XVI Domingo del Tiempo Ordinario

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

Ven, 20 Lug 18 Lectio Divina - Anno B

La liturgia de este día quiere centrar nuestra atención en la acción gloriosa de Dios que ama a su pueblo con amor inmenso y da un verdadero pastor que congregue y guíe al rebaño a la vida, lo demuestra el libro del profeta Jeremías; por otra parte el Apóstol San Pablo exhorta a llevar la predicación del Evangelio a todos los pueblos y culturas buscando de destruir el muro que separa la realidad espiritual y social de los pueblos.

En cuanto, al tema del Evangelio la liturgia nos propone meditar y orar la perícopa de Mc 6, 30-34, la cual está marcada por tres escenas muy significativas que conforman el corpus de la liturgia, es decir, como el alimento espiritual que la Iglesia Madre da a sus hijos para fortalecerlos y encender en ellos la fe, la esperanza y la caridad, por medio de los dones que el mismo Señor da a cada uno. Entonces, invoquemos la acción y la gracia del Espíritu Santo para que nos muestre claramente el camino a seguir durante esta semana.  

¿Qué dice el texto?
En este domingo el relato que escuchamos es continuación del Evangelio del domingo paso. Ahora bien, como mencionábamos anteriormente el Evangelio nos trae tres escenas para nuestra reflexión:

  • La reunión de los apóstoles con Jesús.
  • La invitación de Jesús a ir a un lugar tranquilo para descansar.
  • La compasión de Jesús para con la multitud que andaban como ovejas sin pastor

Cada palabra, gesto, acción que encontramos en este texto nos lleva a reflexionar que cada apóstol o discípulo debe buscar y poner en el centro de su vida y de su misión al Maestro porque él es el fundamento de todo cuanto hagan y digan a los demás. De ahí que, el “estar con Jesús”, es característica fundamental, de la cual brota su misma misión, pero también es la característica de todo discípulo, es decir, de todo cristiano. Por otra parte, contemplemos que los apóstoles a su regreso hablan primeramente a Jesús de lo que han “hecho” y dejan en un segundo plano para hablar de lo que han “enseñado”; pues es bueno resaltar que para el evangelista Marcos el “enseñar” es reservado solo a Jesús, porque él es el único maestro, el maestro que se entrega continuamente en su palabra para ser alimento en la Iglesia. Entonces la enseñanza de los apóstoles es llamado a los fieles a volverse a Jesús Mesías, pues solo de Él procede la sabiduría del evangelio.

La invitación a ir a un lugar tranquilo para descansar, suena semejante al dicho de Jesús: “vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” (Mt 11, 28). Con estas palabras lo que Jesús quiere, es llevarlos fuera, al desierto para hablarles al corazón y alimentarlos con el nuevo mana, el verdadero pan bajado del cielo que sacia, que da la vida y da la salvación del mundo.  Por lo tanto si los apóstoles no se retiran, no podrán saborear ese alimento, el cual está allí en el desierto en el lugar tranquilo que es la misma Iglesia, el nuevo pueblo de Dios llamado a salir de la esclavitud del pecado, para que al fin pueda saborear el pan de los hijos y puedan reconocer al Señor.  

Por último, en nuestra tercera escena que reflexionamos el día de hoy, hace alusión a que Jesús sintió compasión de la multitud por que andaban como ovejas sin pastor; esto nos evidencia como ya habíamos dicho anteriormente que todo el que sale al desierto, lugar de la liberación de Dios, experimenta el don de tener vida y ser saciado para siempre; pues se convertirán en pueblo suyo, cuyo pastor es Dios, que los alimenta de una manera más admirable e inesperada que en el pasado; pues Jesús se pone a “enseñarles muchas cosas”; esto significa que su palabra debe ser bien acogida y sino, no se convertirá en verdadero alimento de vida.

¿Qué me dice Dios en el texto?
En este segundo paso de nuestra Lectio Divina hagámonos algunas preguntas acerca de lo que el texto nos dice, pasando las palabras del texto a nuestra vida y así reflexionar sobre lo que Dios me quiere decir en esta semana XVI del Tiempo Ordinario, entonces preguntémonos:

¿Propicio frecuentemente en mi quehacer cotidiano espacios de encuentro personal con la persona de Jesús?
¿Acojo la invitación de Jesús de ir a un lugar tranquilo para escucharle y contarle en la oración las cosas buenas y las menos buenas que ocurren en mi vida personal y en mi vida de misión?
¿Intento configurarme cada día con los rasgos de Jesús?
¿Estoy atento a las necesidades de los demás o las dejo pasar sin conmoverme?
¿Busco de enseñar lo que he aprendido de Jesús y como lo hizo Jesús?
¿Qué le digo a Dios?    

Es el momento de darle respuesta a Dios que nos ha hablado por medio de su palabra, por eso en un momento de silencio y por medio de la oración elevemos nuestras suplicas de agradecimiento a Él por ser nuestro pastor que  nos guía hacia fuentes tranquilas, repara nuestras fuerzas y nos sacia en sus verdes praderas; pero también pidamos perdón por las veces que hemos cerrado nuestros oídos y nuestro corazón a su palabra y hemos dejado que el sufrimiento de los demás no nos duela ni nos conmueva, de igual forma sigamos orando y suplicando al Señor por toda la Iglesia y por las intenciones que cada uno tiene y que la palabra a suscitado en este día.  

¿Cómo hago propio en mi vida las enseñanzas del texto?
Contemplemos y repitamos en nuestro corazón durante toda la semana la invitación de Jesús"
“venid vosotros a un sitio tranquilo a descansar un poco.”