XVII Domingo del Tiempo Ordinario

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Gio, 26 Lug 18 Lectio Divina - Anno B

“Jesús tomó los cinco panes, dijo la acción de gracias y los repartió. Comieron todos.” Jn 6,11 Superando al Profeta Eliseo que alimentó a cien personas con veinte panes de cebada ( 1° Lect. ), Jesús multiplica cinco panes y dos peces para una gran muchedumbre en la que como dice el texto, solamente los hombres eran unos cinco mil. A partir de éste Domingo diecisiete hasta el veintiuno inclusive , se interrumpe la lectura del Evangelio de Marcos propia de este año B, para dar paso a Juan 6, casi íntegro conteniendo la multiplicación de los panes y el discurso sobre el “ Pan de Vida “

No obstante el Evangelio de este Domingo decimoséptimo continúa la dinámica del relato de Mc, en el punto exacto en el que lo interrumpimos: multiplicación de los panes por Jesús para la multitud que lo escucha.

Posteriormente éste hecho milagroso dará ocasión al discurso de Jesús sobre el pan de vida; como se verá en los domingos siguientes, oportunidad para profundizar el tema de la fe en Jesús como verdadero pan de vida y pan eucarístico.

La multiplicación de los panes es el único milagro del ministerio público de Jesús que es narrado por los cuatro evangelistas y con notables coincidencias.

Juan califica siempre los milagros de Jesús con el término “ signo”  hasta diecisiete veces aparece la palabra signo y casi siempre para designar los milagros de Jesús, como hechos extraordinarios de la fe, como palabra visible y mensaje de lo alto, siendo el mismo Jesús el gran signo de Dios Padre.

Bien, la multiplicación de los panes es uno de los grandes signos de revelación de Jesús que encontramos en el cuarto Evangelio. Partiendo Cristo del pan material multiplicado, deja patente en su posterior discurso sobre el Pan de vida que Él mismo es el pan vivo bajado del cielo y el Pan Eucarístico ( su carne y su sangre ) que da vida eterna al que lo recibe.

Ya anteriormente hemos notado la intención pascual que el evangelista señala al hecho de la multiplicación de los panes.

La narración del milagro signo de la multiplicación de los panes, está cargada de elementos simbólicos. Juan es un artista para dar densidad a hechos y palabras. A lo largo de todo el capítulo la palabra “ pan “ se va a ir cargando de significado, por eso está rodeada de simbolismo revelador que apunta a una comprensión global del conjunto. No hay que olvidar que Juan escribe a su comunidad para que comprenda perfectamente el misterio de Jesús que sigue estando presente y se comunica a la Iglesia como “ Pan de Vida “ con la Palabra y la Eucaristía.

El milagro de dar a comer a la gente lo va a hacer a partir de la generosidad de un muchacho que ofrece cinco panes y dos peces. El pan es signo eucarístico de vida. El pez será en la simbología cristiana primitiva palabra cifrada para designar a Jesús el Cristo, hijo de Dios salvador y es signo de la Eucaristía en los mosaicos.

Los gestos de Jesús al tomar el pan en sus manos son gestos de honda religiosidad, la misma que expresaba todo judío al principio de las comidas, son los mismos que hará Jesús en la Institución de la Eucaristía: “Tomó los panes dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados”

Decir la acción de gracias con los ojos elevados al cielo, es reconocer que todo viene de Dios y que todo es don de sus manos, y decir gracias bendiciendo el nombre eterno del Señor dueño de todo. Repartir con sus manos aquel pan que se multiplica sin agotarse, es entrar en contacto con Dios que nos ofrece un alimento que es signo de una vida que se comparte.

Comieron los cinco mil y tantos que lo habían seguido y Jesús pronuncia la palabra misteriosa a cerca de los fragmentos: “ Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda” (Jn.6,12) En cada celebración eucarística celebramos la “ multiplicación de los panes” Cristo se da como pan de vida para saciar el hambre de la comunidad eclesial.

Pero multiplicar hoy el pan para los pobres supone hacer primero el milagro de amar. Por eso la fe y el amor cristiano han de bajar de la Eucaristía a la arena de la vida: la calle, la oficina, el taller, el colegio, la familia… amor y fe deben socializarse encarnarse y permear lo que cada uno vive en el diario acontecer… es parte de la amistad el compartir así se hace más denso, más profundo más vivo.

Como nos sugiere Tomás Antonio Urnini oremos: Ayúdanos Señor para que podamos ser una comunidad más fraterna y concédenos encontrar en la riqueza de Tu Don el gozo de un arriesgado empeño de generosidad. Te agradecemos Señor el gran don de Jesucristo Tu Hijo que después de haber compartido nuestra condición humana nos ha dejado en el precioso don de la Eucaristía Tu presencia misteriosa. Amen.