La Asunción de la Virgen María

La Asunción de la Virgen María

Ven, 10 Ago 18 Lectio Divina - Anno B

La solemnidad de la Asunción de la Virgen conmemora el tránsito de María de este mundo al Padre, es decir, su pascua. La Madre virginal del Hijo de Dios no podía corromperse en el sepulcro y fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo.

Se trata de una solemnidad en la que la Iglesia, “la familia de Dios”, dedica a la Santísima Virgen María, que aparece como modelo de lo que es y de lo que esperamos ser todos nosotros, la comunidad cristiana. Una fiesta que es como “una buena noticia”, contagiosa de esperanza para la cristiandad: más aún, para toda la humanidad. Con esta fiesta queremos proclamar que María, la primera de los redimidos, ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo; Ella ya ha conseguido la plenitud de la vida en Dios, meta que también nosotros queremos alcanzar y, por ello, “nos alegramos en Cristo celebrando este día en su honor”. Como ella, agradecerle a Dios “porque también ha hecho por nosotros grandes cosas, de generación en generación” (Lc. 1,48)

En el evangelio de hoy, Lucas acentúa la prontitud de María en atender las exigencias de la Palabra de Dios.
Después del anuncio del ángel, María se puso en camino y fue a prisa a la montaña: la prontitud de maría es inmediata a la voz de Dios, a la escucha de la palabra del ángel después de que le anunció  que Isabel  daría a luz; María atiende a esta voz y a la necesidad de su prima, generosidad que siempre  destacó durante toda su vida, era atenta y solícita frente a una necesidad, por ejemplo en las bodas de Caná. (Jn. 2.1-11).  Y este suceso hace que ella  salga y se ponga en camino, sin importar el recorrido y cruzar la montaña, nada impida atender al llamado.

Al llegar a casa de su prima la saluda,  este  saludo alegre de María resuena en los oídos del niño  en Isabel y ella también asombrada, regocijada e iluminada de lo Alto exclama: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”. “Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. María exultada ante este suceso y ante la misericordia de Dios en ella, proclama el bello cántico del Magníficat.

María proclama este cántico alabando y glorificando a Dios por todo lo que ha hecho en ella, cada palabra que pronuncia va dirigida a Él. María reconoce la grandeza de Dios. Este es el primer e indispensable sentimiento de la fe, el sentimiento que da seguridad a la criatura humana y la libera del miedo, incluso en medio de los avatares de la historia.

El canto es como un espejo del alma de María. Es, sin duda, el mejor retrato de María que tenemos. Su canto es, a la vez, bello y sencillo. Sin alardes literarios, sin grandes imágenes poéticas, sin que en él se diga nada extraordinario. Y sin embargo, ¡qué impresionantes resultan sus palabras!   Es, ante todo, un estallido de alegría. No es un gozo humano, viene de Dios y en él termina.

La palabra de hoy nos invita a ser solícitos y atentos a la voz de Dios, que, como María, con prontitud anunciemos la misericordia y amor de Dios a los demás, aunque el camino sea largo y montañoso, la alegría y regocijo de tener a Dios en nuestro corazón es lo que os empuja a salir de prisa y sin miedo a anunciarlo. Como ella cantemos este cántico con regocijo por las obras de Dios hechas en nosotros, por su infinita misericordia y  bondad.

Llevemos con nosotros los mismos sentimientos de alabanza y de acción de gracias de María hacia el Señor, su fe y su esperanza. Su dócil abandono en las manos de la Providencia. En efecto, solamente acogiendo el amor de Dios y haciendo de nuestra existencia un servicio desinteresado y generoso al prójimo, podremos elevar con alegría un canto de alabanza al Señor.

Algunas preguntas para meditar:

- Mi oración ¿es ante todo expresión de un sentimiento o celebración y reconocimiento de la acción de Dios?
- María es presentada como la creyente en la Palabra del Señor. ¿Cuánto tiempo dedico a escuchar la Palabra de Dios?
- ¿Tu oración se alimenta de la Biblia, como ha hecho María? ¿O mejor me dedico al devocionismo que produce oraciones incoloras e insípidas? ¿Te convences que volver a la plegaria bíblica es seguridad de encontrar un alimento sólido, escogido por María misma?
- ¿Está en la lógica del Magnificat que exalta el gozo del dar, del perder para encontrar, del acoger, la felicidad de la gratuitidad, de la donación?