Asunción de la Virgen María

Asunción de la Virgen María

Lun, 09 Ago 21 Lectio Divina - Anno B

Ven, Espíritu Santo, ilumina nuestra mente, irrádiela con el fuego de tu Amor, para que queme toda impureza que no permite penetrar la dulzura del mensaje que nos trae la Palabra de Jesús, el Hijo amado del Padre. Sopla su aliento oh, Espíritu Divino, y manda tu Luz como un rayo para que entre en nuestros corazones y, así, amar la Palabra proclamada, meditada y contemplada. Actúa en nosotros, Espíritu Santo, para que también nuestro trabajo sea toda una oblación que agrade a Dios Padre todo Poderoso, Omnipotente. Fortalécenos, Espíritu Santo, para caminar de prisa a imitación de María que, a pesar de su estado corrió a visitar y servir a su prima Santa Isabel. Dónanos un rayo de Luz para poder exclamar como Ella: “Proclama mi alma la Grandeza del Señor”. AMEN.

INTRODUCIÓN
«La Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo» (Constitución sobre la Iglesia, n. 68).

Hoy es la fiesta del triunfo final de la Virgen, de su redención total en cuerpo y alma.  Este triunfo de María nuestra Madre se debe a su asociación de la pascua de Cristo. San Pablo proclama las consecuencias de la Pascua de Cristo sobre todos nosotros.  Es un canto triunfal a la resurrección de los cristianos.  Pero el destino glorioso de María está íntimamente ligado al destino último de la Iglesia y por ello la alegría por nuestra propia victoria.

(Qué dice el texto)
San Lucas dice que después de recibir el anuncio del ángel, María se puso en camino y se fue sin demora, o, rápidamente, de prisa a la región montañosa, llegó a la casa de Zacarías y saludó a Isabel. El texto continúa diciendo que cuando Isabel oyó el saludo de María, sucedió algo extraordinario.  La criatura que esperaba saltó de gozo.  Y ella se llenó del Espíritu Santo y exclamó en voz alta: “Dichosa tú que has creído"… (Lc 1, 45); y luego María dice: “Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador" (Lc 1, 46-53).

(Qué me dice el texto)
Reflexión

En los primeros versículos encontramos la premura de María para visitar a su prima: una mujer que no piensa en sí misma, sino en la otra persona, no interesa el sacrificio, no interesa el largo camino a recorrer, el peligro que corre en ésa montaña solitaria. Así es nuestra Madre: generosa, presurosa, atenta, dulce y humilde, inmersa en el fuego del Espíritu de Amor. 
La narración comienza cuando María recibe el anuncio del ángel Gabriel sobre su próximo embarazo, y de que su hijo será el futuro Salvador del pueblo judío. A continuación, le comunica una segunda noticia: que su pariente Isabel, anciana y además estéril, se halla ahora en su sexto mes de gestación, gracias a una intervención divina (Lucas 1, 26-38).

Como se ha mencionado, María fue a ayudar a Isabel en el parto. Quería ponerse al servicio de su pariente anciana e inexperta en cuestiones de alumbramiento, y que estaba por ser mamá primeriza a pesar de su avanzada edad. Fue un gesto caritativo y solidario de la futura madre del Mesías. En definitiva, Lucas habría narrado esta escena para mostrar la humildad y la voluntad de servicio de María.
Proclama mi alma la grandeza del Señor.  El Magníficat, himno de alabanza a Dios que Lucas pone en labios de María de Nazaret, es un canto “pascual” que agradece a Dios que sabe enaltecer a los humildes.  Como ha resucitado a Cristo de entre los muertos, así Dios protege al pueblo elegido y, también ha hecho maravillas en la Madre del Mesías. Después de oír la alabanza de su prima Isabel: "Dichosa tu que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá" María prorrumpe en el cantico que tantas voces cristianas continuan proclamando desde hace siglos y siglos. Ella si puede exclamar con todo su ser: “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí, su nombre es Santo”.

Para concluir esta reflexión he querido compartir con ustedes un pensamiento de nuestra Fundadora madre María Oliva del Cuerpo Místico. Una mujer que confió plenamente en la Virgen María y  comprendió su misión en la Historia de la salvación; y también en nuestra historia como Hijas de la Iglesia. 

“Nuestra vida apostólica se inspira en María: como Ella queremos “caminar de prisa, llevando a Cristo y alabando a Dios con todas las generaciones” (Flor de Pasión).