II Domingo de Pascua

II Domingo de Pascua

Mer, 04 Apr 18 Lectio Divina - Anno B

La Iglesia, como Madre y Maestra, va guiando a sus hijos en la comprensión de los grandes misterios de la vida de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos. Por eso en este II Domingo de Pascua nos ofrece el texto de Jn 20, 19-31, en el que el evangelista Juan, dispone de diversos elementos, que nos permiten acercarnos a este grande fundamento sin fundamento de nuestra fe: la Resurrección del Señor, sin la cual, vana sería ella, dice san Pablo (1Cor 15,14.17). San Juan nos presenta varias escenas dentro de la misma perícopa:

  • El encuentro de Jesús Resucitado con los discípulos.
  • Les da potestad
  • Encuentro con Tomás y su profesión
  • Intención del Evangelista

Leamos el texto

  • El encuentro de Jesús Resucitado con los discípulos (Jn 20, 19-21)

Se sucede en unas circunstancias particulares. Los discípulos, después de haber experimentado el miedo y el abandono. Miedo por lo que se le venía a su Maestro y cuánto les podía pasar a ellos: "Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron" (Mt, 26, 56). "Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; "pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó". (Lc 24, 21). De hecho, san Juan, describe que están en una casa con las puertas cerradas. Se les acota que por lo menos estaban reunidos. En ese momento es cuando se les presenta Jesús, con un saludo muy especial: paz a ustedes. Y enseguida les muestra las manos y el costado. Es hermoso ver la reacción de los discípulos, no es que en ese momento se atemorizan o aspavientan, sino que se alegraron al ver al Señor.

  • Les da potestad (Jn 20, 23)

El Resucitado les infunde el Espíritu Santo para que reciban el poder: "A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos»". Es decir, sus Discípulos han aprendido mucho de Él, anduvieron juntos, comieron juntos, y muchas veces fueron testigos oculares de su perdón. Lc 5,24;  7, 48; entre otros. Ahora son ellos quienes reciben este poder que sólo pertenecía a Dios según los escribas y fariseos (Mc 2,7), como según la tradición (Is 43,25), y lo reciben directamente de Dios, de Jesucristo, vivo y resucitado.

  • Encuentro con Tomás y su profesión (Jn 20, 24-29)

El encuentro con Tomás tiene una particularidad significativa. Cuando Él se aparece a los discípulos que estaban reunidos, Tomás no estaba con ellos. El alejarse de la comunidad le impide ver al Señor. Cuando regreso sus hermanos y compañeros de camino le comparten esa Buena Noticia. Él no les cree. Por eso Jesús vuelve al encuentro con ellos, los saluda nuevamente con el saludo de paz. Seguidamente se dirige a Tomás para que se acerque y compruebe pos sí mismo, pues a los discípulos les había dicho: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré». Al oír la voz de su Maestro y amigo, seguramente se estremece y exclama esa hermosa profesión de fe: “Señor mío y Dios mío”. Lo adora, se inclina ante su divina presencia.

  • Intención del Evangelista (Jn 20, 30-31)

Juan que se describe como el discípulo amado por Jesús, termina su evangelio resaltando que Jesús hizo otros signos y manifestaciones para que todos creyéramos en Él y tuviéramos vida eterna. Juan es testigo que quiere gritar a toda la humanidad que Jesús murió y resucitó para darnos la vida verdadera, la vida nueva. Manifestando explícitamente que Él es el Hijo de Dios vivo, así como lo recordó en su prólogo: Jn 1, 1ss

Preguntémonos - Meditemos

En realidad, al terminar la Octava de Pascua, nos hemos encontrado verdaderamente con Jesucristo vivo y Resucitado en medio de nosotros? O ¿Quizá continuamos como estaban sus discípulos: encerrados, con temor? Cada vez que profesamos el Credo, decimos: Creo en la Iglesia que es una Santa, Católica y apostólica, ¿En verdad lo decimos de corazón y con certeza? O quizá nos hemos dejado contaminar de la secularización y afirmamos ¿creo en Jesús pero no en la Iglesia y por eso no nos acercamos al Sacramento de la Reconciliación?

Contemplemos el texto

Cerremos nuestros ojos y vayamos hasta la casa donde se encuentran los discípulos, permitamos que nuestros ojos vean a Jesús, que nuestros oídos lo escuchen. Mantengámonos unos momentos con Él y con ellos

Oremos

Dejemos que el Espíritu que está en nosotros nos permita, ver al resucitado y elevarle una oración que sea de alabanza por tener esa paciencia con nosotros así como la tuvo con sus discípulos, y según en este texto con Tomás, por quien regreso a la comunidad de los discípulos para darle la oportunidad de verlo y constatar que en verdad había resucitado y se contagiara de la alegría que vivieron los otros discípulos, “los discípulos se alegraron al ver al Señor”

Actuemos

En este II Domingo de Pascua, en el que celebramos la Divina Misericordia, hagamos un compromiso que nos lleve a la acción concreta como vivencia de esta reflexión de la Palabra, acción en la que manifestemos el gozo de la Resurrección, la expresión de la Misericordia de Dios para con nosotros y de nosotros con los hermanos.

¡Cristo ha resucitado!