Solemnidad de San Pedro y San Pablo Apóstoles

Solemnidad de San Pedro y San Pablo Apóstoles

Mer, 27 Giu 18 Lectio Divina - Anno B

En este día en el cual la Iglesia nos invita a recordar la memoria de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, el confesor de la fe en Cristo y el maestro que anunció el evangelio a los gentiles, recorramos el itinerario santo de la Lectio divina, para acoger la Palabra de Dios en nuestra vida y con la gracia del Espíritu Santo ratificar nuestra fe y pertenencia a Cristo y comprometernos a ser anunciadores de su evangelio con nuestras palabras y obras.

Como primer paso del itinerario se nos invita a leer atentamente el texto bíblico con cuidado, atención, a modo de escucha para entrar en diálogo con Dios.  La pregunta que debemos  tratar de responder  en este primer paso es ¿Qué dice el texto?

El texto del Evangelio que hoy nos presenta la Iglesia en la Liturgia de la Palabra es el de Mt 16, 13- 19.  En este pasaje del Evangelio, que se desenvuelve en la región de Cesarea de Filipo, un territorio pagano, Jesús pregunta a sus discípulos respecto a su identidad: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?” Luego de relacionarlo con Juan Bautista, Elías o uno de los profetas Jesús los interpela directamente a ellos “y ustedes, ¿quién dicen que soy?” Pedro toma la vocería por los demás discípulos y hace su confesión de fe: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.”  De esta manera Jesús declara bienaventurado a Pedro y por su confesión lo convierte en fundamento de su Iglesia dándole al mismo tiempo la autoridad de atar y desatar.

Llaman la atención en el texto varios elementos como son:

  • Jesús y sus discípulos se encuentran en una zona pagana y allí ocurre la confesión de fe del discípulo.
  • Jesús interroga a sus discípulos, los interpela personalmente, ya no son otros los interpelados por las palabras y obras de Jesús sino los mismos discípulos.

Primero la pregunta versa sobre el colectivo de “la gente”.

Luego la pregunta se vuelve mucho más personal, si se pudiera decir íntima, interpela directamente a aquellos que lo han acompañado en su ministerio público y han sido testigos de sus milagros, de sus enseñanzas.

  • La respuesta dada por Pedro evoca la filiación de Jesús respecto del Padre, es el “Hijo de Dios vivo”.

Esta respuesta de Pedro proviene de la revelación del mismo Padre que está en los cielos y no de ninguna realidad terrenal.

La confesión de fe de Pedro es lo que le da, de parte de Jesús, esta autoridad y primacía en la comunidad de los discípulos y sobre la Iglesia que edificará Jesús.

Meditatio: En este segundo paso debemos profundizar en la lectura que hemos realizado, es el momento de dejarnos interpelar y de confrontarnos con el texto bíblico, el Señor quiere traspasar nuestro corazón con su Palabra, como diría San Agustín,  Él quiere abonar la tierra de nuestro corazón para sembrar su semilla y que esta dé fruto. 

El Señor actúa en los lugares menos esperados, a través de personas y acontecimientos que tal vez no esperaríamos, pero siempre lo hace para salvarnos, para confirmar nuestra identidad de discípulos, nuestra pertenencia a Él. Es en territorio de paganos donde Jesús interpela personalmente a sus discípulos respecto de su identidad, podríamos preguntarnos: ¿tengo la capacidad de reconocer el actuar de Jesús en mi vida y su presencia en mis hermanos, aun se trate de los acontecimiento más pasajeros y sencillos de mi vida y tal vez en las personas que considero menos importantes?

Muchos se interrogaban respecto de la identidad de Jesús, pero ahora los que son interrogados e interpelados son los propios discípulos y es su propio Maestro el que lo hace: “y ustedes, quien dicen que soy? La pregunta es directa, nos la hace el Señor a cada uno de nosotros, y lo hace precisamente para que producto de ese cuestionamiento nosotros confirmemos nuestra fe en Él, nuestra identidad de discípulos.  La fe entendida de esta manera es la capacidad de dejarnos interrogar por Jesús para responder con Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”.

Ratificar nuestra adhesión a Cristo como el Hijo de Dios, confesar nuestra fe en Él, es al mismo tiempo ratificar nuestra identidad de discípulos, seguimos al Ungido del Padre, al Hijo del Dios vivo,  actuante, al Dios que se encarnó, que asumió nuestra condición, que se hizo cercano a nosotros al punto de compartir en todo nuestra condición humana menos en el pecado, al Dios que se humilló para que nosotros fuéramos ensalzados, al Dios que nos enseñó el significado genuino del amor: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”, al Dios que gracias a la acción del Espíritu Santo, sigue obrando en nuestra vida y en la vida de la Iglesia.

La fe en el Dios vivo, marca entonces para nosotros sus discípulos un camino de humildad, entrega, generosidad, anonadamiento, misericordia, fidelidad, amor auténtico.  A este punto pudiéramos preguntarnos: ¿me dejo interrogar, interpelar por Jesús, por su palabra, para madurar mi fe y  ratificar mi adhesión a él y mi identidad de discípulo del Cristo, del Hijo de Dios vivo?

La Iglesia la conformamos quienes en comunión con el apóstol Pedro, por medio del bautismo, confesamos nuestra fe en Jesús como el Cristo, como el enviado del Padre, como el Ungido, y de esta manera nos convertimos en discípulos que vamos caminando peregrinos en esta tierra procurando con el auxilio de la gracia de Dios, dar testimonio con nuestras palabras y obras de la buena noticia del Evangelio.

Esta es una ocasión propicia para confirmar nuestra fe en Cristo y nuestra comunión con el sucesor de Pedro, el Santo Padre, el Papa Francisco, que tiene la misión como pastor de la Iglesia Universal de confirmarnos en la fe y en la caridad.  Al mismo tiempo, de impulsar la misión de la Iglesia que siguiendo el testimonio de San Pablo, busca incansablemente anunciar y dar testimonio del Evangelio, que es la buena nueva de la vida y de la salvación.  Podríamos preguntarnos en este momento: ¿me siento un miembro vivo de la Iglesia que aporta con sus palabras y obras a la misión evangelizadora?  ¿Me uno espiritualmente en mis oraciones e intenciones al Santo Padre, los Obispos, sacerdotes, religiosos y quienes tienen la responsabilidad de pastorear el rebaño del Señor para confirmarlo en la fe?

Oratio: Diría San Agustín que la oración es: “la ascensión del alma de las cosas terrestres a las celestes, es la búsqueda de las cosas superiores y el deseo de las cosas invisibles”.  Es el momento en este itinerario de dejarnos conducir por este deseo de Dios comenzando por expresarle nuestra gratitud y nuestra firme voluntad de adherirnos a Él, de confirmar nuestra fe en Él, pero no podemos hacerlo solos, Jesús declaró a Pedro bienaventurado porque su confesión no fue obra de la carne sino revelación de Dios,  pidamos al Señor su gracia para que esta Palabra que hemos meditado nos permita adherirnos más plenamente a Él y nos permita fortalecer nuestra identidad de discípulos. 

En comunión con la Iglesia elevamos al Señor nuestras plegarias por el Santo Padre el Papa Francisco y por todos aquellos que en comunión con él, como pastores, tienen la misión de confirmar en la fe y en la caridad al pueblo de Dios, el Señor les dé fortaleza, sabiduría, perseverancia, discernimiento.  También pidamos al Señor por todos nosotros para que como Iglesia, en unidad de almas y corazones, en todos los contextos y circunstancias, valientemente demos razón con valentía de nuestra más genuina identidad: ser discípulos de Cristo.

Contemplatio:  “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, expresa San Agustín al inicio de sus confesiones, y debe ser nuestro empeño en este último paso del itinerario de la lectio divina, descansar en Dios, permitir que nuestro deseo e inquietud que ha suscitado en nosotros la meditación de su Palabra colme nuestro corazón y nuestro ser y nos fortalezca de cara al compromiso que hoy nos plantea la Palabra: dejarnos interpelar por el Señor, confesar  nuestra fe en Él, confirmar nuestra identidad de discípulos y, asistidos por la gracia, convertirnos en testigos del Evangelio con nuestras palabras y obras.  Hoy nos unimos a la Iglesia universal que contempla a Cristo a quien Pedro confesó y Pablo anunció incansablemente.