III Domingo del Tiempo Ordinario

III Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 20 Gen 20 Lectio Divina - Anno A

Encontrarnos con Jesús en este tercer domingo del tiempo ordinario nos lleva a esa escucha de la Palabra, a dejarnos formar por Jesús y dejar que ella llegue hasta lo más profundo de nuestro corazón, se convierta en proclamación, en anuncio, en proyecto de vida. El Señor es la luz y el Señor viene a iluminar nuestros corazones: hay que dejarlo entrar. Que Él ilumine toda nuestra realidad.

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz».
La liturgia de este domingo nos presenta un hermoso evangelio donde podemos contemplar a Jesús como la gran luz y el llamado a los primeros discípulos. El evangelio es un anuncio de salvación dirigido a todos los hombres, pues para todos ellos es el Reino de Dios. Jesús comienza su ministerio público por las periferias. “Galilea de los paganos” era la forma de decir que esta provincia fronteriza, limitante con otros pueblos, era considerada una región marginal desde el punto de vista religioso, una región alejada de la capital, Jerusalén, y del Templo. Jesús recorre y anuncia el Reino, por allí donde los atormentados y doloridos están esperando luz para sus vidas. Así esta Palabra nos interpela, pues a veces se nos olvida que hay mucha gente que vive en tinieblas, que no sabe que es posible ser feliz en medio de los problemas, que ha perdido por completo la esperanza, y debería darnos vergüenza tener el mayor de los regalos, al mismo Hijo de Dios con nosotros, y no ser capaces de compartirlo.  Muchas veces podemos vivir en esos lugares de sombra porque no hemos dejado que el Reino de Dios habite en nosotros; Jesús proclama con sencillez este mensaje: “Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los cielos está ahora cerca”.  Él cada día nos está invitando a la conversión, a ese cambio personal y comunitario, y es importante que hoy nos hagamos esta pregunta:  ¿Qué cosas debo mejorar para que el Reino de los Cielos habite en mí?

Jesús va caminando cuando fija la mirada en Simón, llamado Pedro y el otro Andrés, Él pone su mirada en ellos, los encuentra en el trabajo y los llama con estas palabras: “Síganme y los haré pescadores de hombre”. Es tán impactante la mirada de Jesús que ellos lo dejan todo y lo siguen. Más adelante encontramos los hijos de Zebedeo, escuchan la llamada de Jesús, que los invita a ser pescadores de hombres, anunciadores de la Palabra de Dios por todas partes.

Jesús se nos presenta en nuestro cotidiano, en las cosas sencillas y pequeñas de nuestro diario vivir. Jesús constantemente nos está llamando a su servicio. Él nos dice: Sígueme
¿Qué respuesta le doy yo a Jesús? Él nos habla atreves de la Eucaristía, nuestros hermanos y la Palabra, son esos lazos de amor que nos unen a Él. Que hoy con el salmista podamos decir: El Señor es mi luz y mi salvación, el Señor es la defensa de mi vida; si el Señor es mi luz, ¿a quien temeré, quien me hará temblar?