XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

Lun, 21 Set 20 Lectio Divina - Anno A

El texto que la Iglesia nos propone en este vigésimo sexto domingo del Tiempo Ordinario, del año A, es tomado de la penúltima parte del Evangelio de Mateo, la sexta parte que la Biblia de Jerusalén denomina: “Próxima venida del Reino de los cielos”.
Se trata de 5 versículos (28 – 32), tomados del Capítulo 21, en los que Jesùs expone una paràbola a los Sumos Sacerdotes y a los ancianos del pueblo, quienes le interrogan acerca de la autoridad en su ser y en su obrar.

Podríamos identificar 3 partes en el texto de Mateo:
* Narración de la parábola, vv. 28-30
* Comprensión de la parábola, v. 31a
I* nterpretación (aplicación) de la parábola, vv. 31b – 32

Esta parábola es única de Mateo y es la primera de las tres que él utiliza para enfatizar sobre el tema que caracteriza los capítulos 21 y 22: el rechazo histórico de Israel frente al Mesías.
Jesús se encuentra ya en Jerusalén, su entrada en la Ciudad había sido acogedora y triunfal (Mt. 21, 1-11). Mateo nos presenta enseguida a Jesús en el Templo, expulsando a los vendedores y proclamando que: “mi casa será llamada Casa de Oración” (Mt. 21, 17).
Después de pasar la noche en Betania, regresa a la Ciudad donde inicia el diálogo con los Sumos Sacerdotes y los ancianos del pueblo de quienes percibe el rechazo y la crítica.
Con ellos utiliza el método parabólico, que busca crear el diálogo y llevarlos a tomar posiciones, emitiendo un juicio propio. La habilidad de Jesús consiste precisamente en lograr que quienes lo escuchan no se den cuenta de estar implicados en la historia, de tal modo que puedan juzgar lo narrado como si fueran extraños a ella, mientras que al final son llevados a formular una sentencia sobre sí mismos, sin ser conscientes de ello.
Por esto, Jesús inicia con la pregunta: “¿Qué les parece?”. Y narra una breve escena familiar que, aparentemente, no tiene nada que ver con las cuestiones que están tratando sobre la autoridad de Jesús: versículos 23-27.

La parábola de Jesús se introduce precisamente con la misma frase de Lc. 15,11: “Un hombre tenía dos hijos…”. Dos hijos que escuchan la misma orden del Padre, pero que manifiestan una reacción totalmente diferente ante él: aquel que al principio se muestra desobediente, se arrepiente, cambia y actúa según el querer del Padre, mientras que aquel que ante el Padre se había manifestado obediente, de hecho, no lo es.
“Hijo, vete hoy a trabajar en mi viña” es la orden que el Padre da a sus hijos. Vete, este verbo exige movimiento, implica una dinámica, un compromiso. Vete hoy, es un actuar ahora, inmediatamente, hoy, no mañana, porque el trabajo en la viña es urgente, ya que “los obreros son pocos” (Mt. 9, 37b). ¿Cuál es el objetivo de ese ir? “Trabajar en mi viña”, ocuparse de la propiedad del Padre, cultivar, cuidar, recoger los frutos porque lo que es del Padre, pertenece al hijo.
La respuesta del primer hijo es un “No quiero” rotundo, pero no definitivo, porque inmediatamente viene la actitud que lo cambia: “se arrepintió y se fue”, obedece a la orden del Padre, va a hacer lo que no quería, se deja transformar y por eso hay algo nuevo en su actitud.
El segundo hijo se muestra dócil, obediente, disponible al dar su respuesta: “Sì, señor”, pero todo se derrumba porque realmente no hace lo que el Padre le pide, no fue. Ya lo había dicho Jesùs: «No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.» (Mt. 7, 21). Este hijo no deja lugar al arrepentimiento, su respuesta ya implica un querer deshacerse de la necesidad que el Padre tenía de él.

Ahora Jesús quiere sacar la enseñanza de esta parábola y pregunta: «¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». La respuesta es instantánea e inmediata por la claridad de la narración: “El primero”, responden los Sumos Sacerdotes y los ancianos, seguramente sintiéndose identificados con el primer hijo.

La aplicación que hace Jesús sorprende y exaspera a sus interlocutores, ya que anuncia: «Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el reino de Dios.» El por qué de este anuncio es la gran enseñanza de la Palabra de este domingo: «Porque vino Juan, enseñando el camino de la justicia, y no le creyeron, mientras que los recaudadores de impuestos y las prostitutas le creyeron. Y ustedes, aun después de verlo, no se han arrepentido ni le han creído.» (v. 32)

CREER Y ARREPENTIRSE: es necesario creer, dar fe a la Palabra del Padre y arrepentirse, darse cuenta que se està en el camino equivocado y cambiar el rumbo para hacer en la vida la voluntad de Aquel que quiere vernos hoy trabajando en su viña. Arrepentirse haciendo vida lo que proclama el Profeta Ezequiel en la Primera Lectura de este domingo: «cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida.» (Ez. 18, 27).
La Palabra de Jesús siempre nos interpela, nos confronta, nos invita a hacer nuestros los interrogantes: «¿Qué les parece? », «¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?».