el diablo  conduce a Jesús al desierto y se pone delante de Jesús para hacerlo caer: "Si eres  Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden. Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna". Se trata de la tentación del abandono de la propia responsabilidad, del éxito, que el diablo presenta camuflada con la Palabra de Dios, Jesús replica con otro texto de la Escritura (No tentarás al Señor, tu Dios" Dt 6,16), manifestando su total abandono a la disposición del Padre. Jesús mismo conducido por el Espíritu va al desierto como una prueba necesaria, también nosotros necesitamos en ciertos momentos ir al desierto o que Dios nos ponga en el desierto, es decir, a solas con nuestra pobreza de criaturas humanas, para saber cuánta falta nos hace Dios en nuestras vidas.

El Evangelio coloca a propósito las tentaciones del desierto ,para decirnos que Jesús vence al Espíritu del mal incluso antes de comenzar  su misión. Estas tentaciones constituyen el paradigma de cualquier otra tentación, por eso el diablo, completadas todas las tentaciones, se aleja de Jesús "hasta el momento oportuno" (v.13): será la hora de la pasión, del poder de las tinieblas, la hora de la última prueba decisiva. La victoria de Jesús sobre la prueba, nos enseña a luchar, afrontar las tentaciones, a ser fuertes en las tribulaciones y a ser fiel a Dios en cada momento de nuestra vida. San Agustín en su comentario sobre los salmos dice: "Nuestra vida, en efecto, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones". Es así, que el Evangelio nos invita a superar las tentaciones que se presentan en nuestras vidas, así como lo hizo Jesús: Ante la tentación de la posesión sin medida de los bienes materiales, respondamos con Jesús: "No sólo de pan vive el hombre".

Ante la tentación de idolatrar el dinero, el placer, la vida "cómoda", respondamos con Jesús: "A Dios sólo adorarás". Ante la tentación de querer luchar solos, de caer en la desesperanza, de no sentirnos hijos muy amados del Padre, respondamos con Jesús: "No tentarás al Señor tu Dios"

Para confrontar la propia vida
Revisando  mi propia vida y la de la comunidad a la cual pertenezco, ¿Puedo decir que he  vivido momentos  de  caminar  en  el  desierto?  ¿Cómo  han  sido  vividos? ¿Cuál  ha  sido  el resultado? ¿Qué  elementos de este pasaje  ayudan para  dar nuevos  pasos en el camino de maduración cristiana, es decir, para la total identidad con el Maestro?
¿En qué consiste la tentación? ¿De qué manera concreta se manifiesta en mi vida? ¿Qué me enseña el comportamiento de Jesús en el relato de las tentaciones? ¿Qué fruto debe dejar en uno la victoria sobre la tentación?
¿Qué  programa  concreto  le  propone  este  pasaje  a  una  persona  y  a  una  comunidad cristiana que quiere vivir seriamente el tiempo litúrgico de la Cuaresma?¿Qué propósitos me voy a hacer para vivir mejor esta Cuaresma?¿En qué aspectos o hechos concretos de mi vida el Señor me está invitando a vivir una pascua? ¿Sobre qué quiero cantar victoria en la celebración pascual que está por venir? Sugerimos tomar en este fin de semana un tiempo para organizar el “programa cuaresmal” e incluirlo en el proyecto personal de vida. Es bueno hacerlo con el apoyo del acompañante espiritual.