XIX Domingo del Tiempo Ordinario

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 05 Ago 19 Lectio Divina - Anno C

“Estad en vela y estas preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre” (Mt 24, 42-44)  El evangelio de este Domingo sigue la secuencia del capítulo 12 de san Lucas, enfatizando la reflexión que Jesús  hace frente al sentido de la vida, dándonos recomendaciones sencillas para vivir el reino de los cielos. El domingo pasado nos  hablaba de no atesorar bienes o riquezas en el mundo, sino buscar de atesorar riquezas para el Reino, para Dios. Y este domingo nos habla de la vigilancia.

La liturgia habla de la espera, fe y vigilancia; esa espera que nos muestra en el libro de la sabiduría: “tu pueblo espera ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables” (Sb, 18, 7)  La fe que afirma nuestra esperanza según la carta a los Hebreos: “la fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve” (Hb, 11,1)

Y el evangelio de San Lucas, habla de la vigilancia, para ello Jesús inicia diciendo  “No temas, pequeño rebaño que el Padre ha tenido a bien daros el Reino” (Lc 12,32), el Padre ha querido darnos su compañía, su cercanía. Por eso no tenemos motivos para temer. Nada nos puede separar del amor de Dios: ni la enfermedad, ni la guerra, ni siquiera la muerte. En todo momento sabemos, aunque a veces no lo sintamos, que Dios nos acompaña y nos cuida. Por eso decimos que la fe es también confianza. Luego empieza a hacer algunas exhortaciones: tener ceñida la cintura, las lámparas encendidas, estar preparados, es estar alerta a las exigencias de Dios, es decir el sirviente que se preocupa y quiere que su amo este satisfecho de su trabajo, está atento a lo que el amo exige y obra de tal forma que sus hechos den respuesta a la eficiencia y responsabilidad que el amo ha puesto en su servidor. Aquí no cabe la mediocridad, o se es o no se es, por tanto, estar preparados no es solamente estar vigilantes, es estar dispuestos y atentos en todo momento.

 Esta advertencia a la vigilancia se divide en cuatro partes:

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  • La primera se basa en la imagen de los siervos que esperan a su señor, que regresa de la boda (vv. 35-38).
  • La imagen del ladrón que irrumpe sorpresivamente (vv. 39-40).
  • Una pregunta de Pedro señala una nueva imagen: la del mayordomo (vv. 41-46).
  • Finalmente, conservando aún la imagen del siervo, el pensamiento se concentra en el binomio dar/pedir: a quien mucho se le ha dado, se le pedirá mucho (en futuro). Aquí todavía se conserva el pensamiento escatológico de las tres primeras imágenes (vv. 47-48).

Todas estas figuras o imágenes que Jesús usa en su discurso, apuntan a una misma idea que ya se había dicho anteriormente, en el v.40 “estén preparados” para la llegada del Hijo del Hombre.

Al describir las tareas del administrador, del siervo, del dueño de una casa y al elogiar al fiel y sabio administrador al final del relato, Jesús advierte a Pedro sobre su responsabilidad como portavoz del círculo de los Doce. Por otra parte en el v. 43. Jesús declara bienaventurado a quien actúa con responsabilidad. En el v. 44. Este versículo es introducido con una fórmula solemne. Como premio por su fidelidad, al administrador se le encarga una tarea superior y mayor: la dirección de toda una hacienda.

Con todo lo anterior, cabe decir, que cada creyente es un sirviente, sea administrador o sea dueño debe llevar adelante las tareas que se le han asignado, es decir, el catequista debe cumplir con su papel de catequista, el lector con su tarea de proclamar, y el ministro con su labor de asistir, pero no es un hacer por cumplir sino que la labor de cada uno realiza en la Iglesia y con la Iglesia, sea para edificar la Iglesia y por tanto, hacer presente el Reinado de Dios en su pueblo.

Construir el Reino de Dios no es más que un plan para preparar y estar preparados para la llegada del hijo del hombre, lo que sugiere una buena administración en el campo donde desempeño mi rol como cristiano, sea en la familia, en la parroquia, en el trabajo, en todo momento el creyente debe estar dispuesto con buena actitud en su vigilancia ya que no se sabe el día ni la hora en que el amo, es decir Dios venga en su gloria.

La constante vigilancia y la constante prontitud que con tanta fuerza hoy se nos inculcan, indica una orientación viva e intensa hacia el Señor. Aunque Él esté lejano de los ojos, debe estar siempre en nuestra mente, en nuestro corazón y también en nuestras manos servidorasAvanzamos un poco más. Entramos en el dialogo amoroso, amistoso con el Señor. Es decir:  “mírale, que él te mira; ámale, que él te ama” Santa Teresa.

¿Estoy preparado para la venida del Hijo del hombre? ¿Por qué?
¿Qué estoy haciendo durante la espera de la venida del Amo, del Señor?
¿Considero que lo que estoy haciendo lo hago por cumplir? ¿Por qué?
Desde que inicie una vida cristiana comprometida, ¿ha aumentado mi conciencia de Iglesia y el trabajo que en ella desempeño?