V Domingo del Tiempo Ordinario

V Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 04 Feb 19 Lectio Divina - Anno C

La Liturgia de la Palabra presenta hoy  la vocación de tres hombres, Isaías, Pedro y Pablo.  Para cada uno de ellos la llamada divina es presidida de una teofanía; Dios antes de confiar al hombre una misión particular se le revela y da a conocer.

Grandiosa la revelación concedida a Isaías  “vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado” (Is 6,1) en torno a é los serafines se postraban en adoración cantando: “Santo, santo, santo es el Señor Dios del universo” (ib,3) frente a tal grandeza y santidad, Isaías tiembla, se siente impuro e indigno de estar en la presencia de Dios. Pero cuando siente la voz del Señor dirigirse a él: “¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra?” no titubea un instante y responde: Heme aquí; envíame (Is 8).El hombre no puede por su cuenta y riesgo asumir la misión de colaborador de Dios; pero si Dios le llama su indignidad no pude ser un pretexto, para echarse atrás.

Pablo habla de su vocación de heraldo del misterio de Cristo. También a él se le reveló Cristo en el camino de Damasco y quedó tan anonadado, que durante toda la vida se tiene no solo por el menor de los apóstoles, sino por “un aborto” 1C0r 15,8). Sin embargo, su correspondencia es plena y puede atestiguar que la gracia de Dios no ha sido en él estéril.

Del todo diferentes fueron las circunstancias de la llamada definitiva de Pedro para “Pescador de hombres”. La escena no acaece en el templo como para Isaías, sino en el Lago, en un contexto muy sencillo y humano, propio del Dios hecho hombre, venido a compartir la vida de los hombres.

Jesús está rodeado de mucha gente que quiere escuchar la palabra de Dios, esta gente desea “escuchar la Palabra de Dios” son muchos los oyentes pero él busca personas que se entreguen totalmente.

Subió a una barca que era la de Simón… luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud, desde la barca, es decir desde la Iglesia. La enseñanza es continua. Lo hará su primer Vicario y jefe de la Iglesia. Y Pedro será la roca inconmovible sobre la cual se asentará el edificio espiritual, ciudad de Dios, que abarca toda la tierra. Lo que San Pablo expresó diciendo a los neo-bautizados de Éfeso: “Conciudadanos sois de los santos y miembros de la familia de Dios edificados sobre el fundamento de los Apóstoles y profetas, cuya piedra angular es el mismo Cristo…”

El contexto de la narración evangélica nos hace ver que no fue Pedro ese día el único pescador del lago llamado por Jesús al apostolado. También lo fueron Adres, hermano de Simón Pedro y los dos hijos de Zebedeo, atraídos todos por una gracia irresistible de vocación y elección de Dios: “No me elegisteis vosotros a mi” les dirá Jesús la noche de la cena, “sino que yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis, y llevéis fruto, y que permanezca vuestro fruto, y os dé el Padre cuanto le pidiereis en mi nombre” (Jn 15)

Jesús ordena a Pedro: lleva la barca mar adentro y echar las redes para pescar. Maestro hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada: pero en tu palabra echaré las redes”(5,5) Su docilidad y confianza salen premiadas; capturaron tal cantidad de peces que las redes se rompían y llenaron las dos barcas “que casi se hundían” (ib 7) el milagro imprevisible nos revela quien es Jesús, y Pedro atónito como Isaías, cae de rodillas   diciendo: ”aléjate de mi Señor que soy un hombre pecador (ib 8) en presencia de Dios que se revela, el hombre por contraste advierte su nada y su miseria y siente profundamente la necesidad de humillarse. Al acto de humildad sigue la definitiva llamada: “No temas. Desde ahora serás pescador de hombres” También aquí la respuesta es inmediata y no solo la de Pedro sino la de sus compañeros: “Llevaron a tierra las barcas y dejándolo todo lo siguieron” (ib10-11)

La Iglesia está hecha para la misión, así con la fragilidad de sus miembros.
“En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús” condición esencial para el verdadero discípulo de Jesús. El evangelio lo repite varias veces (Lc 12,25; 14,33; 18,22 etc.)

Lo dejaron todo: trabajo, familia, todo su pasado, su historia, eran pescadores. Lucas acentúa la radicalidad “dejándolo todo” el abandono de sus bienes, a partir de ahora se convierte en una exigencia para el discipulado. El desprendimiento del discípulo es total; su confianza en el nuevo guía de su vida es absoluta. Por él deja todo, de él recibe todo.

“Y lo siguieron”… El discípulo, según Lucas, toma la forma de un viaje. Ser discípulo de Jesús implica ir detrás de él a lo largo de su camino, desde Galilea hasta Jerusalén y, finalmente, hasta Dios. El discípulo no es estático, implica esta dinámica y movilidad. Además, la metáfora de la compañía física es una alusión a una realidad más profunda: la adhesión personal a Jesús, a su estilo de vida y a su misión. Comienza así una nueva etapa en la vida de Simón. Lo suyo ahora es el “seguimiento” del Maestro, dejarse educar por él, vuelve a aprender la vida, pone cada paso de su vida sobre las huellas de su Maestro. De esta manera, poco a poco, aprenderá a lanzar las redes de la palabra creadora de Dios, hasta su muerte martirial en Roma.

Oración
“Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echare las redes”. También yo, Señor, sé que para mí es de noche cuando tú no hablas… He lanzado como un dardo mi voz…, y no he ganado todavía a ninguno. La he lanzado de día; ahora espero tu orden: en tu palabra echare la red. ¡Oh vana presunción! ¡Oh fructífera humildad! Los que antes no habían cogido nada, luego por tu palabra, Señor, pescan una enorme cantidad de peces. Esto no es fruto de elocuencia humana, sino efecto de la llamada celestial. (S. Ambrosio, comentario al Evangelio de Lucas IV, 76).