XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Dom, 01 Set 19 Lectio Divina - Anno C

Jesús hoy nos pide que hagamos una opción radical: o todo o nada. No son suficientes las conversiones momentáneas ni superficiales, llevadas por la emoción del primer momento, hay que apuntarle a lo duradero y estable que se garantiza a partir de la obediencia a las enseñanzas que el Maestro pide “oír”, no importa cuáles sean los altos y los bajos de sus exigencias.

Seguir a Cristo es avanzar de libertad en libertad, despejando un espacio cada vez mayor hacia el que invocar la gracia de Dios. Supone simplificar, “decir adiós” (éste es el significado literal del verbo apotassomai que se ha traducido como “renunciar”) a todos los bienes. Sólo así dejamos de ser poseídos por nuestras posesiones.

Preguntémonos para reconstruir el texto:
¿Quiénes eran los que seguían a Jesús?
¿Qué es lo que Jesús les dice a aquellos que lo seguían.
¿Cuál es la primera actitud para ser discípulo del Señor? ¿Cuál es la medida en que debemos amarlo a Él?
Para ser discípulo de Jesús también hay otra condición ¿cuál es? ¿qué debemos cargar cada día?
Jesús propone dos parábolas pequeñas: una sobre el constructor y otra sobre quien va a enfrentar una batalla ¿Cómo las narra?
¿Qué sentido tienen estas parábolas en la narración?
¿Qué cosa es lo que entorpece más para seguir a Cristo en un camino discipular?

 v.26 a). Jesús no me pide odio, sino desprendimiento completo e inmediato ver 9, 57-62.
b). “su mujer” propio de Lucas que expresa con ello su tendencia ascética.
Para Pablo en 1Cor 7,34 “Hay diferencia entre la mujer casada y la virgen. La mujer no casada se preocupa de las cosas del Señor”.
Lc 14,33 Lucas no parece establecer distinción entre los discípulos. La advertencia es aplicable a todos ver Mc 1,17….
“venid detrás de mí”. Aquellos a quienes Jesús llama para que le sigan para participar de su destino deben dejarlo todo, estar dispuestos para el sufrimiento y la cruz

  1. ESTUDIO BIBLICO

a). Opción radical por él.  La primera condición “Si uno quiere venirse conmigo y no me prefiere a su padre y a su madre… y hasta a sí mismo, no puede ser discípulo mío” (v.26).
Se trata de hacer una opción radical, por la persona de Jesús y por la nueva escala de valores que él propone. Los valores del reino deben estar por encima de todo. Quien no hace opción por la vida que él personifica tendrá que contentarse con una vida raquítica.
La idea clave de este texto. La opción por Jesús es el único absoluto del discípulo: ni padre, ni mujer, ni hijos, ni hermanos, ni la propia vida es lo fundamental. Pero ello no significa despreocupación por lo anterior, sino saber situarlo y valorarlo a la luz de la decisión por Jesús. Es condición indispensable para todo discípulo.

 b) Cargar con la cruz. Esta segunda opción es consecuencia de la anterior. La cruz es criterio decisivo para verificar todo lo que merece llamarse cristiano y cuando se olvida, el cristianismo se aburguesa, se diluye y pierde su fuerza.
El evangelio no habla de sufrimientos. Sin duda hemos de valorar el contenido cristiano de saber aceptar “el lado oscuro y doloroso” de la vida, pero si queremos descubrir el sentido original de la llamada de Jesús hemos de recordar que fue para él llevar la cruz. El cristiano tiene que estar preparado para afrontar el conflicto, el rechazo y la agresión de la sociedad que tan segura se muestra de sí misma. Quien no está dispuesto a aceptar el fracaso a los ojos de los hombres, o quien evita el conflicto a toda costa, es mejor que no se apunte, viene a decirnos este pasaje evangélico. Uno debe ir por el mundo como Jesús, no buscando seguidores sino llevando a suerte de los marginados y asociales; no buscándose cruces sino “detrás de Jesús”, o sea siguiéndole su causa. El seguimiento de Jesús es una aventura arriesgada, de carácter privado y público, que conlleva cargar con la cruz, que es algo privado o público. Es el mismo camino de Jesús.

c). Renunciar a todo. Todo aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío” (v.33). La renuncia a “todo” lleva consigo la renuncia a seguridades, bienes e, incluso, el desprendimiento de afectos legítimos. O sea: disponibilidad plena para  el seguimiento y para el reino; convertir la propia existencia en don y servicio para los otros. Las medias tintas no sirven. La insistencia de Lucas es evidente. El discípulo solo puede ser tal si está dispuesto a renunciar a todo.

 MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?
Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:
-¿En verdad quiero ser discípulo del Señor?
- ¿Soy consciente que el seguimiento de Cristo implica dejar muchas cosas y actitudes?
- ¿Qué significa en mi propia vida poder amar más a Jesús que a todos los demás, incluso a mi propia vida?
- ¿Cómo entiendo esto de cargar con la cruz de cada día y seguir al Señor?
- ¿Podría ser yo también como el de la parábola que no se puso a planear cómo construir una torre? - ¿Cómo aplico esta parábola en mi vida y sobre todo en el seguimiento de Cristo?
- ¿Y la parábola del Rey que quiere enfrentarse en batalla sin medir cuántos soldados tiene el contrincante? ¿Cómo aplico esta parábola en mi vida?
- Jesús habla de una renuncia total a los bienes, para dedicarlos exclusivamente al Señor ¿Cómo se puede aplicar en mi vida personal esto?
- Con todas estas sugerencias, ¿Hasta qué punto puedo decir que soy discípulo del Señor?

3.- ORACIÓN:
Gracias Señor por tu Palabra Salvadora. Gracias por que siempre me estás advirtiendo cómo debe ser mi vida. Señor, me doy cuenta que deseo ser tu discípulo, pero profundizando en tu Palabra salvadora, estoy bastante lejos de serlo. Quisiera pedirte perdón por usar para mí el nombre de “cristiano”, porque todavía no llego a la totalidad de la entrega. Ayúdame Señor a seguirte. Hay tantas personas que ocupan lugares muy importantes que te desplazan de mi vida. Mi orgullo y vanidad, también te saca del lugar importante. Señor, he pensado muchas veces en que quiero ser un cristiano cómodo, no quiero cruces, no quiero sufrimientos, no sé aceptar estas cosas y menos la humillación.
Ayúdame Señor a seguirte, ayúdame a no ser tan necio y darme cuenta que necesito edificar la torre de mi vida, en la imitación de tu vida. Quiero que me ayudes a desapegarme de los bienes y de todo lo que me impide dar pasos firmes en el cristianismo. Quiero imitarte, quiero seguirte dame fuerzas muéstrame el camino. Amén

 4. CONTEMPLACION:
Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón. «Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo» (Versículos 27) Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?
Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.
Queremos entrar por la puerta estrecha…. ¿Qué debemos cambiar en nuestra vida para entrar por esta puerta estrecha?
En lo personal, me propongo hacer un verdadero análisis de conciencia. Hasta dónde estoy siendo verdadero discípulo. Cuál es el cambio que me propongo hacer: Cuáles son las actitudes que debo tener para poner a Jesús en el Centro de mi vida. Qué cosas y apegos me impiden ser su discípulo. Hacer algo que sea exterior para poder demostrar que sí estoy convirtiendo mi corazón.