Ascensión del Señor

Ascensión del Señor

Mer, 12 Mag 21 Lectio Divina - Anno B

PASO 1: INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Ven, Dios Espíritu Santo, y envíanos desde el Cielo tu luz, para iluminarnos.
Ven ya, padre de los pobres, luz que penetra en las almas, dador de todos los dones.
Fuente de todo consuelo, amable huésped del alma, paz en las horas de duelo.
Eres pausa en el trabajo; brisa, en un clima de fuego; consuelo, en medio del llanto.
Ven, luz santificadora, y entra hasta el fondo del alma de todos los que te adoran.
Sin tu inspiración divina los hombres nada podemos y el pecado nos domina.
Lava nuestras inmundicias, fecunda nuestros desiertos y cura nuestras heridas.
Doblega nuestra soberbia, calienta nuestra frialdad, endereza nuestras sendas.
Concede a aquellos que ponen en ti su fe y su confianza tus siete sagrados dones.
Danos virtudes y méritos, danos una buena muerte y contigo el gozo eterno. 

PASO 2: LECTURA DEL TEXTO: ¿Qué dice el texto?
El secreto para producir buenas obras es permanecer unidos a Jesús, porque sin él no podemos hacer nada.

PASO 3: MEDITACION: ¿Qué me dice el texto?
Breve oración: Toma mi vida, pongo en tus manos lo que soy para que lo transformes en una ofrenda para ti. Llévame donde sea necesario que esté y pon en mi boca aquellas palabras de aliento y soporte para quien las necesite. Transforma mi vida en un modelo de misión y amor al prójimo como tú lo eres. Amén.

Lector 1: Nos encontramos en el Monte de los Olivos, en el mismo lugar donde, cuarenta días antes, Jesús era entregado por uno de sus discípulos y donde todos los demás le abandonaron. Pero las cosas han cambiado y ya no son los mismos apóstoles de antes: la Resurrección los ha cambiado. Y Jesús se da cuenta de esto, por eso, les da una nueva misión: predicar el evangelio a todos los hombres, suscitar la fe, transmitir la salvación mediante el bautismo: he aquí la misión de los apóstoles después de la Resurrección. Jesús nos llama a predicar el evangelio con un ardor de caridad que nos obligue a transmitir a los demás la verdad que hemos encontrado; nos dará la fuerza para ser tanto de palabra como de obra un ferviente testimonio del evangelio.

Lector 2: Hoy es un día de conversión. No esperemos más, convirtámonos en esos apóstoles resucitados y pidamos esa fe y ese amor que nos convierta también a nosotros en luz y fuego en medio de la oscuridad del mundo. El texto evangélico pone de relieve la misión evangelizadora de la Iglesia y de los cristianos, así como los signos de liberación que según Jesús deben acompañar la palabra.

Lector 1: Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura (v. 15). La Ascensión del Señor indica un nuevo modo de presencia del Señor Resucitado en la Iglesia y en el mundo. No se aleja de nosotros. Es su promesa: Sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el final de los tiempos (Mt 28, 20). Es el Espíritu del Resucitado que se adentra en nuestra conciencia y vive en la Iglesia y en la sociedad, con más poder que cuando vivía en cuerpo mortal en Palestina. Está más adentro de nosotros que nosotros mismos.

Lector 2: Los apóstoles son enviados como mensajeros de la presencia y acción liberadora del Resucitado. Lo importante de su misión es: pregonar la Buena Noticia a toda criatura. Es decir, anunciar (realizar) que Dios nos ama y nos salva a todos. Dios se manifiesta, en Jesús y en el Espíritu, al servicio de la felicidad del ser humano. Los apóstoles de todos los tiempos han de afirmar que Jesús vive en nuestro mundo, resucitado, glorioso y encarnado de nuevo en la historia de la humanidad, para consagrar a Dios a los humanos y convertir nuestro tiempo en historia de salvación. El Dios de Jesús es el Dios de la vida, que quiere liberarnos de las influencias del mal y comunicarnos su misma Vida de Resucitado.

Lector 1: La Ascensión señala la hora de la Iglesia. Porque la Iglesia, los cristianos, somos los misioneros llamados a trasmitir la alegre y buena Noticia del Reino de Dios en todo tiempo y en todo lugar. Una noticia de salvación, no de condenación.

Lector 2: A los que creen, les acompañarán estas señales... (v. 17). Los que aceptan el Evangelio, los que creen en Jesús irán por el mundo para distribuir los mismos dones y poderes de Jesús:
- expulsarán demonios en mi nombre: esto es, derrotarán las fuerzas del mal;
- hablarán lenguas nuevas: es decir, se identificarán con las personas de las diferentes culturas y países; utilizarán un lenguaje nuevo de salvación.
- agarrarán serpientes con sus manos: afrontarán todos los peligros.
- impondrán las manos a los enfermos y éstos sanarán: sobre todo, recibirán la salud y la salvación aquellos que, arrepentidos, se conviertan al Evangelio, por medio de la acción santificadora de los sacramentos.
Jesús trae la liberación total. En la Iglesia vive el poder de Jesús Resucitado, su Espíritu, que va desatando las cadenas del pecado e implanta la nueva Vida de Dios.

Lector 1: El Evangelio es para liberar. Para ser libres, Cristo nos ha liberado (Gal 5, 1). El Evangelio es para hacernos hijos de Dios: "Han recibido un Espíritu que los hace hijos adoptivos y nos permite clamar. Àbbá, Padre" (Rom 8, 15). El Evangelio es para darnos la vida en plenitud: "Ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza" (Rom 8, 24). "Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud" (Jn 10, 10).
Si Jesús asciende, es porque antes descendió, para redimirnos de la cautividad y llevarnos con Él a la plenitud. Capacita así a los creyentes para la tarea del ministerio y "para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta que logremos ser hombres perfectos, hasta que consigamos la madurez conforme a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 11-12).

PASO 4: ORACIÓN: ¿Qué me hace decir a Dios la meditación de este texto?

PASO 5: CONTEMPLACIÓN: ¿A qué me compromete la Palabra de Dios? En un momento de silencio realizar un propósito.
Propósito: Quiero ser un misionero en mi lugar de trabajo, de estudio, en medio de mi familia y amigos, predicando siempre con el amor de Jesús en mi vida.

PASO 6: ACCIÓN: ¿Cómo voy a poner en práctica lo aprendido? Fe en acción.
Oración final:
Un Padrenuestro.
- Un Ave maría.
- Recitar la siguiente oración:

Diálogo con Cristo:
Jesús, que eres mi Hermano y mi Salvador, libérame del peso de mis pecados, para que cada día pueda elevarme contigo hacia el gozo completo de estar contigo siempre.
Padre, que glorificas a Jesús tu Hijo, incorpora toda mi persona a la aventura de tu Hijo Jesús; para que, con Él, viva resucitado desde aquí, con toda la confianza en la Vida.
Espíritu, que animas todo anhelo bueno, que yo me deje conducir a impulsos de tu viento favorable y pueda arder en el fuego del Amor de la Trinidad.

A lo largo del día, repitamos con frecuencia: Yo te amo, Señor. Tú eres mi fortaleza (Sal 18, 2).

+ Pbro. Eduardo Antonio Maldonado Flores, sd; El Salvador, C.A