II Domingo de Cuaresma

II Domingo de Cuaresma

Dom, 10 Mar 19 Lectio Divina - Año C

La escucha del Maestro acompaña todas las etapas del discipulado, pero particularmente cuando la “Palabra” es la de la “Cruz”. Una vez que Pedro y sus compañeros han quedado impactados en el primer anuncio de la Pascua de Jesús, deben ampliar sus horizontes para comprender que el camino doloroso de Jesús culmina en la Gloria. “¿No era necesario que el Mesías padeciera eso y entrara así en su gloria?” (Lucas 24,26), les pregunta el resucitado a los peregrinos de Emaús. La perspectiva de este término del camino es anticipada profundizada en el relato de la Transfiguración de Jesús que ahora vamos a leer. La perspectiva de Jerusalén, donde terminaron las tentaciones (ver Lucas 4,9), donde Jesús y el diablo se han dado cita para la confrontación final (ver 22,53), precisamente allí donde los profetas ha sido abatidos (ver 13,33), aparece en el centro del diálogo entre los tres profetas glorificados: Jesús, Moisés y Elías. Dice Lucas: “hablaban de su partida (=éxodo), que iba a cumplir en Jerusalén ”(v.31).

El Evangelio nos invita, pues a entrar en este diálogo en el que se escruta atentamente el sentido del sufrimiento, de la debilidad y de la pobreza que salvan por el misterioso camino del “Hijo” a quien el Padre nos pide “escuchar”, que es lo mismo que “seguir”.

El contexto
La escena se sitúa en “la montaña” y en presencia de “Pedro, Santiago y Juan”. Estos tres apóstoles son testigos de los principales hechos del ministerio de Jesús y representan a la Iglesia.
Pocos días antes Jesús había anunciado que Él, el Hijo del hombre, debía ser rechazado y crucificado por las autoridades Lc. 9, 22; Mc 8,31 ). Según la información el Evangelio de Marcos y del de Mateo, los discípulos, sobre todo Pedro, no entendieron el anuncio de Jesús y quedaron escandalizados por la noticia. Jesús reaccionó duramente y se dirigió a Pedro llamándolo Satanás (Mt 16,23; Mc 8,33). Y esto porque las palabras de Jesús no respondían al ideal de Mesías glorioso que ellos tenían en su mente. Lucas no habla de la reacción de Pedro, de la dura respuesta de Jesús, pero cuenta, como hacen los otros, el episodio de la Transfiguración, entendido por él como una ayuda por parte de Jesús para que los discípulos pudieran superar el escándalo y cambiar de idea respecto al Mesías (Lc 9,28-36 ). Llevando consigo a los tres discípulos, Jesús sube a la montaña a rezar, y en la oración, se transfigura.
En el curso de la lectura del texto es bueno observar lo que sigue: ¿quiénes aparecen en la montaña para conversar con Jesús? ¿Cuál es el tema de la conversación? ¿Cuál es la conducta de los discípulos?

Para Profundizar el tema
En los dos capítulos precedentes el Evangelio de Lucas, se impone la novedad traída por Jesús y crecen las tensiones entre el Nuevo y Antiguo Testamento. Al final Jesús se da cuenta que ninguno había entendido su propuesta y mucho menos su persona. La gente pensaba que era como Juan el Bautista, Elías o cualquiera de los profetas (Lc 9, 18-19) Los discípulos lo aceptaban como el Mesías pero un Mesías glorioso, según la propaganda del gobierno y de la religión oficial del templo Lc 9, 20-21). Jesús trató de explicar a los discípulos que el camino previsto por los profetas era un camino de sufrimiento, por el papel asumido hacia los marginados, y el discípulo podía ser tal, solo si tomaba su cruz (Lc 9, 22-26). Pero no tuvo mucho éxito. Y en ese contexto de crisis es cuando sucede la transfiguración.

En los años 30, la experiencia de la Transfiguración tuvo un significado muy importante en la vida de Jesús y de los discípulos. Les ayudó a superar crisis de fe y a cambiar sus propios ideales respecto al Mesías. En los años 80 época en la que escribe Lucas para sus comunidades cristianas de Grecia, el significado de la Transfiguración se intensificó y se propagó. A la luz de la Resurrección de Jesús y de la expansión de la Buena Nueva entre los paganos en casi todos los países, desde Palestina hasta Italia, la experiencia de la Transfiguración comenzaba a ser vista como una confirmación de la fe de las comunidades cristianas en Jesús Hijo de Dios. En el Evangelio de Lucas los dos significados están presentes en la descripción e interpretación de la Transfiguración.

Varias veces Jesús había entrado en conflicto con las gentes y con las autoridades religiosas y civiles de la época. Él sabía que no le permitían hacer aquello que estaba haciendo. Antes o después lo entenderían. Además, en aquella sociedad, el anuncio de Reino, como lo hacía Jesús, no estaba tolerado. O daba marcha atrás o le esperaba la muerte. No había otra alternativa. Pero Jesús no retrocede. Por esto en el horizonte aparece la cruz, no ya como una posibilidad sino como una certeza ( Lc, 9,22 ). Junto a la cruz aparece la tentación de continuar el camino del Mesías Glorioso y no el Siervo sufriente Crucificado, anunciado por el profeta Isaías. En esta hora difícil, Jesús sube a la montaña para orar, llevando consigo a Pedro, Santiago y Juan. En la oración encuentra la fuerza para no perder la dirección de su Misión.

Apenas Jesús ora, su aspecto cambia y aparece glorioso. Su rostro cambia de aspecto y su vestido aparece blanco y refulgente. Es la gloria que los discípulos imaginaban para el Mesías. Este cambio de aspecto les demostraba que Jesús de hecho, era el Mesías que todos esperaban. Pero lo que sigue en el episodio de la Transfiguración indicará que el camino hacia la gloria es muy distinto del que ellos imaginaban. La Transfiguración será una llamada a la conversión.
Junto a Jesús en la misma gloria, aparecen Moisés y Elías, los dos mayores exponentes del Antiguo Testamento que representaban la ley y los Profetas. Hablan con Jesús del “éxodo que debería llevar a cumplimiento en Jerusalén”. Así, delante de sus discípulos, la ley y los profetas confirman que Jesús es verdaderamente el Mesías Glorioso, prometido en el Antiguo Testamento y esperado por todo el pueblo. Además confirman que el camino hacia la Gloria, pasa por la vía dolorosa del éxodo. El éxodo de Jesús es su Pasión, Muerte y Resurrección.

Por medio de su éxodo, Jesús rompe el dominio de la falsa idea divulgada, tanto por el gobierno como por la religión oficial y que mantenía a todos enmarcados en la visión de un Mesías Glorioso nacionalista, sería un descubrir el nuevo significado del Reino de Dios.
Los discípulos estaban profundamente dormidos. Cuando se despertaron pudieron ver la gloria de Jesús y los dos hombres que estaban con Él. Pero la reacción de Pedro indica que no se dieron cuenta del significado de la gloria con que Jesús aparecía delante de ellos. Como nos sucede también tantas veces, solo nos damos cuenta de lo que nos interesa. El resto escapa a nuestra atención. “Maestro, bueno es estarnos aquí”. Y no queremos descender de la montaña.
Una voz sale de la nube: “ Este es mi Hijo, mi Elegido, escúchenlo” Después de Moisés y Elías, ahora es el mismo Dios quien presenta a Jesús como Mesías- Siervo que llegará a la gloria mediante la cruz y nos deja una advertencia final: ¡Escúchenlo!
Él es la Palabra de Dios para los discípulos: ¡Escúchenlo! El pasaje evangélico de la Transfiguración del Señor viene a ser una especie de oasis en medio de la Cuaresma con cambio en las tonalidades de otros domingos. Es como una parada de respiro para tomar fuerzas para seguir adelante con el mismo significado con que en la vida social o familiar se interrumpe su monotonía.

Si nos adentramos meditativamente en este episodio, necesitamos evocar el texto del domingo pasado sobre las tentaciones de Jesús. Las tentaciones del desierto descubren el lado humano de aquel hombre que siente hambre, pero permanece fiel a la misión encomendada por Dios.
El contacto con la Eucaristía debe producir la virtud de la trasparencia para que se pueda decir lo que las gentes decían del cura de Ars: “Hemos visto a Dios en un hombre” Como los Apóstoles del Tabor, el cristiano es también un hombre al que Cristo se le ha trasfigurado. El relato termina con una palabra significativa: Cuando todo pasó no encontraron a nadie más que a Jesús solo. Porque Él es el único necesario y Él solo basta.

Oración final
Señor Jesús, imagen de la majestuosa gloria del Padre, luz de luz, rostro del amor, haznos subir a tu presencia en el monte santo de la oración y del diálogo con el Padre. Conquistados por su fulgor, quisiéramos con Pedro, que nos mantuvieras siempre contigo en el monte donde el amor y la gloria se funden, pero nuestro corazón se extravía ante el pensamiento del bautismo de sangre por el cual debemos encaminarnos para participar de tu vida. Concédenos como a los tres Apóstoles Pedro, Santiago y Juan el don de ver más allá de nuestra vida cotidiana, para que la cruz también se trasfigure y ya no nos infunda temor. Amen.

P. Marino Gobbin en: Lectio Divina Año C por Anthony Cilia