XI Domingo del Tiempo Ordinario

XI Domingo del Tiempo Ordinario

Sab, 16 Giu 18 Lectio Divina - Anno B

El discurso sobre el Reino de Dios, propuesto por Jesús en parábolas a los hombres de todos los tiempos, responde a una doble pregunta: ¿qué lógica rige el funcionamiento del Reino de Dios? ¿Alcanzará éste su objetivo?

Las dos parábolas que recoge el texto de hoy hablan de un «grano» echado en tierra: en la primera parábola el crecimiento del grano no depende del trabajo del hombre {«Duerma o vele, de noche o de día, el grano germina y crece»: v. 27), sino únicamente de la fertilidad del suelo.

La primera lectura se mostraba todavía más explícita: no es el hombre el que trabaja para edificar el Reino de Dios, sino sólo Dios. En la segunda parábola aparece una idea ulterior: el minúsculo grano de mostaza –que carece de toda vistosidad- «se hace mayor que cualquier hortaliza» (v. 32). Se trata de una grandiosa visión plena de esperanza, que anima a los creyentes a mantener una actitud de paciencia. Dios obra en la historia, a pesar de que las apariencias digan lo contrario. La realización de su Reino no depende de la eficiencia, ni de las instituciones, ni de los individuos; no es cuestión de programas o de obras, sino de una escucha atenta de la Palabra de Dios y de la disponibilidad para dejarla crecer en nosotros. El mensaje central de la parábola no es, a pesar de todo, una invitación al quietismo o a la falta de compromiso. Al contrario, presenta al creyente una mentalidad nueva, la de no escuchar tanto sus deseos y sus ganas de hacer y mantenerse disponible, con paciencia y humildad, para crear las condiciones en las que la Palabra de Dios pueda dar fruto libremente.

PRESENTACIÓN DEL TEXTO

Cuando Marcos escribió su Evangelio, probablemente  era consciente de que algunos cristianos estaban desanimados ante  los fracasos y las persecuciones.  Las parábolas que leemos en el   evangelio de hoy son para  animarles en su empeño  evangelizador y misionero,    subrayando que en el fondo es obra de Dios.    Son parábolas  que  también  a  nosotros,  en el  siglo XXI, nos pueden  dar  aliento.

Retomando la imagen de la semilla  que se deposita en la tierra,  Marcos nos ofrece un relato  casi paradójico del  crecimiento de la semilla hasta su fruto maduro,  para mostrar que el Reino de Dios es totalmente obra suya y más allá de toda  acción  positiva o negativa del hombre,  ella llegará sin duda  a su realización,  indicada en la imagen típica de la mies.  En Palestina era casi proverbial la pequeñez de la semilla de mostaza, tanto que una tradición primitiva  de esta segunda parábola, a la cual se refiere Lc (13, 18-19), no hacía referencia explícita.  Cuando la predicación del evangelio se extendió fuera del mundo  palestino, se volvió importante insistir en el contraste entre la pequeñez de la semilla y el tamaño grande del arbusto..  Los vv. 33 s., que cierran las sección de las parábolas, confirman que Jesús acudía ampliamente a este modo de hablar ,  y que la comprensión de los oyentes  era diferente, según como ellos estaban cerca de Jesús, para asimilar sus opciones fundamentales de fe.

SIGNIFICADO TEOLÓGICO

La parábola de la paciencia

La parábola de la semilla que crece por si sola, es una parábola del contraste en el cual se contrapone la siega,  es decir, la llegada del reino de Dios,  y la inactividad del agricultor, es decir, del hombre. Porque el reino de Dioses como la semilla que crece por si sola,  sin que el hombre pueda intervenir en nada.  Al agricultor, cuando se ha hecho la siembra, no le queda más que esperar con paciencia y, lleno de confianza, esperar la siega, que ciertamente vendrá. Así  debe obrar el hombre en relación con la llegada del reino. Es  inútil que el agricultor se preocupe en el campo: no haría más que pisotear lo que se ha sembrado; es inútil que tire de la hierba para hacerla crecer: la  arrancaría. Dice el Salmo:  “ En vano madrugáis  a levantaros, el descanso retrasáis, los que coméis pan de fatiga, cuando él colma a su amado mientras duerme “(Sal 127,2). La enseñanza de esta parábola, tan sencilla es en realidad muy difícil de comprender: afirma la  prioridad  absoluta de Dios, y destierra toda forma de eficientismo religioso que trata de hacer crecer el reino  de  Dios con la propia actividad,  según los criterios mundanos que regulan  las relaciones de la producción.

APLICACIÓN A LA VIDA

No  arranquen  la  hierba…”

En realidad en la familia,  así como en la escuela,  pero también en el ámbito más amplio, social,  o religioso, la tentación  recurrente y  más fuerte es la de la prisa, que hace aridecer la espera,  con la impaciencia del resultado inmediato.  En consecuencia es normativa  la programación rígida y la intolerancia;  viene a  ser  obligatorio el llamamiento a la necesidad  del método fuerte pero eficaz y de las opciones  autoritarias.

Lo que dice la parábola no es una solución pacifica de los problemas de impaciencia, o de sedante que permite dormir y velar, sin excesivo afán.  Es más bien un modo totalmente diferente  de ver  y de vivir la realidad:  se afirma que ella,  en lo profundo,  guarda algo diferente con respecto a lo que uno comprueba y mide, algo mejor con respecto a las consideraciones  pesimistas y miedosas.  Es un mensaje para la madre o padre  de familia,  para el docente  o la persona que quiera comprometerse en la realidad educativa, social, política, eclesial;  para el creyente, la comunidad religiosa:  hay algo que crece , que merece  y exige confianza,  y, por lo tanto,  exige una espera paciente y laboriosa.   Quedará en pie el problema de mi libertad,  responsabilidad y participación de la acción divina. Pero por ahora, como primera cosa,  estamos llamados, con esta parábola  absoluta,  a reconocer, en la novedad y verdad del fruto  que brota y madura, el  misterio  creador de Dios.

También los vv. 30-32 nos presentan una parábola de contraste,  en la cual se contrapone la pequeñez del granito de mostaza,  “más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra” (v. 31 ) y el tamaño del árbol que en poco tiempo se produce (v.32 ). El reino de Dios se compara con el grande árbol final, donde se reúnen y buscan abrigo las aves,  símbolo precisamente del reino del Mesías, que congregará a la gente dispersa en un  pueblo único. La parábola en boca de Jesús es expresión de una certeza confiada en la promesa de Dios.

A su pequeña grey por ejemplo, le dirá que las opciones deberán ser siempre en la humildad, en la simplificación, para que se realice el servicio  y  para que sea siempre posible la hospitalidad para toda persona, venga de donde viniere.  A  todos les dice que busquen y que capten  con pequeñas alusiones,  con hechos irrelevantes y en situaciones de escasa importancia, la manifestación  modesta pero obstinada de este reino inextinguible e invencible.

ORACIÖN

Gracias, Señor, por llamarnos a formar parte de tu familia y a trabajar por la verdad y la justicia, para hacer presente tu Reino y tu reinado en este mundo. Danos Sabiduría para aceptar tus designios y entrar en tu Reino.