La Ascensión del Señor –Solemnidad-

La Ascensión del Señor –Solemnidad-

Dom, 17 Mag 20 Lectio Divina - Anno A

En la liturgia este domingo la Iglesia Universal celebra la Solemnidad de la Ascensión del Señor al cielo, que es un verdadero acontecimiento, podemos decir que es el culmen de una Misión obrada por el Hijo de Dios, es el último encuentro de Jesús con aquellos que había constituido apóstoles. Es significativo este encuentro porque no les revela el día que todos esperamos (último día), más bien les anima a permanecer en vela, pero bajo el auspicio del Espíritu Santo como sello de un bautismo que ya habían recibido del Bautista. Les invita a realizar la misión de la evangelización que se ha de extender a todos los confines del mundo.

Al comienzo del Evangelio según Mateo, Jesús fue presentado como el “Dios-connosotros” (1,23), ahora al final del Evangelio es Jesús mismo quien dice: “Yo-estoy-convosotros” (28,20). ¡Pues bien, en Jesús Dios se hizo visible a nuestros ojos!

Lo primero que nos anuncia la perícopa de San Mateo 28,16-20 es que hay una comunidad fracturada (v16), falta uno de los llamados, Judas el traidor. Su suerte no sólo lo ha marcado a él, ahora designa a todo el grupo de los discípulos. Ellos, regresan a Galilea, el lugar donde todo comenzó (Mt 4, 12.18), donde han recibido la primera llamada y la primera misión oficial (Mt 10,1-16). Y es allá, en Galilea (v 17), donde todo comenzará de nuevo: ¡una nueva llamada, una nueva misión! Jesús se encuentra con “los once” en un monte. No sabemos el momento en que les ha citado allí, tampoco el nombre del monte, pero la naturaleza del lugar nos remite al Sermón de las Bienaventuranzas o a la Transfiguración, los dos lugares son significativos, sea por recordarnos los preceptos dados por Jesús en su predicación (Mt 5, 1ss), o a la culminación de la teofanía que les mandó no comentar hasta después de la resurrección (Mt 17, 9). Y  como en el Antiguo Testamento, las cosas importantes acontecen siempre sobre la montaña, la Montaña de Dios.


(v 17) La adoración que tributan los discípulos no es general, a lo mejor algunos no oyeron (como Pedro, Santiago y Juan) la voz del Padre en la Transfiguración o en el Bautismo; o simplemente aún hay dudas;  los cuatro evangelistas acentúan la duda y la incredulidad de los discípulos de frente a la resurrección de Jesús (Mt 28,17; Mc 16,11.13.14; Lc 24,11.24.37-38; Jn 20,25). Pero  es Jesús quien ahora se auto-presenta (v 18), no sólo con el poder de su resurrección, sino mencionando la autoridad recibida desde el Padre "Me ha sido dado todo poder en el cielo y la tierra". Solemne frase que se parece mucho a esta otra afirmación: "Todo me ha sido dado por mi Padre" (Mt 11,27). En Jesús se manifestó la plenitud de la divinidad (Col 1,19). Esta autoridad de Jesús, nacida de su identidad con Dios Padre, da fundamento a la triple misión que los Once están por recibir. (vv 19-20).
     (1) Hacer discípulos a todas las naciones.
     (2) bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo .
     (3) enseñarles a observar todo lo que había mandado.

(1) La tarea fundamental es hacer discípulos a todas las gentes. Por medio de ellos el Señor resucitado quiere acoger a toda la humanidad en la comunión con Él;  la esencia de la misión de los discípulos es conducir a toda la humanidad a la persona del Señor, a su seguimiento. De la misma manera como Jesús los llamó, sin forzarlos sino seduciendo su corazón y apelando a la libre decisión de cada uno, así ellos deben hacer discípulos a todos los pueblos de la tierra.

(2) Así como sucedió al inicio del ministerio terreno de Jesús, se habla de un bautizo; pero esta vez en nombre de la Trinidad, cumpliendo el anuncio dado por el Bautista al inicio del Evangelio (Mt 3, 11).

(3) El mandato misionero tiene una orden simila; en este caso será el mismo Señor Jesús: “He aquí que yo estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos”.

Esta es la gran promesa, la síntesis de todo lo que ha sido revelado desde el comienzo. Es el resumen del Nombre del Dios, el resumen de todo el Antiguo Testamento, de todas las promesas, de todas las aspiraciones del corazón humano. Es el resumen final de la buena Noticia de Dios, transmitido por el Evangelio de Mateo.