XXXIII Domingo del Tempo Ordinario

XXXIII Domingo del Tempo Ordinario

Lun, 12 Nov 18 Lectio Divina - Año B

El año litúrgico toca a su fin. En consecuencia, los textos litúrgicos también se vuelven hacia el fin absoluto de la historia. No se dan fechas ni detalles precisos. Se emplea un lenguaje apocalíptico, que habla de un futuro triunfal ante un presente adverso No es un futuro histórico, sino escatológico, definitivo, de consumación de la historia. Se caracterizará por la “venida del Hijo del hombre”, que implicará la resurrección final y la salvación definitiva (1ª lectura: Dan 12, 1-3; evangelio: Mc 13, 24-32). Esa salvación está ya anticipada, en la medida en que nuestros pecados han sido perdonados, gracias al único sacrificio de Cristo, que se ofreció a sí mismo por nosotros (2ª lectura: Heb 10, 11-14.18).

El evangelista que nos ha insistido permanentemente en el “estar” con el Señor, nos coloca frente al futuro de nuestra comunión con el Maestro Jesús. Ante la incertidumbre de “aquellos días” mientras dura la historia, la actitud que corresponde es la de vivir en esperanza, cultivando también asiduamente la intimidad con Dios y la aceptación de su voluntad (aleluya: Lc 21, 36).

Contexto
Nos situamos en el capítulo 13 de Marcos, que es conocido como el del “discurso escatológico” (o acerca del “fin”). Éste parte del anuncio que Jesús hace de la destrucción del majestuoso templo de Jerusalén (13,1-2). Los discípulos le preguntan cuándo sucederá esto (13,3-4). Y entonces Jesús comienza la enseñanza a los cuatro discípulos que llamó el primer día, aunque no debemos perder de vista que también se dirige a todos (“a todos lo digo”, v.37).

Cuando alguien te diga con preocupación y pesimismo: «¿A dónde vamos a llegar Al terminar el ciclo litúrgico B la liturgia de la Iglesia no puede ofrecernos un mejor tema que el de la esperanza. Daniel, mirando esperanzadamente hacia el futuro, profetizará: "Entonces se salvará tu pueblo, todos los inscritos en el libro". En el discurso escatológico Jesús ve el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento: "El Hijo del hombre... reunirá de los cuatro vientos a los elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo" (Evangelio). El autor de la carta a los Hebreos contempla a Cristo sentado a la derecha de Dios, esperando hasta que sus enemigos sean puestos como escabel de sus pies (segunda lectura). Por esto a una voz, dirigimos nuestra oración a Dios con esta sentida respuesta del Salmo .”Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti” del único bien que procede todo bien, el Señor como consejero y guía permanente.  El Señor no se apartada de la persona fiel ni siquiera al borde de su tumba, con este Salmo convencidos de su amor, de su misericordia y de su generosidad le damos gracias porque, estamos convencidos de nuestra victoria en el Él. El evangelista Marcos en su discurso escatológico narra las preguntas que hacen a Jesús sus discípulos sobre las circunstancias y señales del final de los tiempos. La actitud de la confianza en el Señor Jesús, en medio de los signos apocalípticos y aterradores, que tanto la primera lectura como el evangelio nos presentan, no deben desorientarnos causándonos desasosiego, dolor, miedo y desconcierto. El antídoto para ello es la confianza en la palabra de Jesús: “verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad… para reunir a sus elegidos”. Cuando alguien te diga con preocupación y pesimismo: «¿A dónde vamos a llegar?», no dejes de responder como cristiano: «Pues yo no sé si usted, lo sabe, porque yo lo tengo seguro: vamos a la resurrección y a la vida plena, sin límites de bondad y felicidad junto al Señor». Por eso, los cristianos, en cada generación, somos reunidos por el Resucitado cada Domingo, para rememorar y preguntar con Él este destino nuestro y de toda la humanidad. Y allí suplicamos juntos, cuando Él se hace presente sobre el altar: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección, ¡Ven, Señor Jesús!»?

Estamos tan acostumbrados a vivir en esta vida rodeados de pecado y de muerte, que incluso en nuestro diario caminar necesitamos un final y un comenzar de nuevo. Este ejercicio lo estamos haciendo una y otra vez. ¿Qué es la confesión si no un finalizar una vida con la intención de mantenerse en una nueva existencia? En un lenguaje bíblico siguiendo al Profeta Isaías lo que nos quiere decir es que, va ha haber una gran intervención de Dios, será con la venida gloriosa de Jesús, que retornará y llamará a sus elegidos y amará a todos los que le han sido fieles.  Hay que estar vigilantes, estar atentos, fieles con nuestras palabras, nuestras actitudes, en nuestra manera de pensar, fieles en su amor.  Tener siempre la actitud vigilante en todos los acontecimientos de nuestra vida. El Señor va a actuar, sigue actuando en misericordia para con nosotros. El final de los tiempos es hoy, son las señales que veo que me animan a encontrar a Dios y dejarme transformar por Él.