La Presentación del Señor

La Presentación del Señor

Lun, 27 Gen 20 Lectio Divina - Anno A

Celebra la Iglesia en este día, la presentación de Jesús en el templo o también esta fiesta es conocida como la purificación de la Santísima Virgen María, ya que esta tradición apunta a que, tal como se suponía que debían hacer, María y José circuncidaron a su bebé, al niño Jesús, y luego, cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos conforme a la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor. A partir de ese momento, el niño comenzó a aprender los caminos de Dios y la ley de Dios, que se impartía en las sinagogas, lugar de encuentro para los judíos.

Esta pericopa evangélica se puede dividir en dos partes, la primera que comprende todo el desenlace de lo que es la presentación de Jesús en el templo a través de este tiempo de purificación, que se tiene en la ordenanza judía: la ofrenda que hace San José a través de las tórtolas, como sacrificio ante la consagración del niño al Señor.

Este pasaje es clave para entender el ministerio de Jesús, pues explica por qué más tarde veremos a Jesús que se enfrenta con sus enseñanzas judías y que las desafía, pero que también las continuará transmitiendo. Y eso lo hará precisamente porque estuvo expuesto a esas enseñanzas de manera constante, y aprendió a amarlas y a organizar su vida alrededor de las mismas, queriendo infundir el mensaje de su Padre a su pueblo; para poder purificar e ir contracorriente a ideologías que habían surgido por medio de la fe y estaban enfermando el espíritu de las gentes; ya que Jesús, como judío, conocía a cabalidad la ley y estaba dispuesto a llevar su mensaje de la Buena nueva a través de su propia vida.

Esta realidad social que se manifestó en la vida de Jesús, también va a ser una relación plena de entrega del mismo Cristo por la humanidad. Jesús  en un plano humano cumple con la norma, pero  en un plano espiritual trata de llevar al hombre más adelante; a no sólo estar pendientes el cumplimiento de la norma, sino en el efecto de hacer todo cuanto tengamos que hacer. Sólo a través del sacrificio del amor podemos afirmar que toda la vida terrena de Jesús es un “aquí estoy”, una actitud de entrega, una ofrenda total al Padre para hacer su voluntad, su proyecto de salvación para todos los hombres. María y José son los portadores de la Gran Ofrenda, que es Jesús. Sus vidas estuvieron siempre en sintonía con la voluntad de Dios.

La segunda parte de este pasaje evangélico nos transmite el mensaje del anciano Simeón, un hombre “justo y piadoso” que “esperaba la consolación de Israel; que a través de su sabiduría, supo dar el oportuno mensaje a la Virgen María por medio de su profecía. En este plano, le dio a conocer a la Virgen el don tan inestimable que tendría durante su vida y todo lo que ello acarreaba.

La respuesta de Simeón fue de alabanza, gozo, paz, salvación y consolación. Cuando Simeón ve a Jesús, proclama: “Han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel”.  Las palabras de Simeón revelan cómo una vez cumplida su única aspiración, la de ver al Mesías cara a cara en la tierra; ya podía morir en paz, para contemplarlo por toda la eternidad en el cielo.

De alguna manera, en la expresión de Simeón se debería ver reflejado todo deseo de cristiano: luego de conocer a Jesús, sus mandamientos, sus bienaventuranzas, ¿qué más desear que estar con Él en el cielo? El conocimiento verdadero de Jesús aumenta el deseo de establecer una relación más profunda y personal con Él. Esta comunión entre el hombre y su Creador se da por medio de la contemplación. Simeón contempla a la persona adorable de Jesús y entrega su ser a Él, profetizando su existir y donación por el género humano.

Simeón también dentro de su profecía da conocer a María el sufrimiento por el cual tendrá que pasar, pero este sufrimiento es signo de redención. María ha sido capaz de aceptar la misión que Dios le ha encomendado y ella como la Madre de Dios, la Theotokos, es capaz de responder a esta vocación, a este llamado que le ha hecho el Señor. María es el modelo del cristiano que es capaz de afrontar con un corazón manso la voluntad del Padre que está en los cielos.

Este mensaje evangélico permite que el Cristiano se identifique cada día más con el corazón de Jesús; que cada día trate de configurarse más a Él, imitando sus virtudes; que como Cristianos, nuestras vidas siempre tiendan a presentarnos a Él y entregarnos enteramente, sin restricciones, sin límites, de amarlo cada día y ser capaces de aceptar nuestras propias historias de vida, analizando nuestro entorno y entregándole a Él todo lo que somos y tenemos, lo bueno y malo que acontece en nuestro existir.

Señor Jesús, permite siempre que seamos capaces de adherirnos a tu divina voluntad y que contemplemos así nuestra vida solamente junto a ti; alimenta nuestro Espíritu con tu Gracia y recibe nuestras vidas como una oración, como un sacrificio, como incienso que sube a tu presencia.