XVIII Domingo del tiempo Ordinario

XVIII Domingo del tiempo Ordinario

Mar, 28 Lug 20 Lectio Divina - Anno A

Con el capítulo 13 de Mateo, termina el segundo discurso parabólico de Jesús, luego él se dirige a Nazaret, para así iniciar en el capítulo 14 con la muerte de Juan Bautista.
El evangelista dice que Jesús al enterarse de la muerte de Juan Bautista, se retira a un sitio tranquilo, él quería estar solo, tal vez a  llorar y orar por la muerte de Juan, es un signo más de la humanidad de Jesús que confirma que fue en todo como nosotros menos en el pecado[1].

“En cuanto la gente supo, le siguieron a pie desde los pueblo” (Mt 14,13) Esta gente probablemente era gente de distintos lugares de Israel que se habían concentrado cerca por la proximidad de las pascuas para ir a Jerusalén, gente que conocía o había oído hablar de Jesús, y que sin duda querían escucharlo.

Jesús al desembarcar vio a la gente y “sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos” (Mt 14,14), él siente compasión[2], fruto que brota de su corazón y aunque estaba tal vez triste por la muerte de Juan, su amor lo expresa en esta gente que lo seguía, no  podía dejarlos sin atenderles, es el pastor que no abandona a sus ovejas y les ofrece todo lo que tiene, su amor. Vemos en esta acción de Jesús un acto de su gran amor misericordioso en la compasión por esa gente que le sigue de a pie ya que la recompensa que reciben es muy superior a lo que merecen ya que cura a todos sin exigirles la fe.                                           El evangelista dice que  curo a sus enfermos, evidentemente este tipo de milagro eran habituales para los cercanos a Jesús ya que lo relata como un hecho más.

Se hizo tarde y sus discípulos estaban preocupados por la gente “despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida” (Mt 14,15) los discípulos están preocupados porque están en un lugar deshabitado, es un sentimiento muy humano, pues según ellos no les pueden ofrecer nada, sentimiento que muchos podemos sentir a diario al encontrarnos con tantas personas que van y vienen buscando oportunidades, pero como muchas veces no les podemos ayudar les dejamos a su suerte…

Pero Jesús les contestó: “no tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer” (Mt 14,16), Jesús no quiere dejar ir a la gente sin nada, al contrario pide colaboración a sus discípulos para dar de comer a la multitud, pero ellos preocupados dicen “no tenemos  aquí más que cinco panes y dos peces” (Mt 14,17), ellos no dimensionan el alcance que tiene el amor de Jesús para con su pueblo, y mucho menos la posibilidad de alimentar a una multitud con tan solo cinco panes y dos peces; pero el amor de Jesús va más allá, sin duda se requiere de fe, como la de Eliseo que pidió a su siervo que diera de comer a cien hombres diciéndoles “dáselo a la gente y que coman, porque esto dice Yahvé: comerán y sobrará” (2R 4,43)[3] sin duda el instrumento para que se diera el milagro es la fe.

Después que le pide a sus discípulos que ayuden a acomodar a la gente en la hierba  dice el evangelista: “levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición” (Mt 14,19) quiere hacernos ver que Él viene del Padre y que es igual a Él y así lo demostró, por su poder al realizar los milagros y refiriéndolo e invocándolo a Él en todo momento de su accionar.

También siguiendo la tradición judía, nos enseña que antes de ponernos a comer hay que dar gracias a Dios por que nos da el alimento y todas las demás cosas, dones y gracias que poseemos.
Luego “partiéndolos, dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la gente” (Mt 14,19)

Los discípulos observan el milagro que de las manos de Jesús multiplica el pan para que ellos sean quienes lo den a la gente, ellos son partícipes de este milagro que se ofrece a todos por amor. Este milagro de la multiplicación de los panes como el de la última cena es el que hoy por medio de la fe podemos presenciar en cada altar del mundo cuando por medio de la transustanciación el pan material se convierte en el cuerpo y alma de Cristo vivo y se nos da como alimento espiritual para nuestra justificación.

Este milagro es una constante en la historia del pueblo elegido y lo será también luego para el resto de la humanidad. En el antiguo testamento Moisés, Elías y Eliseo dieron de comer a la multitud en el desierto o en periodos de sequía y hambre. Jesús cumple en plenitud las figuras del AT. Pero ya no es por intermedio que el pueblo se va a alimentar si no que es El mismo quien alimenta y alimentara a la humanidad.

El evangelista dice que todos comieron, hasta sobraron doce canastas. Jesús sació a la gente y dio una buena lección a sus discípulos: confiar en la providencia y en sus palabras.
Sin duda uno de los mensajes que nos trasmite este pasaje bíblico es la solidaridad, estamos viviendo tiempos difíciles a causa de la Pandemia, donde muchas personas como las de este texto, están buscando a Jesús, necesitan consuelo y tienen hambre.

La Iglesia está enfrentando grandes retos en este tiempo, retos que nos invitan a confiar en la Providencia Divina, pero que también es un llamado a compadecernos del prójimo  que recordemos que el prójimo es la persona que está más próxima, nuestra esposa/o, hijos, hermanos, compañeros de trabajo, vecino, hermanas de comunidad,  es con ellos con quienes debemos comenzar por practicar la caridad y compasión y  a  pesar de nuestros sufrimientos particulares, como la pérdida de un ser querido o la misma enfermedad, no podemos quedar estancados sin hacer nada, debemos como Jesús que dolido por la muerte de Juan, no se echó a la pena, sino al contrario fue solidario con la gente que lo seguía.
El pan que en tiempos de pandemia podemos ofreces es una voz de aliento, consuelo; y que aunque no podamos recibir la Sagrada Eucaristía, Jesús se nos ofrece en los hermanos.

 

[1] Cfr. Hb 4,15

[2] La compasión (Román, s.f.)

[3] Cfr. 2R 4,42-44