Inmaculada Concepción de Santa María Virgen - II Domingo de Adviento

Inmaculada Concepción de Santa María Virgen - II Domingo de Adviento

Lun, 02 Dic 19 Lectio Divina - Anno A

En preparación para la celebración de la Navidad la liturgia nos presenta a la Santísima Virgen María en su Inmaculada Concepción. Es un hecho que, mientras se acerca definitivamente “la  plenitud de los tiempos”, o sea el acontecimiento salvífico del Emmanuel, la que había sido destinada desde la eternidad para ser su Madre ya existía en la tierra. Este “preceder” suyo a la venida de Cristo se refleja cada año en la liturgia del Adviento. Es por eso  que en este tiempo deseemos dirigirnos  de modo particular a la que, en la “noche” de la espera de adviento, comenzó a resplandecer como una verdadera “estrella de la mañana” (Stella matutina). En efecto, igual que esta estrella junto con la “aurora” precede la salida del sol, así María desde su concepción Inmaculada ha precedido la venida del Salvador, la salida del “sol de justicia” en la historia del género humano. (Pio IX Carta Apost. Ineffabilis Deus).

La inmaculada Concepción de María en medio del tiempo litúrgico del Adviento adquiere un matiz especial y, al unir la espera mesiánica de Cristo al recuerdo de María, su Madre, presenta un feliz equilibrio cultual que puede ser tomado como norma para impedir toda tendencia a separar. El Adviento es sin duda el lugar litúrgico de lo mariano, pues en él se entiende mejor el significado de María a quien el evangelista Lucas describe como dos veces Adviento. Una, al principio de su evangelio, cuando María espera el nacimiento del Hijo de Dios que se encarna en su seno, conforme a las palabras del ángel en la Anunciación.

En esta fiesta contemplamos en María a la llena de gracia, es decir, a la que ha sido elegida por el Señor, para ser la madre de su Hijo, el Redentor del mundo y para darse enteramente a su misión salvadora. Por otra parte, a través de Ella celebramos el “comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura” (MC 4; Prefacio)   

Sin duda la liturgia de este día recuerda que los misterios divinos son ocultos, por lo tanto, no es fácil al hombre llegar a conocer los designios de Dios (Is 40, 13). Por eso el conjunto de acciones y enseñanzas de nuestro Señor y Salvador nos dan a entender que un designio bien pensado ha hecho elegir con preferencia, para Madre del Señor, a la que había sido desposada con un varón.

Para su proyecto de regeneración humana por Cristo, Dios cuenta con el “si” de María. Y la respuesta de ésta al Señor, mediante su “hágase” incondicional, ha de convertirse en programa del creyente y de la comunidad eclesial que, en la actitud de María, la llena de gracia, reconoce su propia misión de servicio a la obra de Dios y su vocación de santidad, conforme al plan de Dios que expone la segunda lectura bíblica de hoy.

Entonces, al meditar el evangelio de Lucas deja ver en profundidad cuatro partes de esta pericopa interesantes como son:

  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
  • No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
  • El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra…
  • Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Las cuales conducen al hombre a reconquistar la amistad de Dios y la armonía personal, interhumana y cósmica que rompió el pecado de origen. Pues, el hijo que nacerá de ella es llamado primero, es decir, que: solo él posee la inmortalidad y habita en una luz inaccesible (1Tim 6,16). Es verdaderamente grande Aquel cuyo poder llena el mundo, que está en todas partes y estará siempre, pues su reino no tendrá fin.  

He aquí, dice, la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Admira la humildad, admira la entrega. Se llama a sí misma la esclava del Señor, la que ha sido escogida para ser su Madre; más aún, al llamarse esclava, no reivindicó para si un privilegio de una gracia tan grande; realizaría lo que le fue ordenado; pues antes de dar a luz al Dulce y al humilde convenía que ella diese prueba de humildad.

Que la Solemnidad que celebramos en este día ayude a cada cristiano a responder generosamente al plan salvífico de Dios como lo hice María que respondió con prontitud a su voluntad; también esta celebración a de configurar cada vez más la vida del cristiano a la de Cristo, puesto que el centro y culmen de todo es él, pues gracias a Jesús la gracia y la salvación fue derramada en María y en ella a toda la Creación.