XV Domingo del Tiempo Ordinario

XV Domingo del Tiempo Ordinario

Mar, 10 Jul 18 Lectio Divina - Año B

El plan de salvación presentado hoy en la segunda lectura (Ef. 1,3-14) es el punto de partida para la meditación de la liturgia de la Palabra de este Domingo XV del ciclo B.

San Pablo se remonta a la llamada eterna de los creyentes a la salvación, bendecidos en Cristo, “elegidos en la persona de Cristo antes de crear el mundo” v.4, predestinados por Dios “a ser sus hijos” v.5, este grandioso designio de misericordia se realiza mediante Cristo Jesús: su sangre redime a los hombres del pecado y les confiere “el tesoro de su gracia” v.7, pero requiere también la colaboración de cada uno, la fe y el empeño personal para  “ser consagrados e irreprochables ante él por el amor”v.4. Es obvio que después de haber recibido tantos beneficios “la verdad, la extraordinaria noticia de que habéis sido salvados” v.13, los creyentes se conviertan en mensajeros de ella para sus hermanos. Nadie puede pensar que la llamada a la salvación y la santidad se agote en la atención al bien personal propio; no sería ya santidad cristiana, la cual se realiza en la caridad de Cristo que ha dado la vida para la redención de la humanidad entera y en la caridad del Padre celestial que abraza a todos los hombres.

Aunque de maneras diferentes todo cristiano está obligado a trasmitir a los otros “El Evangelio de la salvación”, pero hay algunos que reciben un mandato especial para ello: los profetas y los apóstoles de los que habla la primera lectura (Am 7,12-15) y el Evangelio de (Mc 6,7-13)

El Profeta Amos elegido no entre profetas profesionales, sino entre pastores humildes y sencillos: “El Señor me saco de junto del rebaño y me dijo: ve y profetiza a mi pueblo Israel” ( (7,15),Dios lo envía a una tierra extraña a predicar la justicia; resulta incómodo al sacerdote del lugar que quería expulsarlo. Pero Amos no se desanima, fortalecido por la conciencia de la vocación divina que le impone a hablar a todos con libertad; no busca su interés, ni pretende ganarse a los hombres, sino solo llevarles a estos la Palabra de Dios. Amos se escandaliza de la marginación y del sufrimiento de los pobres cansados por la explotación de los ricos, le molestan las injusticias y trata de sacudir las conciencias adormecidas.

La misión que Dios le dio genera en él un compromiso irresistible, obedecer a Dios antes que a los hombres; él es el profeta de la Justicia social.

Tenemos a los Apóstoles elegidos, por Jesús entre la gente humilde del Pueblo, hechos participes de su misión y de su autoridad.  Después de la poca acogida de Jesús en Nazaret, el evangelista narra el relato de la misión de los doce. Ellos que hasta este momento son los más cercanos seguidores y que presenciaron la poca acogida de Jesús en su pueblo, ahora tienen que ir también en misión. Jesús los formó, los capacitó intensamente para ser los cimientos de la Iglesia el salida.

Así como al inicio del ministerio de Jesús los llamó de dos en dos (1,16-20), ahora también son enviados de dos en dos (6,7) es la manera como se da testimonio de una experiencia vivida o de un evento acaecido (Mt 18,  16;26,60;2Co 3,1; Mb 10,28; Ap. 11,3), dándoles el encargo de predicar, invitando a la conversión (Mc 6,12), a diferencia de (Mt 10,7) y ( Lc 9,2) que los Apóstoles son enviados a anunciar el Reino de Dios; dándoles el poder de arrojar a los demonios y curar los enfermos. Por otra parte aquí es donde más refleja la actitud desprendida del discípulo de Jesús, porque ellos no tienen que llevar sino aquello que caracteriza la vestimenta urgente de un enviado: un bastón (signo de poder, de seguridad, (Sal 22,4), sus sandalias, (signo de protección de los peligros,  de sencillez, de  pobreza, de salida en misión) y su túnica, la única riqueza.

 El resto vendrá de la providencia de Dios y de las personas que los acojan, más o menos generosas.

Sin embargo Jesús fue muy claro en avisar a sus discípulos lo importante de la acogida o no acogida del evangelio, “Si no os escuchan marchaos de allí” (6,11).El verbo escuchar en lengua griega tiene la misma raíz de obedecer; no quiere decir que la persona sea sorda, sino que no obedece, escuchar al Maestro por medio de los discípulos es obedecer, es hacer su voluntad. El discípulo se convierte aquí  el alter Cristus, en el Vicario de Cristo, formando una unidad intima entre quien envía y quien es enviado.

Recordemos que las actividades principales de la misión eran las siguientes: Predicar la conversión, expulsar demonios y ungir a los enfermos (6,12), todas ellas  están en la misma línea de las obras que hacia el Maestro, sin embargo el verbo enseñar se reserva para Jesús. En hebreo el verbo que caracteriza al Maestro por su enseñanza es LAMAD. Pero es mejor decir, que lamad no significa solo enseñar, sino también aprender…

El verdadero maestro es uno que también aprende, el verdadero discípulo, en fin es capaz de enseñar. Esta actividad pedagógica se tendrá que llevar a cabo, hasta que se cumpla lo dicho por el Profeta en un futuro paradisíaco: Meteré mi Toráh en su pecho, la escribiré en su corazón. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros: no habrá ya maestro, sacerdote, profeta, sabio que diga al otro: tienes que conocer al Señor. Porque todos, grandes y pequeños me conocerán (Jr 31,33-34). Solo Jesús es el Maestro por excelencia, Él es quien imparte la verdadera enseñanza. El Discípulo aprende y luego puede ser enviado a predicar y a hacer las obras que hacia Jesús. En otras palabras, antes de ser apóstol, es decir enviado, se necesita la instrucción y un camino de discipulado en comunión continua con el Maestro.

Cuál debe ser nuestra misión hoy como Colaboradores del que ha venido a evangelizar a los pobres, y de los apóstoles de todos los Tiempos?

Pues ser pobres entre los pobres y ricos solo por la vocación recibida y por la gracia y el Espíritu de Cristo. Si no se predica así el Evangelio -con desinterés y entrega total-, ni es aceptado, ni convence. Por otra parte los destinatarios de la Palabra de Dios tienen un deber que cumplir: Aceptarla dócilmente, reconociendo en el profeta o apóstol al enviado de Dios y proporcionando con caridad a sus necesidades, “Porque el obrero merece su sustento” (Mt 10,10). El que rechaza y no escucha a los ministros del Señor, resiste a la gracia y se sierra al camino de la salvación.

Tengamos presente lo que nos dice el Papa Francisco a cerca de nuestra misión en la tierra como camino de santidad [Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad, porque “esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1Ts 4,3). Cada santo es una misión;  es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio. N.19.

Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde él. En el fondo la santidad es vivir en unión con él los misterios de su vida….N.20

El designio del Padre es Cristo, y nosotros en él. En último término, es Cristo amando en nosotros, porque “la santidad no es sino la caridad plenamente vivida”. Por lo tanto, “La santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya”. Así,  cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo. N21]

Oración

Oh Dios, que quieres que todos los hombres se salven y leguen al conocimiento de la verdad; mira tu inmensa mies y envíale operarios, para que sea predicado el Evangelio a toda creatura, y tu grey, congregada por la palabra de vida y sostenida por la fuerza de los sacramentos, camine por las sendas de la salvación y del amor. (MISAL ROMANO. Misa por la evangelización de los pueblos, A)

 

Cookies make it easier for us to provide you with our services. With the usage of our services you permit us to use cookies.
More information Ok