XVI Domingo del Tiempo Ordinario

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

Mar, 14 Lug 20 Lectio Divina - Anno A

El evangelio según san Mateo fue escrito en Antioquía de Siria, donde había una comunidad cristiana muy numerosa, compuesta mayormente de judíos que se habían convertido a Cristo. Este evangelio constata que el mal continua presente en el mundo. Jesús vino a instaurar un mundo nuevo, pero el mundo viejo continúa prosperando. Se percatan que el bien está presente en el mundo, pero contemporáneamente el mal crece orgulloso. Se interrogan, qué reino ha instaurado Jesús, que no ha logrado desaparecer pronto y para siempre todo el mal del mundo... Además en las comunidades la vida no es tan ejemplar que digamos, el fervor inicial, luego de tanto tiempo ha ido desvirtuándose y varios aspectos de la vida pagana han ido reapareciendo entre los cristianos. En este contexto surge la necesidad de una llamada a vivir auténticamente. La aclaración viene hecha de un modo didáctico: la parábola de la cizaña.

Ante este evangelio me surge una pregunta y es: ¿Por qué a todas las personas les habla en parábolas y a sus discípulos si se las explica? Me doy cuenta que sus discípulos están más cerca de Él, más cerca de su corazón. El Señor quiere el bien para cada uno de nosotros y es por esto que nos habla, nos dice, nos recalca, nos llama a la conversión, pero hay algo más especial en todo y es que no es lo mismo escuchar la palabra de Dios desde fuera, a escucharla de dentro.

Los que ya hemos iniciado, un proceso de conversión, nos damos cuenta que todo lo que Dios permite en nuestras vidas es para llevarnos cada vez más a profundizar en ese encuentro, en ese enamoramiento que Él nos ha hecho, para que se acreciente más nuestro amor. Sólo los que están más cerca del corazón de Cristo son los que pueden conocer los secretos de ese Corazón Divino. Esto eran los discípulos, por eso Jesús les explicaba todo, por estar más cerca suyo. Este acercarnos a Él implica un llamamiento de Cristo que es universal, es decir para todos, pero también una respuesta que va desde la voluntad de cada quien. Cada uno de nosotros decidimos si responder a este amor que lo único que quiere es hacernos felices o darle la espalda al Rey y no rechazar su amor. No seamos hipócritas al responderle también, pues ya el Señor nos ha escogido para ser suyos, que nada del mundo, ni las vanidades, ni las modas, nada que pueda dañar nuestra dignidad de Hijos de Dios nos atrape, sino que antes bien pidamos siempre fidelidad a la gracia que Dios nos dá, un deseo más pleno a la perfección y una conciencia más grande a la vida sobrenatural.