XII Domingo del Tiempo Ordinario

XII Domingo del Tiempo Ordinario

Mar, 16 Giu 20 Lectio Divina - Anno A

La Liturgia del XII domingo nos presenta la promesa de esperanza y fortaleza de Dios para sus misioneros. El domingo pasado el Evangelio nos invitaba a contemplar la llamada de los apóstoles y al finalizar Jesús les dijo: “lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis (Mat.10,8); hoy continúa Jesús con su discurso misionero animándolos: “no tengáis miedo”, porque ellos necesitan valor para su difícil misión: audacia, valentía y amor son las características del seguidor de Cristo.  Los fieles seguidores del Crucificado y Resucitado necesitan conocimiento de Dios, experiencia de su amor, fuente de confianza y alegría, porque es el amor que expulsa el temor y donde está el Espíritu de Cristo que es Espíritu de filiación, allí está la libertad y el gozo de los hijos de Dios.

Es probable que estos dichos de Jesús fueron independientes en su origen, pero Mateo los reunió en razón de su afinidad, formando un solo discurso.

-Mateo 10,26-27: ”No hay nada oculto que no llegue a saberse…lo que les digo a oscuras repítanlo a la luz del día”... No tener miedo a decir la verdad. Los discípulos no deben tener miedo a los perseguidores. Estos consiguen pervertir el sentido de los hechos y esparcen calumnias para que la verdad sea distorsionada a su manera. Por esto, no debemos tener miedo de proclamarla. Jesús quiso confiar su mensaje en modo velado, para quienes lo escucharan no entendieran Mc. 1,34 “Jesús sanó a muchos enfermos con dolencias de toda clase, también echó a muchos demonios, pero no los dejaba hablar, porque sabían quién era él”.  Más tarde cuando Él envíe su Espíritu, los discípulos podrán y tendrán que proclamar toda la verdad de Dios sin temor alguno.

- Mateo 10,28:No teman a los que solo pueden matar el cuerpo, pero no el alma…”  Los discípulos no deben tener miedo a los que matan el cuerpo, a los que torturan, y hacen sufrir. Los torturadores pueden matar el cuerpo, pero no consiguen matar en ellos la libertad y el espíritu. Deben tener miedo a que el temor al sufrimiento los lleve a esconder o a negar la verdad y, así, les haga ofender a Dios. Porque quien se aleja de Dios, pierde el sentido de su vida. Los creyentes tenemos toda la confianza porque Jesucristo nos prometió su Espíritu para fortalecernos con su paz: “La paz os dejo, la paz os doy. La paz que yo les doy no es como la da el mundo. Que no haya entre vosotros ni angustia ni miedo" (Jn. 14, 27).

- Mateo 10,29-31: “Cuánto valen dos pajarillos… entonces no teman, hasta los cabellos de sus cabezas están contados, ustedes valen más que los pajarillos”. No tener miedo, sino tener fe en la Providencia Divina.  Los discípulos no deben tener miedo a nada, pues están en las manos de Dios. Jesús manda mirar los pajarillos. Dos pajarillos se venden por pocos centavos y ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento del Padre. Hasta los cabellos de la cabeza están contados. Lucas dice que ningún cabello se cae sin el permiso del Padre: Lc. 21,18: “Serán odiados todos a causa de mi nombre, pero no se perderá ni uno solo de sus cabellos”. Por esto, “no temáis. Vosotros valéis mucho más que muchos pajarillos”. Es la lección que Jesús saca de la contemplación de la naturaleza.

- Mateo 10,32-33: ”Al que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré y al que me niegue delante de los hombres yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.  No tener vergüenza de dar testimonio de Jesús. Al final, Jesús resume todo en esta frase: “Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos". Él es un Dios de Misericordia y espera nuestra respuesta. Así como contemplamos en la segunda lectura, Rom. 5,12-15: que Jesucristo, el Nuevo Adán, representa la historia de misericordia y salvación, caracterizada por la obediencia.

La paga del profeta será la incomprensión, la discriminación social, el ridículo público; un verdadero profeta está del lado de Dios. Muchas veces algunos católicos disimulan su credo religioso en las relaciones de amistad y en la vida laboral; si hemos recibido de Dios el llamado, estamos invitados a responder con humildad, gratitud fraternal y solidaria, así como Cristo nos enseñó:  Jn.15,18,20: “Cuando el mundo los odie, recuerden que, antes que a ustedes, el mundo me odio a mí… Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes…” . Y Mat 10, 25: ”Ya se lo he dicho, pero ustedes no creen.  Las obras que yo hago en el nombre de mi Padre declaran quien soy”. Sabiendo que estamos en las manos de Dios y que Dios está con nosotros en cada momento, tenemos el valor y la paz necesarias para dar testimonio y ser discípulos y discípulas de Jesús, además que Él nos prometió: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mat. 28,20).

Igual que al profeta Jeremías muchos expresan la enemistad al discípulo de Jesús, la persecución e incluso la muerte, pero estos condicionamientos negativos no justifican el miedo, porque Dios está con nosotros para vencer la fuerza del mal. Jeremías también tuvo miedo y se resistió al principio: “Mira, Señor, que no sé hablar, que soy un muchacho”. Y el Señor le contestó: “Donde yo te envíe irás y lo que yo te mande lo dirás, no le tengas miedo, que yo estaré contigo para librarte” (1,6-8). El profeta Jeremías le cuesta más callar que enfrentar la oposición de los hombres. San Pablo dirá que no puede sustraerse a la obligación de predicar el Evangelio, en 1Cor. 9,16: “Yo no tendría ningún mérito con solo anunciar el Evangelio, pues lo hago por obligación. ¡Pobre de mí si no anuncio el Evangelio!

Para el verdadero discípulo de Jesús es importante la oración y hoy el salmista nos invita a una oración humilde y confiada con el salmo responsorial: “Por ti, Señor, he aguantado afrentas y la vergüenza cambió mi rostro, pero mi oración se dirige a ti, que me escuche tu gran bondad y que tu fidelidad me ayude; miradlo los humildes y alegraos, buscad al Señor y vivirá vuestro corazón, porque el Señor escucha a sus pobres” (Salmo 68). Aquí la palabra de Dios actúa en el secreto del corazón, cuando descubrimos la transformación que actúa en nuestra vida, con gusto pregonamos a Cristo y damos a conocer a los demás el secreto que nos hizo felices (Ef. 2,4; Col. 3,3; Filp. 2,10).

Es con su gracia que experimentamos a Dios Amor, ya que todo lo que El hace es por amor a nosotros y nunca nos deja de amar. Él es el dueño de la paz y del bien, él nos ayuda a descubrir nuestros miedos. Todos «vivimos, nos movemos y existimos» en Dios. El será siempre esa presencia comprensiva y exigente que necesitamos, esa mano fuerte que nos sostiene en la debilidad, esa luz que nos guía por sus caminos.
Que al mirar el rostro del Señor, con su inmenso amor nos ayude a descubrir nuestros miedos para que crezca nuestra confianza en Él y así con su Misericordia podamos escuchar, acompañar y ser ayuda para muchas personas  en este tiempo de incertidumbre, que todos experimentamos, se puedan acercar al Señor y encontrar la paz.