Solemnidad de Pentecostés

Solemnidad de Pentecostés

Mar, 15 May 18 Lectio Divina - Año B

Hoy celebramos y revivimos el misterio de Pentecostés,  plenitud del misterio de la Pascua en la efusión del Espíritu Santo.  Celebramos el fuego de amor que el Espíritu encendió en la Iglesia nuestra  Madre, para que arda en el mundo entero: ¡fuego que no se apagará jamás!

Espíritu de Dios no puede separarse del  Padre y de Hijo; se revela con ellos en Jesucristo, pero tiene una manera propia de revelarse como Persona.  El Hijo en su humanidad idéntica  a la nuestra, nos revela a la vez quien es El y quien es el Padre, al que no cesa de contemplar.  El Espíritu no tiene un rostro y ni siquiera un nombre capaz de evocar una figura humana. En todas las lenguas su nombre en Hebreo (Ruah) y en Griego  (Pnéuma ) , es el  poder de Dios en acción, es decir a su Espíritu Santo(Génesis 1:2.   El espíritu santo de Dios es su poder, o fuerza, en acción (Miqueas 3:8; Lucas 1:35). Cuando Dios envía su espíritu, proyecta, o dirige, su energía hacia un lugar en concreto —sea donde sea— para que se cumpla su voluntad (Salmo 104:30; 139:7).

Hoy día en que la Iglesia Cristiana Católica celebra con gran alegría la solemnidad  de Pentecostés, Le invocamos por medio de la siguiente oración para que su Luz, Sabiduría y demás dones que nos regala llegue a cada hijo del Padre por mediación de Jesucristo nuestro Señor. 

Oremos

Ven, Espíritu Creador,

visita las almas de tus fíeles

y llena de la divina gracia los corazones,

que Tú mismo creaste.

Tú eres nuestro Consolador,

don de Dios Altísimo

Fuente viva, fuego, caridad

y espiritual unción.

Amén.

EL TEXTO

En el relato de San Juan  cap.15,26-27; 16,  Jesús presenta: la promesa   del envío del Espíritu Santo Y los tiempos en el que el discípulo tendrá  toda la razón para creer o sentir  que Jesús está presente en su enviado (Ruah)

Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, Por ser el  Espíritu de la verdad, que procede del Padre,  dará testimonio de mí. (Jn15, 26)  Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. (Jn 15,27).  Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.(Jn, 16, 12).   Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir.  Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros. 

16, 13-15: En estos últimos versículos, la Palabra de Jesús revela a los discípulos cuál será la acción del Espíritu en ellos. Será Él el que los lleve hasta la verdad completa, es decir, les hará comprender el misterio de Jesús en su totalidad, en la totalidad de su verdad. Él guiará, revelará, anunciará, iluminará, dándonos a nosotros, discípulos, las mismas palabras del Padre. Y así, seremos conducidos al encuentro con Dios; se nos hará capaces, por gracia, de comprender la profundidad del Padre y del Hijo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros. (16,15)

Reflexión

A partir de la Resurrección se comprende todo el sentido de la historia del Antiguo y del Nuevo Testamento, la gracia de Pentecostés con la que del cuerpo glorioso de Cristo se desprenden las llamas del Espíritu Santo, para que la Iglesia viva siempre en contacto con este misterio que permanece para siempre y atrae hacia sí todo, anunciando ya su retorno final en la gloria y la pascua del universo.

Jesús  continúa el discurso de despedida dirigido a  sus discípulos antes de la Pasión, que  el evangelista  Juan prolonga desde el cap. 13, 31 hasta el final del cap. 17. Jesús comienza a hablar aquí de las consecuencias inevitables del seguimiento y de la opción de fe y de amor por Él; el discípulo debe estar dispuesto a sufrir contradicciones, persecuciones, por parte del mundo. Pero en esta lucha, no está solo, hay un Consolador, un Defensor, un Abogado, que testimonia por nosotros y nos arranca  de las  garras del maligno porque él es el vencedor de todo aquello que no es Verdad, Camino y Vida.  Confiar plenamente en el Defensor que nos manda Jesucristo,   es profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad; la tercera persona. Dios como el Padre y como el Hijo; que merece la misma adoración que el Padre y el Hijo; como el Padre y el Hijo es creador, hacedor de todas las cosas.

Jesucristo lo llama ’el Paráclito’, que significa ’consolador’. En nuestros sufrimientos, en las tribulaciones,  en las agonías diarias de la vida, el Espíritu Santo es quien nos consuela, ilumina y tan grandemente nos santifica. Por eso uno de los antiguos himnos de la Iglesia le pedía cantando: riega lo que es  árido, sana lo que está enfermo, ayuda lo que es débil, aligera lo que es pesado….)

El Espíritu Santo  Santificador: porque es el que produce la santidad en nuestros corazones; El suscita en nuestros corazones las virtudes y las buenas cualidades que nos hacen santos y agradables a Dios. Por eso dice San Pablo que los frutos del E.S. son: caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza (Gal 5,22-23).

Oración Final.

Oh Espíritu Divino, Amor del Padre y del Hijo,   llénanos de tu amor, sabiduría y prudencia, para poder crecer como familia de verdaderos hijos de nuestro Padre Dios.

Oh Espíritu,  Llénanos de Tu Luz, para que alumbremos en las oscuridades que no nos impiden ver las realidades divinas que se nos presentan en la cotidianidad de nuestra vida.

Oh Espíritu Santo  llena los corazones de  entendimiento a  toda la humanidad, para que comprendamos que la permanencia en ésta tierra es sólo un paso que avanza  como un suspiro y, que solo queda  como huella la caridad que se haga con quien llora, en  quien ríe, en  quien tiene sed, en  quienes carecen de techo, vestido y  hambre de pan  y de  Dios.

Oh Espíritu,  arrópanos con Tu fuego para que el frío de la indiferencia, comodidad  y demás obstáculos no nos congele  el  corazón.

Que María Virgen Tu esposa, Hija del Altísimo y Madre de nuestro salvador interceda  para que la alegría del Resucitado  permanezca siempre en nuestros rostros. 

Amen. 

 

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