XXII Domingo del Tiempo Ordinario

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

Dom, 23 Ago 20 Lectio Divina - Anno A

Si en el evangelio del Domingo anterior, Pedro había hablado movido por Dios al confesar a Jesús como Mesías, luego se dejó llevar por su impulso humano, al querer impedir que Jesús asumiera su sacrificio redentor. Cristo vio entonces en el Apóstol la imagen del Tentador, que desde el principio intentaba apartarlo de su fidelidad a la misión recibida del Padre. No es que Dios deseara el sufrimiento de Jesús, sino que la palabra de Dios, es tan contraria a los valores del mundo que ocasiona la persecución a quien es su enviado.

Clave de lectura.
El texto de Mateo 16, 21-27 se sitúa entre la confesión de Pedro (16, 13-20) y la transfiguración (17, 1-8) y está íntimamente ligado a ellos. Jesús pide a los Doce que le digan quién piensa la gente que es Él y luego quiere saber qué dicen ellos. Pedro responde: “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (16,16). Jesús no solo acepta esta confesión, sino que dice expresamente que su verdadera identidad ha sido revelada a Pedro por Dios. Sin embargo, insiste en que los discípulos no deben decir a nadie que Él es el Mesías. Jesús sabe que este título puede ser mal entendido y no quiere correr ningún riesgo.

El pasaje en consideración consta de dos partes. En la primera (vv21-23) Jesús anuncia su muerte y Resurrección y se muestra completamente decidido a seguir el proyecto de Dios sobre Él a pesar de la protesta de Pedro.  En la segunda parte (vv. 24-27) Jesús demuestra la consecuencia que tendrá sobre sus discípulos el reconocerlo como Mesías sufriente. No se llega a ser discípulo, si no es pasando por el mismo camino. Pero Jesús sabe bien que es difícil para los Doce aceptar su cruz y la de ellos, y para animarlos les da una anticipación de su resurrección en la transfiguración (17,1-8).

° Debía ir a Jerusalén.  Los cuatro verbos “ir”, “sufrir”, “ser muerto”, y resucitar (v. 21) están regidos por el verbo “debía”), o mejor, “era necesario que”.  Es un verbo que en Nuevo Testamento tiene un preciso significado teológico. Indica que es voluntad de Dios que una cosa particular suceda, porque está en su proyecto de salvación. La muerte de Jesús puede ser vista como la consecuencia “lógica” de la conducta que ha tomado hacia las instituciones de su pueblo. Como todo profeta incomodo ha sido eliminado. Pero el Nuevo Testamento insiste en que su muerte (y resurrección) hacía parte del proyecto de Dios que Jesús aceptó con plena libertad.

° Tú me sirves de escándalo. Escándalo quiere decir tropiezo, trampa. Escandalizar a alguien significa ponerle delante impedimentos que lo aparten del camino que lleva. Pedro es un escándalo para Jesús porque lo tienta a dejar el camino que lo lleva a la voluntad del Padre, para seguir un camino más fácil. (cf. 4, 1-11).

° Quien pierda la propia vida la encontrará.  Quien comprende bien el misterio de Jesús y la naturaleza de su misión comprende también qué significa ser su discípulo.  Las dos cosas están íntimamente ligadas.

Jesús mismo impone tres condiciones a aquellos que quieren ser sus discípulos: negarse a sí mismo, tomar la propia cruz y seguirlo (v.24). Negarse a sí mismo quiere decir no centrar su vida en el propio egoísmo, sino en Dios y en su proyecto (el Reino). Esto comporta la aceptación de adversidades y el soportar las dificultades. Pero Jesús mismo nos ha dejado el ejemplo de cómo obrar en tales situaciones: hasta imitarlo. Él no comprometió su adhesión a Dios y a su Reino y permaneció fiel hasta dar la vida. Pero precisamente fue de esa manera como llegó a la plenitud de la vida en la resurrección.

° ¿A quién le gusta la cruz? Ya nos lo avisó Jesús. No nos prometió nunca que su seguimiento sería fácil y cómodo. “Cargue con su cruz y sígame”. Lo que nos pasa, a Pedro y a nosotros, es que preferimos un “cristianismo a la carta”, aceptando algunas cosas del Evangelio y omitiendo otras. Pedro se encontró muy a gusto en el Monte Tabor, presenciando la Transfiguración del Señor. Pero en el Calvario al pie de la cruz, no se le vio. Nosotros apreciamos del seguimiento de Cristo algunos aspectos de consuelo y euforia, pero rehuimos otros de renuncia y sacrificio.

Para reflexionar
¿Cómo afrontamos la vida?, ¿con la lógica de Dios y de Jesús o con la de los hombres y la de Pedro?

Oración final.
Fortalécenos ¡oh Padre! Con el don de tu Espíritu Santo. Que Él nos haga capaces de seguir a Jesús con valentía y fidelidad. Nos haga sus imitadores en hacer de ti  y de su Reino el punto central de nuestra vida. Nos de la fuerza para soportar las adversidades y dificultades para que en nosotros y en todos surja gradualmente la verdadera vida. AMÉN