Domingo de Resurrección

Domingo de Resurrección

Gio, 29 Mar 18 Lectio Divina - Anno B

Comenzamos hoy las Vivencias Pascuales. Nos ponemos en la presencia del Dios de nuestras vidas y pedimos la luz del Espíritu Santo. Que la Palabra de Dios inunde nuestra vida con los sentimientos de Cristo, que encuentre en nosotros un terreno fértil y sobre todo que produzca en nosotros los frutos que Dios quiere. Ese es el compromiso fundamental que tenemos con la Palabra de Dios, máxime en este hermoso día de Pascua. Frutos de resurrección y de vida nueva en nuestro corazón que después de haber ido al cenáculo y al calvario, vive de una manera nueva a la luz del Resucitado.

Es Pascua. Hoy todo habla de la Resurrección de Cristo; hasta el mismo sonido festivo de las campanas, por lo tanto nuestra meditación está cargada de entrada de alegría. Pero ¿qué significa “hacer pascua”? pascua significa paso. En verdad para hacer pascua es necesario hacer o dar un paso también nosotros. San Ambrosio dice que pascua significa “Pasar de la culpa al perdón”. En esta expresión hay un gran mensaje de liberación que debemos acoger.

Podríamos sintetizar esta solemnidad en tres verbos: Recordar, gozar, anunciar.

La Pascua del Señor es la fuente y la raíz del Año litúrgico. Una Pascua semanal, celebrada por la Iglesia apostólica y llamada ya desde antiguo, como dice el Apocalipsis (Ap 1,10) "Día del Señor"

Recordar: Hoy estamos también nosotros espiritualmente detenidos ante la tumba vacía del Señor, admirados y agradecidos por que la vida ha resurgido de la muerte y por qué ha llegado la hora de celebrar con cánticos de fiesta el triunfo del maestro.

Hoy es el anuncio de la victoria de Cristo, promesa de la victoria de los creyentes que tiene que ser en el mundo mensajeros de justicia. Hoy somos llamados a ser testigos de la Verdad, portadores de un mensaje de fe y de consuelo, constructores de la paz con la que el Resucitado saluda a su Iglesia, a sus discípulos.

Hemos celebrado con amor y con fe cada paso del Señor, cada momento de este tiempo santo en el que con lecciones insuperables, Cristo ha querido ser nuestro maestro y nuestro guía. Por eso debe quedar grabada en nuestro corazón esta marcha de esperanza que hemos vivido. La pasión gloriosa fue el preludio, la victoria pascual es el inicio de un tiempo nuevo, de la victoria de la vida, de la esperanza.

Gozar: Ahora viene triunfante de la batalla, ha vencido la muerte y su vida es la alegría desbordante del corazón que le saluda alborozado por que ha renacido la esperanza para el mundo y brilla sereno el que es la paz y la esperanza de todos.

El beato Pablo VI, en su visita a Colombia hace justamente cincuenta años, nos indicó de manera admirable a quien festejamos y a quien amamos haciéndonos comprender el misterio glorioso que centra nuestra fe:

“Nosotros comprendemos que tú, Señor Jesús, eres el mediador entre Dios y los hombres, no eres diafragma sino cause; no eres obstáculo sino camino, no eres un sabio entre tantos sino el único maestro, no eres un profeta cualquiera sino el intérprete único y necesario del misterio religioso, el solo que une a Dios con el hombre y al hombre con Dios”.

Y al recibirlo triunfante y glorioso, nos comprometemos a aceptarlo, a vivirlo, a adorarlo y a ser sus testigos para que en su nombre puedan anunciarse la esperanza y la vida, y para que en esta pascua nazcan discípulos y misioneros de Jesucristo para que todos nuestros pueblos en el tengan vida.

Anunciar: La fiesta pascual no termina este domingo único, grande, luminoso. Nos espera el inmenso compromiso de volver pascual la vida de nuestra patria, de retomar la llamada del Señor a edificar un mundo nuevo que supere las amarguras de una historia cruzada por los dolores y las soledades que provoca la violencia y el desamor.

Una comunidad pascual retoma la bandera del Señor para decirle sí a la vida, sí a la reconciliación, sí a la participación gozosa y comprometida en la comunidad religiosa.

Al llegar a su plenitud esta semana bendita y llena de esperanza, queremos ofrecer un mensaje de gratitud para toda la Delegación de Colombia y Ecuador de la Congregación de las Hijas de la Iglesia. De la luz que encendamos en nuestros corazones depende el futuro de la Iglesia que sigue anunciando el Evangelio y sigue buscando el rostro del resucitado en la vida de cuantos lo anuncian y lo esperan con amor.

Hoy, hermanas, al lado de la fe atormentada pero verdadera de Tomás, Jesús nos presenta y exalta otra fe a la que dedica una bienaventuranza: es la de los que creen de manera total, pura, libre, sin el condicionamiento exclusivo del “Ver” y del “Tocar”. A este punto podemos resumir nuestra reflexión dominical con las palabras de un santo de los primeros siglos cristianos, Máximo el Confesor “La Pascua genera la fe y la fe genera el amor: ¡Esto es todo el Evangelio!”

Madre de la resurrección: Alégrate, porque el hijo que llevaste en tu seno, ha resucitado según su promesa. Amén, aleluya.