I Domingo de Adviento

I Domingo de Adviento

Lun, 25 Nov 19 Lectio Divina - Anno A

El Adviento es el tiempo litúrgico en el cual nos preparamos para celebrar la Navidad, como conmemoración de la primera venida del Hijo de Dios entre los hombres y, a la vez, un tiempo en el cual, mediante esta celebración, la fe se dirige a la segunda venida del Señor Jesús, al final de los tiempos. Por estos dos motivos, el Adviento es un tiempo de alegre y confiada espera.

Es por ello que en este tiempo litúrgico podemos distinguir dos periodos. El primero de ellos, desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre, aparece con mayor relieve el aspecto escatológico y se nos orienta hacia la espera de la venida gloriosa de Cristo. El segundo periodo, que abarca desde el 17 hasta el 24 de diciembre inclusive, se orienta más directamente a la preparación de la Navidad.

Este primer domingo de adviento está marcado  por  la vigilancia como un eco del acento escatológico de los últimos domingos del ciclo precedente. El adviento se orienta a la celebración de la primera venida histórica de Cristo en la Navidad; pero nos remite también a su venida última, sin perder por ello la perspectiva del presente en que se realizan las continuas venidas de Dios en los acontecimientos diarios de la historia personal y comunitaria.

Contexto
El Evangelio de este domingo es un pasaje tomado de la composición literaria que constituye el llamado Discurso Escatológico (Mt 24-25), en el que el anuncio de la ruina de Jerusalén, unido al del fin del mundo, precede a la revelación de la venida última del Señor o Parusía. La cuña que hace de puente de transición es la consigna: Velad porque no sabéis el día en que vendrá vuestro Señor (Mt24,42).

 La venida última de Cristo, que se anuncian en las parábolas de la vigilancia, tiene su certeza y su incertidumbre. Es segura Venida, pero incierto el momento; esta ignorancia del cuándo es precisamente lo que fundamenta la vigilancia.  La incertidumbre del momento de la llegada del Señor, subrayada dos veces, apunta de demora de su segunda vuelta o venida definitiva en gloria.

Permanente vigilancia ante las venidas del Señor

Cristo, Señor nuestro, al venir por primera vez en la humanidad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora en vigilante espera, confiamos alcanzar.

Las dos parábolas del evangelio de hoy nos invitan a velar y estar preparados para la llegada del Señor. Mientras preparamos la venida del Hijo del hombre, esas dos son nuestras actitudes. Pero lejos de provocar miedo o angustia, estas parábolas deberían generar alegría. Porque, como dice el profeta Isaías, avanzamos hacia la luz del Señor, nos encaminamos no hacia un final destructivo, sino hacia un tiempo de salvación en el que hay paz y convivencia fraterna. Por eso mismo el salmista nos invita a estar alegres y a alabar a Dios mientras peregrinamos a la casa del Señor, Y san Pablo, nos invita a llevar un estilo propio de los hijos de Dios.

Jesús utiliza varias imágenes en este discurso apocalíptico, para ilustrar el momento de su llegada, y las centra en la vigilancia y en la amenaza del juicio que se cierne sobre quienes no sean fieles a su tarea. En vez de pronunciarse acerca del tiempo exacto de su venida, Jesús aprovecha para invitar a la vigilancia constante (24,42.44). El momento es incierto en cuanto al tiempo, pero seguro en cuanto a su realización, y tendrá lugar en medio de lo cotidiano, como ocurrió con el diluvio en los días de Noé. El Evangelio no hace valoraciones morales sobre la conducta de las personas, por eso no explica porque “uno será tomado y el otro dejado” (42,40.41), y ni siquiera alude a la corrupción de los contemporáneos de Noé, sino que solo describe lo sorpresivo que resultará la venida de Cristo para quien no esté preparado y alerta. Así se acentúa el valor de la vigilancia y el seguimiento fiel. La advertencia es hecha en primer lugar a los discípulos, quienes deben vigilar siempre (1Tes5,2; 2 Pe 3,10; Ap 3,3).

Las dos venidas de Cristo

Os anunciamos la venida de Cristo, y no solo una, sino también una segunda que será sin duda mucho más gloriosa que la primera. La primera se realizó en el sufrimiento, la segunda traerá consigo la corona del Reino.
Porque nuestro Señor Jesucristo casi todo presenta una doble dimensión. Doble fue su nacimiento: uno, de Dios, ante todos los siglos; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Doble su venida: una en la Oscuridad y claramente, como lluvia sobre el césped; la segunda, en el esplendor de su gloria, que se realizará en el futuro.En la primera venida fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre; en la segunda aparecerá vestido de Luz. En la primera sufrió la cruz, pasando por encima de su ignominia; en la segunda vendrá lleno de poder y d gloria, rodeado de todos los ángeles.
Por lo tanto, no nos detengamos solo en la primera venida, sino esperemos ansiosamente la segunda. Y así como en la primera dijimos: Bendito el que viene en nombre del Señor, en la segunda repetiremos lo mismo cuando, junto con los ángeles, salgamos a su encuentro y lo aclamamos adorándolo y diciendo de nuevo: Bendito el que viene en nombre del Señor.
                                                                                                                                                                                                                        (De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo)

Meditación
Como aquellos primeros cristianos, también nosotros vivimos de esperanza ante la venida del Señor al final de los tiempos: Esto se subraya con fuerza dúrate el Adviento. Por eso el grito con el que la Iglesia nos despierta para que nos preparemos para la venida del Señor durante este tiempo es ¡Velad! ¡Estad preparados!

Oración
Proclamemos el salmo 121, que aleja de nosotros todo sentimiento de angustia ante la venida del Hijo del hombre y nos invita a la acción de gracias, a la oración y a la esperanza. Que alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor…