Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Mer, 30 Mag 18 Lectio Divina - Anno B

Como Cristo al ser hecho Hijo de recibió la vida eterna del Padre, los cristianos participan de Su eterna vida uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo más sublime, real y concreto de la unidad con la Víctima del Calvario.

Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra por medio de la Eucaristía, es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el Cielo, porque «el Pan mismo de los ángeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo conmemoraremos después en el Cielo ya sin velos» (Concilio de Trento).

¿Qué dice el texto?

La lectura de este domingo es del Evangelio de San Marcos, recordemos que éste es un discípulo de Pedro y escribe especialmente para los cristianos de la época, provenientes del paganismo. Contiene menor cantidad de discursos, pero los relatos son ampliamente detallados.

La Palabra de hoy nos introduce en los preparativos de los discípulos para la comida pascual, y en la institución de la Eucaristía.  Esto ocurre antes del arresto de Jesús, y del comienzo de su Pasión.

El relato comienza contextualizando el momento, es el primer día de la fiesta de los panes Ázimos. Esta es una festividad judía, que comenzaba con la Pascua, y duraba una semana, durante la cual sólo se podía comer panes sin levadura. Este es el día en que se inmolaba la víctima pascual que solía ser un cordero o un buey.

Los discípulos quieren saber dónde celebrar la Pascua, y acuden a Jesús para preguntarle. Jesús responde enviando a dos discípulos, dándoles indicaciones precisas de los que iban a ver y encontrar en ese lugar, y lo que ellos debían decir. Jesús a través de estas explicaciones, demuestra la gran importancia dedica a la celebración del banquete pascual que iba a ocurrir.

La segunda parte del relato, a partir del versículo 22, es considerada como la institución de la Eucaristía. Esta palabra proveniente del griego (eucharistía), significa feliz acción de gracias. La Eucaristía fue prefigurada ya en el Antiguo Testamento, recordemos que la mayoría de las antiguas fiestas judías, son resignificadas y llevadas a plenitud por Cristo, conservando elementos característicos. En el caso de la fiesta de pascua judía, la victima pascual ya no es un animal, sino que el cordero es Cristo. Así como la Antigua Alianza entre Dios y los hombres fue sellada con la sangre de animales sacrificados, también la Sangre de Jesús derramada en la cruz sella la Nueva Alianza de Dios con su nuevo Pueblo, que es la Iglesia.

El pan y el vino, dos elementos muy presentes en el antiguo testamento, y de la misma manera en los evangelios; se convierten a través de las palabras de Jesús, en su cuerpo y en su sangre. Estas son las mismas palabras pronunciadas hoy por los ministros para la consagración, en la liturgia de la misa.

Dios regala a su Pueblo el Maná que la humanidad esperaba, este es el verdadero “Pan del Cielo”, es el lugar de “comunión” entre Dios y el hombre. Es el Señor que se entrega como carne, pero que permanece como espíritu, en su cuerpo que es la Iglesia.

Contexto:

La entrada solemne de Jesús en Jerusalén (Mc 11,1-11), la expulsión de los vendedores del templo (Mc 11,12-26), las discusiones con los sacerdotes, los escribas y los ancianos (Mc 11,27 a 12,12), con los fariseos y herodianos (Mc 12,13-17), con los saduceos (Mc 12,18-27), con los escribas (Mc 12,28-40), la reflexión sobre las ofrendas de los ricos y de los pobres (Mc 12,41-44), el anuncio de la destrucción del templo (Mc 13,1-3) y el discurso del juicio final (Mc 13,4-37): todo esto hace crecer la oposición de los grandes contra Jesús. Por un lado la mujer anónima, una discípula fiel, que aceptaba a Jesús como Mesías y crucificado (Mc 14,2-9). Por otro lado los discípulos que no conseguían entender y mucho menos aceptar la Cruz, y que querían huir, negar y traicionar (Mc 14,17-21.27-31). Y en medio de este ambiente tenso y amenazador, llega el gesto de amor de Jesús que se da totalmente partiendo el pan para sus discípulos.
En los años 70, época de Marcos, muchos cristianos por miedo, habían rechazado, negado o traicionado su fe. Y ahora se preguntaban: “Hemos roto la relación con Jesús. ¿No sucederá que también Él rompa su relación con nosotros? Quizás podamos volver”. No había una respuesta clara. Jesús no ha dejado nada escrito. Y fue reflexionando sobre los hechos y recordando el amor de Jesús como los cristianos fueron descubriendo la respuesta. Como veremos en el comentario, Marcos, en el modo de describir la Última Cena, comunica la respuesta que, descubre a estas preguntas de las comunidades. Y es ésta: la acogida y el amor de Jesús superan el abatimiento y el fallo de los discípulos. ¡El regreso es siempre posible!

Comentario del texto:

Marcos 14,12-16: Preparación de la Cena Pascual.
En total contraste con la discípula anónima que ungió a Jesús, Judas, uno de los doce, decide traicionarlo y conspiró con los enemigos que le prometieron dinero (Mc 24,10-12). Jesús sabe que será traicionado. Pero aun así, trata de fraternizar con los discípulos en la última cena. Marcos 14,22-26: La Eucaristía: el gesto supremo de amor.
El último encuentro de Jesús con los discípulos se desarrolla en el ambiente solemne de la tradicional celebración de Pascua. El contraste es muy grande. Por un lado, los discípulos, que se sienten inseguros y no entienden nada de lo que sucede. Por otro lado, Jesús tranquilo y señor de la situación, que preside la cena y realiza el gesto de partir el pan, invitando a los amigos a tomar su cuerpo y su sangre. 
 Él hace aquello por lo que siempre oró: dar su vida a fin de que sus amigos pudiesen vivir. Y este es el sentido profundo de la Eucaristía: aprender de Jesús a distribuirse, a darse, sin miedo de las fuerzas que amenazan la vida. Porque la vida es más fuerte que la muerte. La fe en la resurrección anula el poder de la muerte.
Terminada la cena, saliendo con sus amigos hacia el Huerto, Jesús anuncia que todos lo abandonarán: ¡Huirán o se dispersarán!. Pero ya les avisa: “¡Después de la resurrección os precederé en Galilea!”. ¡Ellos rompen las relaciones con Jesús, pero Jesús no las rompe con ellos! Él continúa esperándolos en Galilea, en el mismo lugar donde tres años antes los había llamado por primera vez. O sea, la certeza de la presencia de Jesús en la vida del discípulo ¡es más fuerte que el abandono y la fuga! Jesús continúa llamando. ¡El regreso es siempre posible! Y este anuncio de Marcos para los cristianos de los años setenta es también para todos nosotros. 

Profundización

La celebración de la Pascua en tiempos de Jesús

La Pascua era la fiesta principal de los judíos. En ella se conmemoraba la liberación de la esclavitud de Egipto, que se encuentra a los orígenes del pueblo de Dios. Pero más que una simple memoria del Éxodo, la Pascua era una puerta que se abría de nuevo cada año, a fin de que todas las generaciones pudiesen tener acceso a aquella acción liberadora de Dios que, en el pasado, había generado el pueblo. Mediante la celebración de la Pascua, cada generación, cada persona, bebían de la misma fuente de la que habían bebido los padres en el pasado, al ser liberados de la esclavitud de Egipto. La celebración era como un renacimiento anual.

Eucaristía: La Pascua celebrada por Jesús en la Última Cena

Fue con la intención de celebrar la Pascua de los judíos, cuando Jesús a la vigilia de su muerte, se reunió con sus discípulos. Era su último encuentro con ellos. Por esto lo llamamos encuentro de la “Última Cena” (Mc 14,22-26; Mt 26, 26-29; Lc 22,14-20). Muchos aspectos de la Pascua de los judíos continúan siendo válidos para la celebración de la Pascua de Jesús y son el fondo. Ayudan a entender toda la portada de la Eucaristía.

La celebración de la Eucaristía por parte de los primeros cristianos

No siempre los cristianos han conseguido mantener este ideal de la Eucaristía. En los años cincuenta, Pablo critica a la comunidad de Corinto porque cuando celebraban la cena del Señor hacían exactamente lo contrario, porque algunos comen primero su cena así uno tiene hambre, el otro está borracho (1Cor 11,20-22). Celebrar la Eucaristía como memorial de Jesús quiere decir asumir el proyecto de Jesús, quiere decir asimilar el proyecto de Jesús, quiere decir imitar su vida compartida, puesta completamente al servicio de la vida de los pobres.
Al final del primer siglo, el evangelio de Juan, en vez de describir el rito de la Eucaristía, describe cómo Jesús se arrodilla para cumplir el servicio más común en aquel tiempo: lavar los pies. Al término de aquel servicio, Jesús no dice: “Haced esto en memoria mía” (como en la institución de la Eucaristía en Lc 22,19; 1Cor 11,24), sino que dice: “Haced lo que yo he hecho” (Jn 13,15). En vez de ordenar que se repita el rito, el evangelio de Juan pide actitudes de vida que mantenga viva la memoria del don sin límite que Jesús hace de sí mismo. Los cristianos de la comunidad de Juan sentían la necesidad de insistir más en el significado de la Eucaristía como servicio, que del rito en sí.

Cultivemos la semilla de la palabra y de la Eucaristía.

La celebración de “Corpus Christi” planteada como la celebración de la alianza nueva de vida propone a la reflexión: Nuestra comunidad de discípulos ¿Se conserva realmente unida con Dios y entre sí a través del Santísimo Sacramento? ¿O hemos olvidado la urgencia de unidad y amor que él significa?, En nuestros proyectos personales y comunitarios ¿Partimos de la Eucaristía como fuente y nos orientamos a ella como a nuestro fin? c. ¿Cuánta de nuestra piedad es realmente Eucaristía y centrada en la presencia real de Cristo (su Cuerpo y su Sangre, la persona toda ofrecida por amor)? Este misterio de Encarnación, de donación y entrega ¿Nos mueve a acercarnos a los más pobres y olvidados, imitando a nuestro Señor y Maestro? Hacemos de la Eucaristía el centro de nuestra vida? La Eucaristía es prolongación en nuestra vida cotidiana? Sacamos tiempo para estar a solas en los Sagrarios?

Que nos dice la Eucaristía para nosotros los cristiano católicos?