La Natividad del Señor

La Natividad del Señor

Mer, 19 Dic 18 Lectio Divina - Anno C

Hoy en la liturgia escucharemos y meditamos sobre el Prólogo solemne del Evangelio de Juan. El Prólogo es el portón de entrada. Es la primera cosa que se escribe. Es como un resumen final, puesto al principio. Bajo la forma de una poesía profunda, misteriosa y muy solemne, Juan ofrece un resumen de todo aquello que dirá sobre Jesús en los veintiún capítulos de su evangelio. Probablemente esta poesía era de un cántico de la comunidad, utilizado y adaptado después por Juan. El cántico comunicaba la experiencia que la comunidad tenía de Jesús, Palabra de Dios. Una poesía es como un espejo. Ayuda a descubrir las cosas que están dentro de nosotros.

En el curso de la lectura del prólogo del evangelio de Juan es bueno activar la propia memoria y tratar de recordar cualquier cántico o poesía sobre Jesús, de nuestra infancia, una que haya marcado nuestra vida.

Una división del texto para ayudarnos en la lectura:
Juan 1,1-5: La Palabra de Dios es luz para todos los seres humanos
Juan 1,6-8: Juan Bautista no era la Luz
Juan 1,9-11: Los suyos no lo han recibido
Juan 1, 12-13: Los que lo reciben llegan a ser hijos de Dios
Juan 1,14: La Palabra se hizo carne
Juan 1,15-17: Moisés dio la Ley, Jesús da la Gracia y la Verdad.
Juan 1,18: Es como la lluvia que lava

El contexto:
Sobre el Prólogo de Juan se han escrito multitud de libros. Y cada año se publican nuevos. Pero no agotarán el contenido del tema. Y esto porque el Prólogo es como un manantial, como una fuente. Cuanto más agua se saca del manantial, más agua dará. Quien mete su cabeza sobre el mismo manantial o fuente y mira dentro, ve su rostro reflejado en el agua de la fuente. Describiendo el rostro que se ve, se describen dos cosas: se comenta el agua de la fuente, el prólogo, y se dice aquello que se ha descubierto en el interior de la persona misma.

El Prólogo  nos a entender por qué el IV Evangelio es tan diverso de los otros evangelios. En el Prólogo Juan nos presenta la visión que él tiene de Jesús, Palabra de Dios y describe el recorrido de la Palabra. Ella estaba junto a Dios desde el principio de la creación y por medio de ella todo fue creado. Todo cuanto existe es una expresión de la Palabra de Dios. Y aun estando presente en todo, el Verbo ha querido meterse todavía más junto a nosotros y por esto se ha hecho carne en Jesús, ha vivido en medio de nosotros, ha desarrollado su misión y ha vuelto al Padre. Jesús es la Palabra viva de Dios. En todo lo que dice y hace se revela el Padre: “¡Quien me ve, ve al Padre! (Jn 14,9). Él y el Padre “somos una misma cosa” (Jn 10,30)

El prólogo del evangelista Juan es una síntesis meditativa de todo el misterio de Navidad, porque el Niño  de Belén es la Revelación de Dios, La verdad de Dios y del hombre, y reflexionando sobre este evento  nos ponemos en tesitura de comprender quién es el que ha nacido y quienes somos nosotros.

El núcleo del prólogo está en el v.14: «Y la Palabra se hizo carne», que contiene el hecho de la encarnación y, por tanto, de Navidad: el Hijo de Dios se ha hecho hombre con la fragilidad e impotencia de toda criatura.

Para comprenderlo Juan se remonta al misterio trinitario y luego vuelve a descender hasta el hombre. El inicio, pues, es la afirmación que nos sitúa fuera del tiempo en el misterio de Dios: «En el principio era la Palabra» (v. la) y nos habla de una existencia sin comienzo ni devenir.

Después en la frase: «La Palabra estaba junto al Padre» (v. lb), el evangelista precisa la situación del Lagos (= La Palabra), Que existe desde siempre, en parangón con Dios: el Verbo, en su ser más profundo, está en actitud de escucha y obediencia, completamente  vuelto hacia el Padre. Jesús, la Palabra encarnada, hace a Dios visible y cercano al hombre, siendo su reflejo.

Así pues, toda la historia y la realidad humana tienen vida  por la Palabra: «En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres» (v. 4), porque en Jesús todo encuentra consistencia, significado, fin y especialmente la salvación de todo hombre.

Todas estas afirmaciones de Juan son importantes para comprender el papel de Jesús como revelador y testigo veraz de Dios. Por esto «de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia» (v. 16), es decir, de su vida filial todos podemos recibir abundantemente.

Meditación:      "La palabra se hizo carne"
Tu Palabra, que había resonado durante siglos, se hace presencia. Has querido, Señor, que supiésemos y conociésemos los matices, la orientación y las opciones claras de tu Palabra, que siempre había sonado liberadora.

Y así te vas a mostrar. Nos quieres hacer comprender la magnitud de tu amor, de tu perdón y, desde ahí, la magnitud de nuestra realidad, de nuestra dignidad. Has querido mostrarnos tu cercanía. No eres un Dios lejano, indiferente, caminando a tus anchas por el cielo o por donde sea, mientras nosotros nos debatimos en nuestras angustias y en nuestras alegrías, o nos destrozamos unos a otros.

Te manifiestas como nuestro creador, como nuestro padre y hermano, como compañero de camino, sufriendo y gozando con nosotros, y encaminando nuestra vida y nuestra historia hasta su consumación, hasta su liberación plena, abriéndonos el sentido de nuestra existencia, de esta existencia que nos empeñamos en vaciar de sentido, porque es más cómodo, pero más triste y más absurdo.

Hoy es un día tremendo. Es un día que se nos desborda por todos los costados. Tu palabra se hace carne, realidad, hombre como nosotros, para decirnos cómo nos amas, cómo se ama, cómo te podemos amar y cómo nos podemos amar. Cómo es el corazón de Dios y del hombre. Seguramente seguiremos repitiendo nuestro camino, como si todo continuase igual. Pero tú, también, seguirás repitiendo tu llamada, diciendo tu palabra, manifestando tu presencia,  hablándonos de paz y de amor.

Oración:      "Despierta"

Despierta en estos días, Señor, un poco más nuestros sentimientos. Despierta en nosotros en anhelo de algo más y mejor. Haz que nuestros corazones se acerquen, nos hagan más sensibles, nos permitan acercarnos y sentir que el mundo está llamado a ser una gran familia de hermanos, que se quieren y ayudan.

Señor, que se acaben las guerras, los dolores absurdos, sin sentido, innecesarios. Que se acabe, Señor, todo lo que niega la vida. Que el corazón humano se haga más sensible, más humano, y que descubramos que tú caminas a nuestro lado, siempre, empujando e iluminando todo lo que hay de bueno, de verdad,  en nuestro ser.

 

CONTEMPLACIÓN:      "Dios está"

Quiero abrir las puertas
y las ventanas de mi corazón,
para que entre el aire fresco
de tu buena noticia,
y la luz de tu presencia
que ilumine mi presente
y mi futuro.

Que, como el sol,
el calor de tu palabra
y de tu amor,
acaricien mis entrañas,
y hagan despertar,
como una nueva primavera,
los brotes esperanzados,
de mi vida haciéndose,
abriéndose, a un nuevo amanecer.

En medio de nuestras sombras
y oscuridades, de nuestros fríos de dolor,
incertidumbre y vacío,
vienes a poner sentido,
a ilusionar nuestro camino,
a iluminar nuestros horizontes,
a decirnos que Dios está,
que Dios es,
que el amor, la verdad
y la esperanza
están vivos, vivos por ti, para nosotros.