XV Domingo del Tiempo Ordinario

XV Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 06 Jul 20 Lectio Divina - Año A

Hermanos, en esta lectura del evangelio de San Mateo, Jesús nos habla a través de una parábola. Sobre el reino de Dios y el crecimiento de la fe que tenemos como cristianos; vivir en el mundo de hoy como Iglesia que somos. Tenemos una misión que es proclamar el reino de Dios, y a Jesucristo que murió por nosotros. Debemos comprender los mensajes que Jesucristo  nos muestra siempre y a lo que nos invita cada palabra del Señor.
En el evangelio Jesús le habla en parábolas a la gente sobre un sembrador y las semillas, ese sembrador salió a sembrar y a trabajar. ¿Qué nos quiere decir Jesucristo? Que Dios siempre está trabajando  en pro de nosotros y está regando sus semillas a buenos y a malos, a ricos y a pobres. No hay favoritos ni distinciones sociales, si no que está sembrando en toda la tierra y el sabe cuales serán los frutos de cada uno de nosotros, y ni así deja de esparcir su semilla; esa semilla es su palabra que cada día nos transmite a través de los evangelios.

Diremos de qué le sirve regar su semilla por el camino, de qué le sirve que caiga en piedra pedregosa o en espino, si sabemos que en una tierra buena da su mejores frutos, esto a qué nos quiere llevar, a ir más allá y no quedarnos en el camino esperando  a que nos consuma el pecado porque no comprendemos la palabra del señor, tampoco estar estacado en piedras pedregosas, porque nuestro corazón se ha vuelto de piedra, porque tenemos poca fe cuando llega una dificultad y nos sentimos abandonados por Dios y perdemos la esperanza, sembrando en espinos, no seamos llamados a ser del mundo, a la seducción  de cosas materiales.  Alcancemos  esa tierra de buenos frutos, escuchemos la palabra de Dios y pongámosla  en práctica para dar los mejores frutos.

El sembrador hizo su parte que es sembrar la semilla, si el sembrador no lo hubiera hecho porque tres de sus siembras no dieron frutos, y la última no hubiera dado buenos frutos, nos invita a no rendirnos en el camino. Seguir regando la palabra de Dios aunque sea una persona independientemente de su condición en ella se pueda dar su conversión  y deje que crezca en el y dé bueno frutos. Debemos ser nosotros como iglesia, sembradores de la palabra de Dios, ser seguidores de cristo.

Podemos decir que es un mal sembrador porque hizo lo que no tenia que hacer, el sembrador cumplió  su parte que era esparcir sus semilla, así mismo lo ha hecho Dios con nosotros, Dios no es culpable de lo que nos pasa, no es culpable. A Él que hace las buenas acciones le echamos la culpa de las cosas. Somos nosotros los culpables por ser débiles al no hacer la voluntad de Dios.

Puedo ser rico sin dejarme llevar por la riqueza y los lujos, vivir en el mundo sin ser seducido de las cosas del mundo, que nos alejan de Dios. Somos empujados por los medios de comunicación, los podemos usar para transmitir cosas buenas que nos lleve a un encuentro con Jesucristo. A pesar del mundo en que vivimos lleno de violencia, debemos ir creciendo en ese ambiente. Cuando hay anhelo de verdad y de paz, es ahí donde está el reto de no caer en el consumismo egoísta de esta sociedad, y llevar una vida sencilla y humilde en el amor de Dios.

El Señor no nos pone cosas malas, están ahí para poder superar pruebas y no desesperarnos,  tener esperanza de conversión paso a paso. Dios nos va mostrando que es posible pasar de un mal estado a un estado de buena tierra, podemos ver que la tierra buena sigue siendo el mismo sembrador y las mismas semillas y ¿por qué produce en unos cientos, en otros setenta y en otros treinta? Así es la palabra de Dios, siempre va hacer la misma para todos, es  el mismo significado siempre. Se mira el terreno en qué condiciones está; para que pueda dar frutos debemos vernos a nosotros mismos en qué condiciones se encuentra nuestros corazones para poder escuchar la palabra de Dios y dar buenos frutos. Los invito a que nos pongamos a evaluar nuestra disposición para escuchar la palabra de Dios.

Me llama la atención donde Jesús dice al final de la parábola, el que tenga oídos que oiga; y se me viene a mi mente el salmo 115(113B) sé que ahí habla de los ídolos, pero todavía tenemos esos ídolos como la televisión, el celular. Todo aquello que nos aparta de Dios. Hay una parte que siempre me ha gustado, donde dice: tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen. Tenemos boca y no anunciamos el reino de los cielos, tenemos ojos y no queremos ver el camino correcto que Dios nos ha mostrado para que lo sigamos, tenemos oídos y no queremos escuchar la palabra de Dios.

Para nuestra reflexión les sugiero las siguientes preguntas
- ¿Es nuestro corazón tierra fértil para la semilla la palabra?
- ¿Qué nos impide escuchar hoy la palabra de Dios?
- ¿Somos sembradores auténticos de semilla de fe y esperanza?