V Domingo de Cuaresma

V Domingo de Cuaresma

Mar, 24 Mar 20 Lectio Divina - Anno A

La llamada que Jesús hace a Lázaro a salir de la tumba, es signo de que Él tiene  poder sobre la muerte. Antes de la venida de Cristo y después de ella, la muerte golpea al hombre; Jesús no queda indiferente al dolor, expresión de ello es su llanto con los que lloran porque les es arrancada una persona amada. El Evangelio que hoy se nos proclama, nos dice que la fe debe ser más fuerte que el llanto, ella nos ayuda a superarla desesperación; Jesús es la resurrección y la vida, mediante la fe que es el vínculo que nos estrecha a él, nos dispone a recibir su Espíritu dador de vida. Este mensaje en las circunstancias actuales que estamos viviendo, nos trae conforto y nos aniña a mantenernos siempre unidos al Señor.

Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz , que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

1.Lectura
Evangelio de San Juan 11, 1-45


2.  Clave de lectura:
Leamos el texto que describe la resurrección de Lázaro. Durante la lectura, trata de seguir al grupo, los discípulos, hombres y mujeres que siguen a Jesús desde la Galilea hasta Betania. Debes seguir con atención todo cuanto acontece, desde el momento del anuncio de la enfermedad del hermano que Marta y María han enviado a Jesús que se encuentra en Galilea, hasta la resurrección de Lázaro

3. División del texto para ayudar a la lectura:
Jn 11,1-16: Jesús recibe el aviso y regresa a Betania para resucitar a Lázaro
Jn 11,17-31: El encuentro de Jesús con las dos hermanas y la profesión de fe de Marta
Jn 11,32-45: El gran signo de la resurrección de Lázaro.

4. Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención en todo este episodio narrado con tantos detalles? ¿Por qué?
b) ¿Cuál es el punto central y más importante de todo lo que el texto nos cuenta? ¿Por qué?
c) ¿Cuál es el comportamiento de los discípulos? ¿Qué dicen y qué hacen?
d) ¿Cómo se comportan Marta y María? ¿Qué dicen y qué hacen?
e) ¿Cuál es el comportamiento de los judíos? ¿Qué dicen, hacen o planifican?
f) ¿Con quién te identificas más: con los discípulos, con las hermanas, con los judíos, o con ninguno de ellos?
g) ¿Has pasado alguna vez por momentos en los que se han mezclado desesperación y esperanza, muerte y vida? En estos momentos difíciles ¿qué es lo que ha sostenido tu fe?
h) ¿En qué modo Lázaro resucita hoy? ¿Cómo sucede la resurrección hoy, dando vida nueva a los pobres?

5. Reflexión 
La Palabra del Señor en el evangelio para este v domingo de cuaresma; nos narra la resurrección de Lázaro; que es un preanuncio de la propia resurrección de Jesús, misterio que la Iglesia está próxima a celebrar.

En primer lugar es importante distinguir entre las dos resurrecciones. La resurrección de Lázaro consistió en recuperar  la vida temporal otra vez; mientras que, en la resurrección de Cristo, los apóstoles confesaron unánimemente que Jesús murió, fue sepultado, y resucito al tercer día de entre los muertos para no volver a morir nunca jamás. La resurrección de Jesús fue para los apóstoles un paso hacia delante y no un regreso.

En segundo lugar el llanto de Jesús por la muerte de su amigo Lázaro, revela con mucha crudeza que la pérdida de un ser querido es una de los acontecimientos más dolorosos y traumáticos la vida de  las personas. Sufrimos una ausencia que nunca más volverá a ser restablecida. Nadie puede sustituir a nadie, ya que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles. Sin embargo, en el Evangelio el Señor mismo anima la esperanza cristiana en la vida eterna al decir: “yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mí, aunque muera vivirá”(Jn 11,25). Esa vida que recupera Lázaro, imagen de la que nos consigue Jesús con la Pascua. «Cristo lo es todo para nosotros. Si quieres curar tus heridas, Él es médico. Si la fiebre te abrasa, Él es la fuente de agua fresca. Si te oprime el peso de la culpa, Él es la justicia. Si necesitas ayuda, Él es la fuerza. Si temes la muerte, Él es la vida. Si deseas el cielo, Él es el camino. Si huyes de las tinieblas, Él es la luz. Si buscas comida, Él es el alimento. Buscad y ved cuán bueno es el Señor; dichoso el hombre que espera El» (San Ambrosio).

 La característica de esta quincena que se inicia con el quinto domingo de Cuaresma, en la liturgia romana, es la atención intensificada hacia el misterio de la pasión del Señor. La comunión con la cruz y la sepultura de Cristo, realizada sacramentalmente en el bautismo, nos hace entrar en una vida nueva, escondida con Cristo en Dios. "El esquema del prefacio, como en los domingos anteriores, vuelve a situarnos en el paralelismo de la humanidad y la divinidad de Cristo; a la samaritana le pide agua y le da el fuego del Espíritu;

6. Oración final
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén