XXI Domingo del Tiempo Ordinario

XXI Domingo del Tiempo Ordinario

Ven, 24 Ago 18 Lectio Divina - Anno B

La perícopa que nos ofrece la Liturgia de este XXI Domingo, Jn 6, 60-69,  toma la última parte del discurso de Jesús en Cafarnaúm sobre la Eucaristía. Él les habló a sus discípulos sobre el valor absoluto de su liberación del pecado y de la muerte, sobre la vida eterna y la verdadera vida del alma. Sobre su Cuerpo y Sangre que debemos comer y tomar para que esta vida – su propia vida – venga a nuestro ser.

Hoy se nos revela la crisis de Cafarnaúm. Este es un punto álgido, difícil, conflictivo, en la vida apostólica de Jesús. Su verdad divide a los discípulos, y a aquellos que le seguían por razones ambiguas se retiran, y a Jesús muchos de sus seguidores lo abandonan, se dirige a los doce Apóstoles “¿también vosotros queréis marcharos?” (Jn. 6,67) Jesús los interpela sobre la calidad de su compromiso. A medida que Jesús fue explicando lo que significaba seguirlo a Él, se fueron quedando atrás aquellos que tenían motivaciones frágiles en su seguimiento.
La comunidad de los Doce, por medio de Pedro respondió bien a la crisis: "¿Señor a quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna (Jn. 6,68), y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn. 6,69).

Estas palabras son en realidad una oración, que hemos de aprender; ellas expresan nuestra fe en Jesús. Asimismo, son aplicables a la Iglesia. Jesús se centra en la formación de los Doce aunque, esa pastoral intensiva tuvo también su crisis en la noche de la Pasión: los Apóstoles lo abandonaron. En esa crisis Jesús vivió la plenitud de su apostolado al entregar su vida. 

La hora más gloriosa de nuestro apostolado es cuando nos entregamos en el amor. Jn 6, 60-69

V60 Juicio por parte de algunos apóstoles sobre la palabra del Señor y por tanto en contra del mismo Jesús, que es el Verbo de Dios. Dios no es considerado como un padre bueno sino como un patrón duro (Mt 25, 24), con el cual no es posible dialogar.

V61-65 Jesús desenmascara la incredulidad y la dureza de corazón de sus discípulos y revela sus misterios de salvación: su ascensión al cielo, la venida del Espíritu Santo, su acción en nuestra vida diaria. Esos misterios solamente pueden ser comprendidos a través de la sabiduría de un corazón dócil, capaz de escuchar y no con la inteligencia de la carne.

V 66 Primera gran tentación por parte de muchos discípulos que no han sabido aprender la gran ciencia de Jesús. En vez de volver la mirada a Jesús le vuelven la espalda; Interrumpen de este modo la comunión y no van ya más con Él.

V67-69 Jesús habla con los Doce, sus más íntimos amigos y los coloca ante la elección definitiva, absoluta: permanecer con Él o marcharse... Pedro responde por todos y proclama la fe de la Iglesia en Jesús como Hijo de Dios y en su palabra que es la verdadera fuente de la vida.

Momento de silencio orante
He recibido el don, la gracia, he escuchado la palabra del Señor, ahora no quiero murmurar (v61), no quiero escandalizarme (v61), ni quiero dejarme ofuscar por la incredulidad (v64), no quiero traicionar a mi Maestro, no quiero volverme atrás (v66)… ¡Deseo estar con el Señor para siempre! En el silencio del corazón le repito infinitamente: “Señor ¿a quién vamos a ir sino a ti?” “Heme aquí Señor que voy en busca de…. Tus palabras de vida eterna”.

A. ¿Me detengo, sobre todo, en la figura de los discípulos y me dejo interrogar, me dejo retar, como si me pusiera delante de un espejo en el cual veo reflejada la verdad de mi ser y de mi obrar? ¿Qué clase de discípulo soy yo? “Todos serán enseñados por Dios” (Is 54, 13; Jer 31, 35-55) Repiten de diversos modos los profetas indicando que la única ciencia verdaderamente necesaria es la relación de amor con el Padre, la vida con Él. Pero ¿Quién es mi Maestro? ¿Soy también del grupo de discípulos que continúan preguntando a Jesús: “Señor, ¡Enséñanos a orar!?” (Lc11,

B. Esta palabra es dura, ¿quién le puede escuchar? ¿Es de verdad la palabra del Señor dura o es duro mi corazón que solamente sabe encerrarse en sí mismo y no quiere escuchar?

C. En estos pocos versículos Juan nos habla de un misterio muy bello, seguirle o no a Él.

POEMA DEL PAN

El pan
el más sencillo lenguaje,
el alimento más fraterno.
Que se llame pan,
arroz, maná o mijo
de todos los tiempos y todos los lugares,

El pan, 
que une a los hombres del modo más fundamental
y por el que hacen la guerra,
El pan,
lo que me resulta más familiar
y también lo más necesario.
Dar un trozo de pan
al que quiero amar,
es ya darse a uno mismo.

Recibir del cielo
mi pan de cada día
es levantar los ojos más allá de mí mismo.
Pan hecho de mil granos de trigo,
que a cambio de uno solo caído en tierra
se da cien veces a sí mismo.

Pan,
símbolo universal
de lo que se puede compartir.
Pan,
palabra silenciosa
del gesto de amistad.

Pan,
dado por el Amado
a aquel que le ha traicionado.
Pan,
con el que el propio Dios
ha querido identificarse.

Pan,
que, cogido por las manos de Dios,
ha salvado a la humanidad.
Pan,
hecho de mil granos molidos,
amasado con todas nuestras heridas.

Pan,
en quien cada cual puede reconocerse
en su propia carne rota.
Pan, 
sin el que ninguno de nosotros
podría sobrevivir.

Todos tenemos hambre de pan,
pero de mucho más aún.
El mundo
corre en todas direcciones
para ganarse el pan.

Hay hombres que están dispuestos a cualquier cosa
por un mendrugo de pan.
En ciertas prisiones,
una miga de pan
valía su peso en oro.

Tirado a veces a la basura,
escandaliza los ojos demasiado grandes
de pequeños niños hambrientos.

Pan:
no sirve de nada atesorarlo en el granero,
porque mañana se pudrirá u otro lo cogerá.

Pan
que Dios ha hecho llover del cielo,
pero que no se podía conservar de un día para otro.

Pan
que manos de tantas mujeres
han trenzado a lo largo de los siglos.

Pan
que por todo el mundo,
como una cadena invisible,
ha amasado la humanidad.