I Domingo de Cuaresma

I Domingo de Cuaresma

Dom, 23 Feb 20 Lectio Divina - Anno A

El pasado Miércoles, hemos iniciado con la tradicional ceremonia de la imposición de la ceniza esta nueva Cuaresma, que como lo sabemos bien, son el recuerdo de los cuarenta días y cuarenta noches que paso Jesús en el desierto antes de vivir su pasión, muerte y resurrección,  misterios que celebramos cada año en la Semana Santa y que nos recuerdan que Jesús ha vencido la muerte y vive entre nosotros.

El primer Domingo de Cuaresma es conocido como el “Domingo de las Tentaciones”, y como es lógico la Iglesia medita los textos del Evangelio que nos narran este acontecimiento de la vida de Jesús. En este año meditaremos la narración del Evangelio según San Mateo 4, 1-11.
El contexto de la narración nos muestra a Jesús recién bautizado por Juan e inmediatamente llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo (cf. Mt 4,1). Seguidamente podemos ver el cuerpo del texto compuesto por tres tentaciones realizadas por el diablo a Jesús. Pero antes de continuar, detengámonos un momento y comprendamos que significa la palabra tentación. De forma sencilla decimos que “tentar” es poner a prueba a una persona, en este caso y en el ambiente religioso es poner a prueba a una persona para hacerla pecar, para que ofenda a Dios a través de sus actos; Ahora ya iniciamos a comprender el sentido de la Palabra de Dios en este Domingo: Jesús es llevado al desierto donde se encuentra con Dios Padre por medio del ayuno y oración, es decir hace lo que agrada a Dios, pero viene el diablo, y lo tenta, o sea lo quiere inducir a pecar, desea que Jesús de alguna manera ofenda a Dios Padre con alguno de sus actos.
La primera lectura  (Gen. 2, 7-9; 3, 1-7) nos habla de la primera tentación Bíblica conocida. Es la historia de la caída de Adán y Eva. También ellos fueron tentados de manera semejante por la serpiente; son dos textos con elementos muy similares que hoy no subrayaremos pero podemos notar a simple vista que ambas historias de tentación ponen en juego la buena relación del hombre con Dios. El deseo del diablo es que el hombre rompa relaciones con Dios.  
Hemos dicho que el diablo tienta tres veces y de tres maneras distintas a Jesús, pero ¿cuál es el sentido de cada una de estas tres tentaciones?
La primera tentación del diablo es: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes" (cf. Mt. 4,3). Podemos pensar de inmediato que el diablo es inteligente sin duda. Jesús ha pasado cuarenta días sin comer; ahora, piensa el diablo, caerá fácilmente a causa del hambre, pero debemos notar que las palabras del diablo van más allá de hacer caer a Jesús en su trampa por el hambre, su verdadero deseo es que el “Jesús hombre” dude de que realmente es Hijo de Dios, de que pruebe con un milagro que lo es, cosa que no es necesaria, de que no logre tener confianza en Dios Padre; de ahí la formula con la que introduce la tentación que se repetirá también en la segunda: “Si eres el Hijo de Dios”... Y la respuesta de Jesús es clara: “Esta escrito: no solo de pan vive el Hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”; citación textual de la escritura que encontramos en Dt 8, 3.
Ahora en esta meditación podemos preguntarnos: ¿he sentido que el diablo me ha tentado, es decir, he notado que el diablo a puesto a prueba mi fe? Sin duda la respuesta será un sì. El diablo cotidianamente nos pone a prueba, especialmente a causa de nuestras debilidades: aquí pensó en la debilidad humana del “hambre física” de Jesùs. Muchas veces como a Jesús el diablo nos atacará, nos pondrá a prueba, en nuestra parte física o en nuestra parte espiritual con toda clase de pruebas, pero si tenemos “las armas” necesarias lo venceremos como Jesús: si somos conscientes de que somos verdaderos hijos amados de Dios, que nuestra confianza esta puesta en él y sin duda alguna conocemos su Palabra, ahora seremos nosotros los vencedores y no los vencidos.
Podemos notar que la segunda tentación tiene la misma estructura que la primera, en lo referente a las palabras del diablo y a la respuesta Bíblica de Jesús. En esta ocasión lo lleva al Templo, lugar sagrado, lugar de la presencia de Dios. El objetivo del diablo sigue siendo el mismo que el anterior, hacer que Jesús ponga a prueba la confianza que tiene en Dios Padre, ya que incluso el diablo cita la Escritura: “Porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna" (cf Sal 91, 11). Y de nuevo Jesús responde con el arma más poderosa que tenemos los creyentes, la misma Palabra de Dios, diciendo: "También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios." (cf. Dt 6, 16).
Y de nuevo podemos nosotros reflexionar teniendo como base esta segunda tentación, pues el diablo usa todos los medios para encaminarnos al pecado sin que midamos las consecuencias de ello. Incluso podemos tomar para nosotros mismos estas palabras del demonio: “no tropezaras”, y tantas otras, con las cuales nos tienta también a nosotros. Tengamos cuidado, como se dice popularmente: “no nos dejemos endulzar el oído del diablo” pues es claro que si “me tiro” por un abismo, es decir, por el camino del pecado, corro el riesgo de golpearme fuerte o tropezarme, es decir cometer una clara ofensa a Dios; y mucho más aun, mayor atención debemos prestar al consejo que nos da Jesús: a Dios no lo puedo tentar, a Dios no lo puedo poner a prueba a causa de mis caprichos, más bien, en Dios solo debo tener fe y pedirle que nos ayude a cumplir su voluntad y no la nuestra.
Hemos llegado a la tercera y última tentación, y de nuevo es importante ubicarnos en el lugar donde se desarrolla: el monte. Sabemos que el monte es el lugar del encuentro con Dios, como lo referencian tantos textos del Antiguo Testamento; por nombrar solo un ejemplo podemos recordar el libro del Éxodo y los diversos momentos en los cuales Moisés subió al monte para hablar con Dios. El diablo ahora tienta a Jesús diciendo que le dará los reinos del mundo y el poder. Podemos decir que para una persona que le gusta mandar, gobernar, ser reconocido, etc. no era una mala oferta, pero esto no iba a suceder jamás con Jesús, pues él tenía muy claro que es él Rey del mundo y que el diablo le está prometiendo una cosa que ni siquiera es suya, pues sabemos muy bien que es fácil “regalar” lo que no nos pertenece, pero aun así Jesús de nuevo responde al diablo usando un verbo al imperativo: “Apártate de mí” y luego citando la Sagrada Escritita: "Porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto." (cf Dt 6,13). Con ello Jesús confirma que él es el Rey del mundo, que solo existe un único y verdadero Dios y que a ningún otro, ni en ningún otro dios, debemos confiar ni mucho menos lo debemos adorar.

Podemos hacer aquí nuestra tercera pausa reflexiva. Sin duda alguna que el deseo del poder puede tocar a nuestra puerta, pero este puede venir “disfrazado” de tantas maneras, y sabemos bien que el objetivo de un disfraz es ocultar la realidad. Eso quiso el diablo, disfrazar la realidad, pero no logró que Jesús cayera en tentación, pero como nosotros no somos Dios, y si somos débiles, debemos abrir muy bien nuestros sentidos para reconocer el peligro y las tentaciones que están presentes todos los días de nuestra vida y que pueden tocar a nuestra puerta en el momento que menos lo esperamos. Reconocer la tentación no es fácil, pero con la ayuda de Dios todo es posible; este Domingo de las tentaciones es una luz para que veamos cuán grande es el peligro que corremos cuando nos alejamos de Dios, cuando no confiamos en él, cuando no lo escuchamos y mucho más aún, cuando no lo conocemos, pues esto quiere decir que estamos a merced del diablo, que solo quiere hacernos tropezar. Muchos dirán: pero yo estoy cerca de Dios y siento que el diablo me tienta muy seguido, y es cierto, mientras más cerca estés de Dios el diablo te buscara para alejarte de Dios, pero como Jesús, con la confianza en Dios Padre, con la oración, con las obras de misericordia y con su Palabra no lograra el diablo vencer nuestra comunión con Dios.

Como Jesús también nosotros iniciamos este camino cuaresmal, de penitencia, oración y conversión, no nos desanimemos en ningún momento, recordemos siempre este texto bíblico, pensemos en Jesús que a pesar de estas duras pruebas logro vencer al diablo, y no olvidemos que Él lucha con nosotros, y recordemos la conclusión del evangelio de hoy: “Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían” (Mt 4,11). Si estoy con el Señor el diablo se alejara, y a ejemplo de los ángeles, cada uno de nosotros sirvamos al Señor todos los días de nuestra vida.
Que la Santísima Virgen María custodie nuestra fe y junto a su hijo Jesús nos acompañe en esta nueva Cuaresma, para prepararnos convenientemente y celebrar gozosos el día feliz de la gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.