Santísima Trinidad - Solemnidad

Santísima Trinidad - Solemnidad

Dom, 09 Giu 19 Lectio Divina - Anno C

Después de haber contemplado ampliamente la obra de Jesús en su Misterio Pascual, realización del proyecto salvífico del Padre que concluyó el domingo pasado con Pentecostés acogiendo el don del  Espíritu, la liturgia ha vuelto al «tiempo ordinario». Pero esto no quiere decir que el compromiso de los cristianos deba disminuir; al contrario, al haber entrado en la vida divina mediante los sacramentos, estamos llamados diariamente a abrirnos a la acción de la gracia divina. Este domingo celebramos  la “Solemnidad de la Santísima Trinidad”, “Tres personas distintas, y un solo Dios verdadero”, es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, en el cual  confesamos al Dios en quien nuestra vida fue sumergida bautismalmente.

En un día como hoy proclamamos que la vida trinitaria, la intimidad del Padre y del Hijo y su Amor, una verdad que Dios nos ha ido revelando poco a poco en  la medida, la gracia y la inspiración de nuestras relaciones con Dios y nuestros hermanos.

Ahora bien, entrando en el estudio de la Palabra en la primera lectura hemos considerado el proyecto del Padre en la creación; en la segunda, se nos ha explicado que este proyecto viene realizado por el Hijo, pero no sabíamos todavía que el camino que lleva a la salvación nos perecería a los hombres no solo extraño, sino incluso absurdo. Es ésta la razón por la que es necesaria la obra del Espíritu. Solo su impulso puede producir nuestra adhesión al proyecto del Padre y a la obra del Hijo.

En el Evangelio de Juan es la quinta vez que Jesús promete enviar al Espíritu y afirma que será éste el que lleve a cumplimiento el proyecto del Padre. Sin su acción, los hombres no podrían recibir la salvación. El pasaje comienza con las palabras de Jesús: “Mucho podría deciros aún, pero ahora no podéis  con ello” (v. 12). Jesús les ha dicho claramente que no tiene otras revelaciones que hacer: (Jn 15,15)  en el evangelio de hoy dice que el Espíritu no añadirá nada a lo que él les ha dicho: (vv. 13-14). No tendrá la tarea de completar o ampliar el mensaje sino la de iluminar a los discípulos para hacerles comprender de manera correcta lo que el Maestro ha enseñado. La razón por la que Jesús no explica todo, no es por falta de tiempo sino por la incapacidad de sus discípulos de “soportar el peso” de su mensaje. ¿De qué se trata? ¿Cuál es este peso insoportable? tiene como trasfondo la imagen de una persona que carga un objeto pesado (ver Hechos 15,10; Gálatas 5,10). De hecho la expresión tan conocida “cargar la cruz” está relacionada con esto. La situación, entonces, es dramática porque –según el evangelio- a la meta sólo se puede llegar caminando detrás de Jesús que carga con la Cruz (ver Juan 13,36). Esta es la “verdad total”, muy pesada, imposible de soportar sin la ayuda del Espíritu.

Juan 16,12-15: Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu recibirá de lo mío y os lo anunciará. Jesús, revelador del Padre, nos envió a su Espíritu para santificarnos y hacernos vivir su propia vida divina y los sentimientos más profundos de su Corazón de Hijo muy amado del Padre.

“la acción del Espíritu Santo ha irradiado una luz nueva sobre la tierra en cada corazón humano que lo acoge; una luz que revela los ángulos oscuros, las durezas que nos impiden llevar los frutos buenos de la caridad y de la misericordia”. “Que la Virgen María nos ayude  a entrar cada vez más, con todo nuestro ser, en la Comunión trinitaria, para vivir y testimoniar el amor que da sentido a nuestra existencia”.