XX Domingo del Tiempo Ordinario

XX Domingo del Tiempo Ordinario

Dom, 12 Ago 18 Lectio Divina - Anno B

La liturgia del Domingo XX nos ilustra con claridad e insistencia el tema de la Eucaristía, que ya venimos reflexionando y nutriéndonos de la Palabra durante varios domingos. En realidad esta casi concluyendo el capitulo sexto dedicado a manifestar el motivo fundamental de la presencia de Jesús en medio de la humanidad.

Contexto bíblico
Jesús, continúa el gran discurso pronunciado en la sinagoga de Cafarnaúm. (Jn 6,59), explica cuidadosamente, en forma muy explícita, con una claridad admirable la eucaristía; se repiten algunos conceptos ya antes expresados, pero con un nuevo matiz, con un cambio notable, ya no dice solo de creer, sino que el que también me coma vivirá por mí.
(Jn 6, 51-58), el argumento es propiamente eucarístico, el protagonista es Jesús, que se da en comida y bebida. Y la respuesta del hombre es participar en esa comida y bebida.
(Jn 6, 22-50), el discurso sobre el pan de vida, asumido por la fe, pasa a ser una oferta de comida y bebida de la Eucaristía (Jn 6, 51-58). Antes de ser instituida la Eucaristía, hubiera sido todavía más difícil hacerse entender por la multitud.

Reflexión
En el Evangelio de este Domingo Jesucristo se revela como el Pan verdadero que ha bajado del cielo. El Capitulo 6 de Jn. Se centra en el Pan signo de la Eucaristía, de la salvación dada al mundo entero, a la Iglesia que vive de este Pan. Experiencia cotidiana de fe que da sentido a nuestra vida.

Juan desarrolla en el discurso del pan de vida una visión de la Eucaristía que actualiza el único sacrificio de Cristo y lo hace presente. La Eucaristía renueva el Misterio de la Cruz.

"Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre." V. 51
El discurso del pan de vida, que Jesús hace en la sinagoga de Cafarnaúm. El signo del maná ofrecido por Dios a Israel pelegrino en el desierto. Dios alimentó a su pueblo en el camino hacia la tierra prometida.
Jesús habla del pan que el mismo dará  y que es su Carne y su Sangre: "Discutían entre si los judíos y decían: Cómo puede éste darnos a comer su carne?. V. 52.
Jesús les responde que los judíos que comieron el maná en el desierto murieron. Pero quien come de ese pan no morirá. "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna". V. 54
Jesús el Hijo de Dios encarnado se nos ofrece como Pan de vida. El encuentro con Jesús muerto y resucitado por nosotros, sucede cuando nos alimentamos de la Eucaristía, Misterio de fe que nos mantiene unidos como Iglesia peregrina.

La Eucaristía comunica a los fieles la vida que el Hijo recibe del Padre: "Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí". v 57.

En la Eucaristía se expresa la fe en Jesús, el pan de vida, Reunidos en torno al banquete que sacia nuestra hambre y nos enseña a compartir el pan del amor con los hermanos.
 Buscar y creer en Jesús es establecer una relación personal con El, que nos permite participar de la vida divina.

EL PAN DE LA VIDA
Nos impresionan las palabras del Señor proclamadas en el evangelio de hoy. Significan que la “muerte” no tiene ninguna posibilidad de acceso allí donde se come “el pan de la vida”. Sabemos que el pan de la vida es la carne de Jesús entregada para la vida del mundo. Quien come su carne vive en Cristo. Es transformado en una realidad eterna. Y desde ahora. Vive ya la vida eterna, que es propia de Dios.

Después, el futuro: “y yo lo resucitaré el último día”. El horizonte de la eucaristía es la resurrección de los muertos: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”. Nunca más el horror del desierto, la angustia de la noche y las insidias del camino, sino la vida eterna. Mejor aún, el misterio del amor que reina entre el Padre y el Hijo en la Santísima Trinidad. La vida eterna está presente en quien come el cuerpo de Cristo.